Tema 4. Organización del tiempo y del aula multigrado
Revisa los demás temas del Itinerario para el Consejo Técnico escolar Ciclo 2026 – 2027. Además, Experiencias de Acompáñamiento Pedagógico de Supervisores
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Organizar el tiempo, los espacios y los agrupamientos en un aula multigrado es mucho más que distribuir actividades entre grados. Es construir condiciones para aprender juntos, atender la diversidad y aprovechar las posibilidades pedagógicas de la escuela.
Introducción
¿Cómo organizar una jornada escolar cuando una misma maestra o maestro atiende a estudiantes de diferentes grados? ¿Es necesario separar permanentemente las actividades? ¿Cómo distribuir el tiempo sin dejar a un grupo esperando mientras se acompaña a otro? ¿De qué manera podemos aprovechar los espacios de la escuela y la comunidad para enriquecer el aprendizaje?
Estas preguntas forman parte de la vida cotidiana de las escuelas multigrado. No siempre tienen respuestas sencillas, porque la organización del trabajo depende de las características del alumnado, los recursos disponibles, las condiciones del territorio y las responsabilidades que asume cada docente.
El documento Organización del tiempo y del aula multigrado, elaborado por Juana Elisa Carrillo Cruz para el Consejo Técnico Escolar del ciclo 2026-2027, propone reconocer las contribuciones de la organización flexible del tiempo, los espacios y los agrupamientos para favorecer el aprendizaje, la colaboración y la atención a la diversidad.
Su planteamiento invita a superar una idea profundamente instalada en la organización escolar: que cada grado debe aprender por separado, siguiendo actividades y tiempos independientes.
En este artículo recuperaremos las principales orientaciones del material oficial, pero no repetiremos sus actividades. Las ampliaremos mediante ejemplos de organización, propuestas de reflexión y herramientas que pueden ayudar a los colectivos a revisar su práctica y construir alternativas pertinentes para sus escuelas.
¿Qué significa organizar pedagógicamente un aula multigrado?
La organización pedagógica del aula multigrado es el conjunto de decisiones mediante las cuales la maestra o el maestro articula tiempos, espacios, recursos, agrupamientos y experiencias de aprendizaje para atender simultáneamente a estudiantes de diferentes edades, grados y procesos de desarrollo.
Esta organización no consiste solamente en administrar la jornada escolar. También implica reconocer qué pueden aprender juntos los estudiantes, qué actividades requieren acompañamiento directo, cuáles permiten trabajo colaborativo y qué condiciones favorecen una participación progresivamente más autónoma.
En una escuela de organización completa, la distribución por grados suele establecer una separación institucional entre grupos. En el aula multigrado, esa separación no puede reproducirse mecánicamente sin generar dificultades importantes.
Si una docente atiende primero a tercer grado mientras cuarto y quinto esperan, después trabaja con cuarto mientras los demás realizan ejercicios y finalmente dedica unos minutos a quinto, la jornada puede terminar convertida en una sucesión de tiempos fragmentados.
El problema no es que existan momentos de atención diferenciada. Son necesarios y pedagógicamente valiosos. La dificultad aparece cuando toda la enseñanza depende de atender cada grado de manera aislada, como si compartieran únicamente el espacio físico.
Organizar pedagógicamente el aula multigrado implica reconocer la diversidad sin convertirla automáticamente en separación.
La flexibilidad no significa improvisación
El documento oficial recupera una reflexión de Flavia Terigi sobre las limitaciones de considerar los grados escolares como agrupamientos homogéneos.
Esta idea ayuda a cuestionar la expectativa de que todos los estudiantes de un mismo grado deben aprender lo mismo, de la misma manera y en tiempos idénticos.
En la práctica, los procesos de aprendizaje son diversos incluso dentro de un grupo de un solo grado. En el aula multigrado, esa diversidad se vuelve más visible y exige formas de organización capaces de responder a ella.
Sin embargo, flexibilidad no significa cambiar continuamente las actividades sin un propósito claro.
