Cómo priorizar problemáticas en el Programa de Mejora Continua

No todo problema identificado en la escuela debe convertirse en una prioridad del Programa de Mejora Continua. Elegir qué atender requiere analizar su impacto, sus causas y, sobre todo, aquello en lo que realmente puede intervenir el colectivo.

Después de realizar la lectura de la realidad y avanzar en el diagnóstico socioeducativo suele aparecer una dificultad muy concreta:

tenemos demasiados problemas.

Ausentismo.

Dificultades de aprendizaje.

Convivencia.

Participación familiar.

Formación docente.

Infraestructura.

Rezago.

Prácticas de evaluación.

Carga administrativa.

Falta de recursos.

Y entonces surge la pregunta:

¿cuáles debemos incluir en el Programa de Mejora Continua?

La respuesta no consiste en intentar atenderlos todos.

El documento ¿Qué problemáticas identificadas podemos atender?, ¿con cuál(es) podemos empezar?, elaborado por la Secretaría de Educación Pública para el Consejo Técnico Escolar, propone detenerse precisamente en ese momento de decisión.

Porque un Programa de Mejora Continua útil no es aquel que contiene la mayor cantidad de problemáticas.

Es aquel que permite al colectivo concentrar sus esfuerzos en situaciones relevantes sobre las que realmente tiene posibilidades de intervenir.

¿Qué significa priorizar problemáticas?

Priorizar problemáticas significa analizar las situaciones identificadas en el diagnóstico socioeducativo para decidir cuáles requieren atención sostenida, afectan de manera relevante los aprendizajes o las trayectorias educativas y pueden ser atendidas mediante acciones dentro del ámbito de intervención de la escuela.

Priorizar no significa simplemente elegir aquello que parece más grave.

También implica preguntarnos:

  • ¿podemos intervenir?
  • ¿qué tan directamente afecta a nuestros estudiantes?
  • ¿requiere un proceso sostenido?
  • ¿conocemos suficientemente sus causas?
  • ¿tenemos condiciones para trabajar sobre ellas?

Estas preguntas evitan que el Programa de mejora se convierta en una acumulación de buenas intenciones.

Antes de priorizar: necesitamos haber comprendido el problema

Este artículo forma parte de un proceso más amplio.

Antes de llegar aquí, el colectivo tendría que haber avanzado en tres tareas:

leer la realidad → identificar problemáticas → problematizarlas.

Esto importa porque una frase como:

“tenemos mucho ausentismo”

todavía no nos dice qué tendríamos que hacer.

Necesitamos comprender qué entendemos por ausentismo, quiénes faltan, con qué frecuencia, por qué razones y qué consecuencias está produciendo.

Por eso, si el colectivo todavía se encuentra en esa etapa, conviene revisar primero nuestro artículo sobre Problematización de la realidad.

Problematizar permite pasar de nombrar una situación a construir una explicación más compleja sobre ella.

Primer criterio: ¿la escuela puede intervenir en esta problemática?

Una escuela está atravesada por muchas situaciones que afectan su funcionamiento.

Pero no todas se encuentran dentro de su ámbito directo de intervención.

El documento utiliza un ejemplo muy claro.

Supongamos que falta alumbrado público alrededor de la escuela.

Puede ser un problema real.

Puede generar inseguridad.

Incluso puede afectar a la comunidad escolar.

Pero la escuela no tiene atribuciones para instalar el alumbrado.

Puede:

solicitarlo,

gestionarlo,

dialogar con autoridades,

movilizar a la comunidad.

Pero resolver directamente el problema corresponde a otra instancia.

Entonces la pregunta no es solamente:

¿este problema nos afecta?

También:

¿qué parte de este problema podemos transformar desde la escuela?

No confundamos gestionar con resolver

Este criterio ayuda a establecer una distinción importante.

La escuela puede involucrarse en situaciones sobre las que no tiene control directo.

Por ejemplo:

inseguridad,

transporte,

servicios públicos,

condiciones económicas,

violencia comunitaria.

Puede establecer redes, gestionar apoyos o solicitar intervención institucional.