Una organización flexible requiere anticipar situaciones, preparar recursos, reconocer necesidades y establecer prioridades. También necesita capacidad para modificar lo previsto cuando la experiencia muestra que el grupo requiere más tiempo, otra forma de agrupamiento o una intervención diferente.
La flexibilidad, por tanto, no sustituye la planeación. Es una de sus cualidades.
Primer eje: los espacios también enseñan
En las páginas 2 y 3, el documento oficial propone reconocer que el aula no se limita a las cuatro paredes del salón.
Retomando a Limber Santos (2011), plantea que distintos espacios pueden convertirse en escenarios de aprendizaje cuando existe una intención pedagógica que orienta su utilización.
El patio, el huerto, la biblioteca, el comedor, un camino de la comunidad o un entorno natural cercano pueden ofrecer oportunidades para investigar, observar, comparar, dialogar y construir conocimientos.
Pero no basta con trasladar una actividad fuera del salón para transformarla pedagógicamente.
La pregunta relevante es qué posibilidades de aprendizaje ofrece ese espacio y cómo se relacionan con los propósitos que buscamos desarrollar.
Del salón como contenedor al espacio como recurso pedagógico
Imaginemos una primaria multigrado en la que las mesas permanecen organizadas en filas durante toda la jornada.
Esta disposición puede resultar funcional para algunas actividades, pero también condiciona las interacciones. Puede dificultar el trabajo colaborativo, limitar el acceso a materiales y reforzar la expectativa de que toda comunicación debe pasar por la persona docente.
Ahora imaginemos que, durante una investigación sobre la alimentación en la comunidad, el aula se organiza temporalmente en pequeños grupos.
Un equipo consulta textos, otro analiza registros de entrevistas y un tercero elabora representaciones gráficas. Después, todos se reúnen para compartir hallazgos.
No se trata de afirmar que una disposición del mobiliario sea siempre mejor que otra.
La organización debe responder a lo que las y los estudiantes necesitan hacer para aprender.
Un espacio pedagógicamente flexible es aquel que puede adaptarse a diferentes formas de participación, interacción y construcción del conocimiento.
¿Qué hacer cuando el aula es pequeña o tiene pocos recursos?
Las posibilidades de reorganización no son iguales en todas las escuelas.
Algunas cuentan con mobiliario móvil, bibliotecas, patios amplios y materiales diversos. Otras trabajan en salones reducidos, con mesas pesadas, escasos recursos o condiciones que dificultan el desplazamiento.
Por ello, sería poco pertinente convertir la flexibilidad espacial en una exigencia estética o arquitectónica.
Una escuela no necesita parecerse a una fotografía de innovación educativa para construir mejores oportunidades de aprendizaje.
Puede comenzar por identificar qué recursos existen, cómo se utilizan y qué pequeños ajustes permitirían aprovecharlos de otra manera.
A veces será posible mover las mesas. En otras ocasiones bastará con reorganizar los materiales, habilitar una superficie de consulta o establecer momentos de trabajo en distintos espacios de la escuela.
También es importante considerar accesibilidad, seguridad, condiciones climáticas y necesidades de apoyo. Un espacio flexible debe ampliar la participación, no generar nuevas barreras.
Actividad complementaria 1. El mapa pedagógico de nuestra escuela
Propósito: reconocer espacios disponibles y analizar qué experiencias de aprendizaje podrían desarrollarse en ellos.
El colectivo puede elaborar un croquis sencillo de la escuela y sus alrededores. No se trata de realizar un plano arquitectónico, sino de identificar lugares que actualmente se utilizan para aprender y otros cuyo potencial todavía no se ha explorado.
Después, pueden completar una matriz como la siguiente:
| Espacio | ¿Cómo se utiliza actualmente? | ¿Qué posibilidades pedagógicas ofrece? | ¿Qué condiciones necesitamos? |
|---|---|---|---|
| Salón de clases | Trabajo individual y explicaciones grupales. | Agrupamientos flexibles, consulta de materiales y diálogo. | Reorganizar recursos y acordar formas de uso. |
| Patio | Recreo y actividades físicas. | Medición, observación, juegos matemáticos y expresión corporal. | Delimitar zonas y considerar condiciones de seguridad. |
| Huerto o jardín | Cuidado de plantas. | Investigación, registro de cambios y análisis del entorno. | Materiales de observación y acuerdos de cuidado. |
| Biblioteca o rincón de lectura | Consulta ocasional. | Investigación autónoma y lectura colaborativa. | Organización accesible de textos y criterios de uso. |
| Espacios comunitarios | Visitas poco frecuentes. | Recuperación de saberes locales e investigación situada. | Acuerdos, acompañamiento y condiciones de seguridad. |
Esta propuesta complementaria busca ampliar la reflexión del documento oficial. Su propósito no es utilizar todos los espacios disponibles, sino reconocer cuáles pueden contribuir realmente a los aprendizajes.
Segundo eje: organizar el tiempo para que todos puedan aprender
Uno de los mayores desafíos del aula multigrado es que las actividades no siempre comienzan ni terminan al mismo tiempo.
Mientras algunos estudiantes necesitan acompañamiento directo, otros pueden continuar una investigación, revisar una producción o colaborar con sus compañeros.
El documento oficial señala que, cuando se diversifican las actividades mediante agrupamientos flexibles, los tiempos de trabajo pueden superponerse.
Esta característica exige una planeación capaz de anticipar diferentes ritmos sin convertirlos en una dificultad que deba eliminarse.
El problema de los tiempos de espera
Pensemos en una situación habitual.
La maestra explica una actividad a un grupo mientras los demás estudiantes esperan instrucciones. Cuando termina, se dirige a otro grupo. Algunos de los primeros estudiantes concluyen rápidamente y vuelven a esperar.
A lo largo de la jornada, estos intervalos pueden acumularse.
No todos los momentos de espera son negativos. La pausa, la observación y el tiempo para pensar también forman parte del aprendizaje.
El problema aparece cuando la espera se convierte en una condición recurrente para poder continuar trabajando.
Por eso, una pregunta importante no es solamente cuánto tiempo dedica la persona docente a cada grado, sino qué oportunidades de aprendizaje tienen los estudiantes durante los momentos en que no reciben atención directa.
Tres tipos de tiempo que conviene reconocer
Como herramienta de análisis, podemos distinguir tres formas de organización temporal. Esta clasificación es una propuesta de ProfJavierH, no una tipología establecida por el documento oficial.
Tiempo compartido. Es aquel en el que todo el grupo participa en una experiencia común: una conversación, la presentación de un problema, una lectura, una investigación colectiva o la socialización de hallazgos.
Tiempo de trabajo diferenciado. Permite que estudiantes o equipos desarrollen actividades con distintos niveles de complejidad, recursos o apoyos, aunque se relacionen con un propósito compartido.
Tiempo de acompañamiento focalizado. Corresponde a momentos en los que la persona docente trabaja directamente con estudiantes que necesitan una explicación, una retroalimentación o una intervención particular.
Estas formas de tiempo no necesitan organizarse como bloques completamente separados.
Pueden alternarse y superponerse durante una misma experiencia de aprendizaje.
Ejemplo complementario: una jornada organizada alrededor de una situación común
Imaginemos una primaria multigrado que desarrolla un proyecto sobre el uso del agua en la comunidad.
La docente inicia con una conversación grupal para recuperar experiencias y formular preguntas. Después, organiza actividades diferenciadas según los procesos de aprendizaje de las y los estudiantes.
Mientras acompaña directamente a quienes necesitan apoyo para registrar observaciones, otros equipos consultan información, elaboran representaciones o analizan datos.