Pero eso no significa necesariamente que esas situaciones deban convertirse en el núcleo del Programa de Mejora Continua.

El Programa necesita concentrarse especialmente en aquello sobre lo cual la escuela puede organizar acciones propias y asumir responsabilidad sobre su implementación y seguimiento.

Segundo criterio: ¿la problemática requiere un proceso de mejora?

No todo problema necesita un Programa.

Algunas situaciones requieren simplemente acción inmediata.

El documento pone otro ejemplo útil:

una fuga de agua en los sanitarios.

Si puede repararse, no tendría sentido construir:

un objetivo,

tres metas,

cinco acciones,

indicadores,

seguimiento trimestral.

Hay que repararla.

En cambio, una dificultad como:

fortalecer la evaluación formativa en el colectivo docente

sí requiere un proceso más amplio.

Puede implicar:

  • formación;
  • análisis de prácticas;
  • acuerdos;
  • implementación;
  • acompañamiento;
  • observación;
  • seguimiento;
  • evaluación.

Por eso sí puede necesitar objetivos, metas y acciones de mediano plazo.

Una pregunta práctica

Antes de incluir algo en el Programa podemos preguntarnos:

¿esto necesita un proceso sostenido de transformación o simplemente necesita resolverse?

Parece una diferencia sencilla, pero evita llenar el Programa de tareas operativas.

Tercer criterio: ¿afecta los aprendizajes y las trayectorias educativas?

El tercer filtro es quizá el más importante.

El documento propone priorizar aquellas situaciones que inciden de manera relevante sobre:

  • los aprendizajes;
  • el desarrollo integral;
  • las trayectorias educativas;
  • la permanencia;
  • y el riesgo de abandono escolar.

Esto devuelve la mejora escolar a su sentido educativo.

Podemos tener muchos problemas organizativos.

Pero el Programa no debería convertirse en una lista general de pendientes del plantel.

Tiene que mantener una relación clara con la educación que reciben niñas, niños y adolescentes.

Las tres preguntas básicas para priorizar

Podemos sintetizar el esquema oficial de la página 2 en tres filtros:

1. ¿Podemos intervenir?

¿Está dentro del ámbito de competencia de la escuela?

2. ¿Necesita un proceso sostenido?

¿Requiere objetivos, metas y acciones a mediano o largo plazo?

3. ¿Tiene impacto educativo?

¿Afecta aprendizajes, desarrollo integral o trayectorias escolares?

La priorización constituye solamente una parte del proceso. Una vez elegida la problemática, será necesario avanzar hacia planeación, implementación, seguimiento y evaluación. Puedes revisar la ruta completa en nuestra guía del Proceso de Mejora Continua.

Priorizar no significa atender muchas problemáticas

Aquí aparece una de las recomendaciones más importantes del documento.

Las escuelas suelen intentar incorporar muchas problemáticas al Programa.

La intención es comprensible.

Todo parece importante.

Pero cuantos más problemas elegimos, más dividimos:

tiempo,

recursos,

personas,

seguimiento,

capacidad de análisis.

Y el resultado puede ser un Programa muy amplio pero difícil de implementar.

El documento incluso plantea una pregunta provocadora:

¿y si nos enfocáramos solamente en una?

No significa que todas las escuelas deban elegir obligatoriamente un solo problema.

Significa reconocer que concentrar esfuerzos puede generar transformaciones más profundas que intentar atender todo simultáneamente.

¿Qué pasaría si no atendemos esta problemática?

El texto propone otra pregunta particularmente útil para seleccionar entre varias prioridades:

¿qué ocurriría si no hacemos nada?

Podemos preguntarnos:

¿los aprendizajes seguirían deteriorándose?

¿podría aumentar el rezago?

¿se afectarían las trayectorias?

¿podrían aparecer situaciones de abandono?

¿el problema se volvería más difícil de atender?

Este ejercicio permite distinguir entre aquello que resulta importante y aquello que resulta prioritario.

Porque no todo lo importante tiene la misma urgencia o impacto.

Después de elegir la problemática viene una tarea más difícil: comprender sus causas

Aquí el documento da un giro que me parece pedagógicamente central.