Finalmente, el grupo vuelve a reunirse para compartir avances.
| Momento | Organización del grupo | Intención pedagógica |
|---|---|---|
| Apertura compartida | Todo el grupo. | Recuperar saberes, plantear preguntas y establecer un propósito común. |
| Exploración diferenciada | Equipos con actividades y apoyos distintos. | Investigar una misma situación mediante niveles de complejidad pertinentes. |
| Acompañamiento focalizado | Docente con estudiantes que requieren apoyo específico. | Atender dificultades y profundizar aprendizajes. |
| Trabajo colaborativo | Equipos flexibles. | Contrastar información y construir explicaciones. |
| Cierre compartido | Todo el grupo. | Comunicar hallazgos, revisar avances y decidir cómo continuar. |
El ejemplo no establece horarios ni duraciones obligatorias.
Cada escuela puede decidir cuánto tiempo necesita cada momento, si conviene desarrollarlo en una jornada o distribuirlo a lo largo de varios días.
Lo importante es que la organización temporal responda a los procesos de aprendizaje y no solamente a la necesidad de cumplir una secuencia de actividades.
¿Cómo organizar el tiempo sin saturar la planeación?
La flexibilidad no debería traducirse en preparar una planeación completamente distinta para cada grado, cada estudiante y cada momento de la jornada.
En el trabajo multigrado, una alternativa consiste en identificar situaciones o temas comunes que permitan articular Contenidos y Procesos de Desarrollo de Aprendizaje, y después diversificar las actividades según las necesidades del grupo.
Esto no elimina las diferencias curriculares.
Permite reconocer que estudiantes de distintas fases pueden aproximarse a una misma situación mediante preguntas, recursos, representaciones y niveles de complejidad diferentes.
Por ejemplo, ante una investigación sobre los cambios en el entorno, algunos estudiantes pueden describir observaciones mediante dibujos y explicaciones orales. Otros pueden elaborar registros, comparar información o construir argumentos más complejos.
La situación común favorece el encuentro. La diferenciación permite atender los procesos de aprendizaje.
Actividad complementaria 2. Detectar los tiempos que se pierden
Propósito: analizar la jornada escolar para reconocer momentos de espera, interrupción o fragmentación.
Durante algunos días, la persona docente puede realizar un registro breve de situaciones que afectan la continuidad del aprendizaje.
No necesita cronometrar cada actividad ni producir un informe extenso.
Puede identificar cuándo aparecen tiempos de espera, qué los provoca y qué ajustes podrían reducirlos.
| Situación observada | Posible causa | Ajuste que podríamos explorar |
|---|---|---|
| Un equipo termina y espera instrucciones. | No conoce alternativas para continuar. | Construir actividades de continuidad con propósitos claros. |
| La docente repite la misma consigna varias veces. | La información no permanece accesible. | Utilizar apoyos visuales, escritos u orales según las necesidades. |
| El alumnado interrumpe constantemente para solicitar materiales. | Los recursos no están organizados o disponibles. | Establecer acuerdos de acceso y cuidado. |
| Un grupo no puede avanzar sin intervención directa. | La actividad requiere apoyos que no se anticiparon. | Revisar la complejidad y preparar recursos de acompañamiento. |
| Una tarea administrativa interrumpe una actividad importante. | Coinciden responsabilidades de gestión y enseñanza. | Analizar posibilidades institucionales de reorganización. |
La finalidad no es medir la productividad del alumnado ni responsabilizar a la persona docente por cada interrupción.
Se busca reconocer condiciones organizativas que pueden transformarse para proteger el tiempo de aprendizaje.
Tercer eje: agrupamientos flexibles para aprender con otros
En las aulas multigrado, los agrupamientos suelen organizarse por grado escolar.
Esta decisión puede ser pertinente cuando los propósitos de aprendizaje requieren una atención específica. Sin embargo, no tendría que convertirse en la única forma posible de organizar al alumnado.
La página 4 del documento oficial propone considerar criterios diversos, como habilidades, dominio de la lengua, intereses comunes y necesidades de aprendizaje.
También advierte que debemos evitar jerarquías asociadas exclusivamente con la edad o el grado escolar.
Una niña de menor edad puede contar con conocimientos que permitan apoyar a compañeros mayores. Del mismo modo, un estudiante que suele destacar en determinadas actividades puede necesitar acompañamiento en otras.