Una vez seleccionada una problemática, todavía no estamos listos para escribir el objetivo.

Antes necesitamos profundizar en sus causas.

La SEP lo plantea claramente: de la comprensión de esas causas dependerán los objetivos, metas y acciones que posteriormente construya el colectivo.

Esto significa:

PROBLEMA ≠ CAUSA

Y confundirlos puede llevar a diseñar acciones que no transformen nada.

El ejemplo del ausentismo escolar

El documento utiliza el ausentismo porque permite mostrar muy bien esta complejidad.

Una escuela podría afirmar:

Problema: los estudiantes faltan mucho.

Y diseñar rápidamente una acción:

“Concientizar a las familias sobre la importancia de asistir”.

Pero todavía no sabemos si esa es realmente la causa.

Las orientaciones recuperan distintas investigaciones que muestran al ausentismo como un fenómeno multicausal en el que intervienen condiciones personales, familiares, sociales, económicas y también escolares.

Por eso primero habría que preguntar:

¿Cuántas ausencias estamos considerando problemáticas?

¿Existen patrones?

¿Quiénes faltan?

¿En qué días?

¿Con qué frecuencia?

¿Por qué razones?

¿Todas las faltas tienen el mismo significado?

¿Qué estudiantes se encuentran en mayor riesgo?

¿Qué relación existe con el desempeño y la participación escolar?

Solo entonces comenzamos a comprender el problema.

Cuidado con explicar todo desde las familias

Esta es probablemente la parte más potente del documento.

Frente al ausentismo es fácil construir explicaciones como:

“los padres no los llevan”,

“las familias no se interesan”,

“los alumnos no quieren estudiar”.

Pero el texto recupera investigaciones que advierten sobre el riesgo de interpretar el ausentismo exclusivamente desde un déficit familiar o social.

Esa mirada puede reforzar estigmas y reducir las posibilidades de construir respuestas más efectivas.

El documento señala expresamente que la propia escuela también puede participar en la producción del ausentismo, a través de sus prácticas pedagógicas, relaciones, clima escolar o experiencias educativas.

Esta afirmación merece detenernos.

La escuela también forma parte de la realidad que analiza

Esta idea conecta directamente con nuestro post sobre problematización.

Cuando analizamos una realidad escolar no estamos observando algo completamente externo.

También necesitamos preguntarnos:

¿qué hacemos nosotros que puede estar contribuyendo a esta situación?

Por ejemplo, algunos estudiantes pueden faltar porque:

  • no comprenden las actividades;
  • sienten que lo que aprenden no tiene sentido;
  • tienen conflictos con compañeros;
  • mantienen relaciones negativas con docentes;
  • experimentan aburrimiento;
  • sienten poco apoyo;
  • encuentran dificultades académicas acumuladas.

Eso no significa responsabilizar automáticamente a la escuela de todo ausentismo.

Significa evitar una explicación monocausal.

Y, sobre todo, permite encontrar algo muy importante:

las causas sobre las que sí podemos intervenir.

Del problema general a las causas que podemos transformar

Pensemos en estas cuatro posibles causas del ausentismo:

  1. Las familias tienen dificultades para llevar y recoger a sus hijos.
  2. Las familias consideran poco relevante lo que se aprende.
  3. Los estudiantes pierden interés porque no encuentran sentido en sus aprendizajes.
  4. Algunos estudiantes necesitan colaborar en actividades laborales o familiares.

No todas ofrecen las mismas posibilidades de intervención escolar.

La escuela quizá tenga pocas posibilidades de modificar directamente la situación laboral de una familia.

Pero sí puede preguntarse:

¿qué sentido están encontrando nuestros estudiantes en aquello que aprenden?

¿cómo estamos comunicando a las familias el propósito educativo?

¿qué experiencias estamos construyendo?

¿qué acompañamiento ofrecemos?

Entonces la problemática comienza a reducirse a dimensiones sobre las cuales es posible actuar.

Una problemática bien formulada no debería ser demasiado general

Aquí agregaría una traducción práctica del documento.

Comparemos:

Problemática demasiado amplia

Existe ausentismo escolar.

Problematización inicial

Se observa ausentismo recurrente en determinados estudiantes, relacionado con distintas condiciones familiares y escolares.

Problema sobre el cual la escuela puede intervenir

Parte del alumnado con inasistencia recurrente expresa poco interés y encuentra escasa relación entre las experiencias escolares y sus intereses o necesidades, mientras la escuela no cuenta con estrategias sistemáticas de reincorporación y seguimiento.

Ahora sí aparecen posibles ámbitos de intervención.

Y eso cambia por completo los objetivos que podríamos redactar después. Si quedan dudas sobre cómo redactar objetivos, metas y acciones. 

¿Por qué es tan importante analizar las causas antes de formular objetivos?

Porque nuestras acciones responden a nuestra explicación del problema.

Si pensamos que la causa es:

“las familias no valoran la escuela”

probablemente diseñaremos charlas para padres.

Si descubrimos que también existe:

“poca relevancia percibida en las experiencias escolares”

necesitaremos revisar prácticas pedagógicas.

Si encontramos:

“dificultades acumuladas después de cada ausencia”

podremos crear mecanismos de reincorporación.

Si identificamos:

“conflictos con compañeros”

la intervención cambia nuevamente.

Una problemática mal comprendida produce fácilmente acciones desconectadas.

Por eso:

la calidad del Programa de Mejora Continua depende en buena medida de la calidad de la problematización que lo antecede.

Una ruta práctica para seleccionar problemáticas

Sin convertirla en un formato obligatorio, podemos organizar la decisión colectiva mediante esta secuencia:

1. Identificar la situación

¿Qué estamos observando?

2. Comprobar su relevancia

¿Qué evidencias tenemos?

3. Analizar su impacto

¿Cómo afecta los aprendizajes o trayectorias?

4. Profundizar en las causas

¿Por qué está ocurriendo?

5. Diferenciar causas

¿Cuáles son familiares, comunitarias, estructurales, escolares o pedagógicas?

6. Reconocer capacidad de intervención

¿Sobre cuáles puede actuar la escuela?

7. Valorar la necesidad de un proceso sostenido

¿Requiere objetivos, metas y acciones?

8. Priorizar

¿Conviene concentrar nuestros esfuerzos aquí?

Solo entonces:

9. Planear

¿Qué queremos lograr y cómo sabremos si avanzamos?

Una matriz sencilla para trabajar en el CTE

Podría ser muy útil incorporar una herramienta propia dentro del post:

PreguntaAnálisis
¿Cuál es la problemática?Describirla de manera concreta
¿Cómo sabemos que existe?Evidencias disponibles
¿A quién afecta?Estudiantes, grupos o comunidad
¿Cómo afecta los aprendizajes?Impacto educativo
¿Cuáles podrían ser sus causas?Factores relacionados
¿Qué causas puede atender la escuela?Capacidad de intervención
¿Qué ocurriría si no actuamos?Nivel de prioridad
¿Requiere trabajo sostenido?Pertinencia para el PMC
¿Con cuál conviene comenzar?Decisión colectiva

No es un formato oficial.

Es una forma de traducir las preguntas centrales del documento para facilitar el análisis del colectivo.

¿Problema o síntoma?

Otra pregunta puede ayudarnos mucho:

¿estamos trabajando sobre el problema o sobre uno de sus síntomas?

Por ejemplo:

Síntoma: estudiantes no entregan actividades.

Eso podría relacionarse con:

  • dificultades de comprensión;
  • ausencias;
  • falta de recursos;
  • desmotivación;
  • organización del trabajo;
  • sobrecarga;
  • problemas socioemocionales;
  • prácticas de enseñanza.

Si diseñamos una acción únicamente para “aumentar entrega de tareas” podríamos mejorar el indicador temporalmente sin comprender qué lo producía.

Problematizar implica evitar esa reacción inmediata.

¿Y si descubrimos que no podemos resolver la causa principal?

También puede ocurrir.

Una escuela puede identificar una causa estructural que excede completamente su capacidad.