Esta perspectiva ayuda a reconocer que las capacidades no se distribuyen de manera uniforme entre las personas.
¿Qué es un agrupamiento flexible?
Un agrupamiento flexible es una forma de organizar temporalmente a las y los estudiantes según el propósito de una actividad, sus intereses, conocimientos, necesidades de apoyo o posibilidades de colaboración, sin mantenerlos permanentemente en equipos definidos por el grado escolar.
Su característica principal es que puede modificarse cuando cambian los propósitos y las condiciones del aprendizaje.
No significa reorganizar los equipos constantemente ni reunir estudiantes diferentes sin considerar sus necesidades.
Implica reconocer que una misma persona puede participar en distintos agrupamientos y desempeñar diferentes responsabilidades.
Cuatro formas de agrupamiento que podemos combinar
| Forma de agrupamiento | ¿Cuándo puede resultar pertinente? | Aspecto que conviene cuidar |
|---|---|---|
| Grupo completo | Presentar problemas comunes, dialogar y socializar aprendizajes. | Ofrecer diferentes formas de participación. |
| Equipos heterogéneos | Investigar, colaborar y contrastar perspectivas. | Evitar que una sola persona concentre las decisiones. |
| Equipos con necesidades de apoyo semejantes | Desarrollar intervenciones focalizadas. | Evitar etiquetas y agrupamientos permanentes. |
| Parejas o tutorías temporales | Explicar procedimientos, revisar producciones y solicitar ayuda. | Promover reciprocidad y no sustituir la intervención docente. |
Estas formas pueden convivir durante una misma jornada.
El criterio para elegirlas debería ser pedagógico: qué queremos que aprendan las y los estudiantes y qué interacciones pueden favorecer ese aprendizaje.
El riesgo de convertir a los mayores en auxiliares permanentes
En ocasiones, el trabajo multigrado se organiza asignando a estudiantes mayores la responsabilidad de ayudar continuamente a los más pequeños.
La colaboración entre edades puede ser muy valiosa, pero conviene evitar que se convierta en una jerarquía fija.
No todos los estudiantes mayores dominan los mismos contenidos, ni todos los menores necesitan recibir ayuda de manera permanente.
Además, quienes acompañan también tienen derecho a desarrollar sus propios aprendizajes.
La tutoría entre pares funciona mejor cuando las responsabilidades son pertinentes, temporales y recíprocas.
El propósito es construir una comunidad de aprendizaje, no trasladar al alumnado obligaciones que corresponden a la persona docente.
[INTERLINKING: Tutoría entre pares en aulas multigrado: cómo promover ayuda mutua sin sustituir al docente]
La relación entre organización del aula y autonomía estudiantil
El documento oficial establece una relación directa entre la organización de espacios, tiempos y recursos y las oportunidades para desarrollar autonomía.
Cuando las niñas y los niños conocen las rutinas, tienen acceso a materiales y comprenden las consignas, pueden participar con mayor iniciativa en sus actividades.
Esto no significa que dejen de necesitar acompañamiento.
Significa que la intervención docente puede concentrarse en explicar, preguntar, observar, retroalimentar y atender necesidades específicas, en lugar de resolver permanentemente decisiones organizativas.
Por ejemplo, si un estudiante sabe dónde encontrar los materiales para continuar una investigación, no necesita solicitar autorización cada vez que requiere consultarlos.
Pero esa posibilidad no surge espontáneamente.
La persona docente necesita enseñar cómo utilizar los recursos, construir acuerdos y acompañar el desarrollo progresivo de responsabilidades.
Esta relación permite conectar el tema con el artículo anterior del itinerario: [INTERLINKING: Autonomía en el aula multigrado: estrategias para aprender, decidir y colaborar].
Ambos temas son complementarios. La autonomía necesita condiciones organizativas, y una organización flexible adquiere mayor sentido cuando favorece la participación y la toma de decisiones del alumnado.
El Programa Analítico y la organización curricular multigrado
En las páginas 5 y 6, el documento oficial vincula la organización del aula con el codiseño del Programa Analítico y la planeación didáctica.