Eso no invalida el diagnóstico.

Lo importante es distinguir:

qué podemos transformar directamente,

qué podemos acompañar,

qué necesitamos gestionar,

y qué requiere intervención de otras instituciones.

Reconocer límites también forma parte de una buena planeación.

Porque un Programa basado en objetivos imposibles termina produciendo frustración y burocracia.

La priorización también protege al colectivo

Hay una dimensión que vale la pena señalar.

Elegir pocas problemáticas no solamente mejora la planeación.

También protege la capacidad de trabajo del colectivo.

Una escuela tiene tiempo, atención y recursos limitados.

Un Programa con:

siete problemáticas,

doce objetivos,

veinticinco metas,

cuarenta acciones,

puede parecer completo.

Pero puede resultar imposible de sostener.

Priorizar implica aceptar algo incómodo pero necesario:

no podemos transformar todo al mismo tiempo.

La Mejora Continua es precisamente continua porque aquello que hoy no priorizamos puede abordarse después.

Del análisis a objetivos, metas y acciones

Cuando ya tenemos:

  • una problemática relevante;
  • evidencias;
  • comprensión de sus causas;
  • claridad sobre aquello en que podemos intervenir;
  • y una decisión colectiva de priorizarla,

entonces sí estamos preparados para avanzar.

La secuencia sería:

PROBLEMÁTICA

CAUSAS

CAUSAS SOBRE LAS QUE PODEMOS INTERVENIR

OBJETIVO

META

ACCIONES

SEGUIMIENTO

Y no:

PROBLEMA → ACTIVIDADES.

Ese pequeño cambio puede marcar la diferencia entre un Programa de mejora que solo organiza tareas y uno que intenta transformar una condición educativa.

Si todavía necesitas distinguir qué situaciones corresponden al Programa Analítico y cuáles al Programa de mejora, revisa primero Cómo iniciar el Proceso de Mejora Continua: del propósito común a la elección de problemáticas.

¿Qué problemáticas identificadas podemos atender?, ¿con cuál(es) podemos empezar?

Este ecosistema educativo se mantiene gracias a la comunidad.
Si te ha servido, puedes contribuir a que continúe.

Preguntas para reflexionar en colectivo

  • ¿Cuántas problemáticas estamos intentando atender actualmente?
  • ¿Realmente podemos intervenir sobre todas?
  • ¿Cuáles afectan con mayor fuerza los aprendizajes y las trayectorias?
  • ¿Qué ocurriría si alguna de ellas no se atiende?
  • ¿Estamos confundiendo problemas urgentes con problemas que requieren un proceso sostenido?
  • ¿Qué evidencias tenemos de cada problemática?
  • ¿Conocemos sus causas o solamente las suponemos?
  • ¿Estamos responsabilizando demasiado rápido a estudiantes o familias?
  • ¿Qué relación pueden tener nuestras propias prácticas con la situación?
  • ¿Sobre qué causas podemos intervenir realmente?
  • ¿Qué problemática justificaría concentrar nuestros esfuerzos durante este ciclo?

Priorizar también significa decidir qué no vamos a atender todavía

Construir un Programa de Mejora Continua no consiste en demostrar que conocemos todos los problemas de nuestra escuela.

Consiste en tomar decisiones.

Y toda decisión implica renunciar temporalmente a otras posibilidades.

Podemos reconocer diez problemas y decidir trabajar profundamente sobre uno.

Eso no significa ignorar los otros.

Significa aceptar que una transformación sostenida requiere:

tiempo,

concentración,

seguimiento

y aprendizaje colectivo.

Pero quizá la idea más importante de este documento aparezca un poco antes.

No basta con elegir una problemática.

Tenemos que comprender qué la produce y encontrar dentro de esa complejidad aquello que la escuela puede transformar.

Porque entre:

“tenemos un problema”

y

“sabemos qué podemos hacer para modificarlo”

existe todo un proceso de reflexión.

Y ese proceso es precisamente el que permite que el Programa de Mejora Continua deje de ser un documento para entregar y se convierta en una herramienta para aprender y actuar como escuela.

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