Esta relación es especialmente importante porque permite evitar que la organización del tiempo y los espacios se reduzca a una cuestión logística.
El Programa Analítico se construye colectivamente a partir de la lectura de la realidad, la contextualización de los Contenidos y los procesos de codiseño pertinentes.
En las escuelas multigrado, estas decisiones pueden orientar la identificación de situaciones comunes que permitan articular aprendizajes de diferentes fases y grados.
La planeación didáctica, por su parte, permite concretar esas decisiones en experiencias de enseñanza.
De los contenidos separados a las situaciones comunes
Imaginemos que el colectivo identifica una problemática relacionada con los residuos que se generan en la escuela y sus alrededores.
Esta situación puede ofrecer posibilidades para abordar distintos Contenidos y Procesos de Desarrollo de Aprendizaje.
Algunos estudiantes pueden observar, clasificar y describir materiales. Otros pueden registrar cantidades, analizar información, investigar prácticas comunitarias o elaborar propuestas para mejorar el entorno.
La situación es compartida, pero las actividades no tienen que ser idénticas.
El reto consiste en identificar relaciones curriculares pertinentes y evitar conexiones artificiales.
No todos los Contenidos necesitan incorporarse a un mismo proyecto. Tampoco todas las actividades deben desarrollarse de manera integrada.
La integración curricular requiere decisiones argumentadas, no la obligación de vincular todo con todo.
Actividad complementaria 3. Una situación común, diferentes formas de aprender
Propósito: explorar posibilidades de organización curricular y didáctica a partir del Programa Analítico.
El colectivo puede seleccionar una situación de su contexto que ya forme parte del Programa Analítico y analizar cómo podría abordarse con estudiantes de diferentes grados.
| Pregunta de planeación | Orientación para el análisis |
|---|---|
| ¿Qué situación de la realidad queremos comprender? | Recuperar una problemática o interés significativo del contexto. |
| ¿Qué Contenidos y PDA se relacionan pertinentemente? | Revisar los Programas Sintéticos y el Programa Analítico. |
| ¿Qué pueden explorar juntos los estudiantes? | Identificar preguntas, experiencias o recursos comunes. |
| ¿Qué actividades requieren diferenciación? | Considerar procesos de aprendizaje, apoyos y niveles de complejidad. |
| ¿Cómo organizaremos los tiempos y agrupamientos? | Combinar momentos compartidos, trabajo diferenciado y acompañamiento focalizado. |
| ¿Cómo reconoceremos los aprendizajes? | Prever evidencias, conversaciones y formas de evaluación formativa. |
Esta matriz es una propuesta complementaria de ProfJavierH. No sustituye los procesos de contextualización y codiseño ni constituye un formato oficial de planeación.
Para ampliar esta reflexión pueden consultarse Problematización de la realidad y [INTERLINKING: Cómo planear con tema común y actividades diferenciadas en escuelas multigrado].
El desafío de la doble función: enseñar y dirigir una escuela multigrado
Uno de los aportes más significativos del documento aparece en la página 6, donde Juana Elisa Carrillo Cruz comparte su experiencia como directora comisionada y docente de una escuela multigrado.
Su reflexión permite reconocer que la organización del tiempo no depende exclusivamente de las decisiones que se toman dentro del aula.
En muchas escuelas, la persona docente también necesita atender responsabilidades relacionadas con la dirección, la comunicación institucional, la gestión de recursos y distintos procesos administrativos.
Estas tareas forman parte del funcionamiento escolar, pero pueden entrar en tensión con el tiempo disponible para acompañar los aprendizajes.
El problema no debería interpretarse únicamente como una dificultad individual para administrar mejor la jornada.
También expresa condiciones estructurales de organización y distribución del trabajo escolar.
Cuando la gestión desplaza el tiempo pedagógico
Imaginemos una escuela unitaria donde la docente necesita interrumpir una actividad para atender una solicitud administrativa urgente.
Después debe recuperar la atención del grupo, reorganizar las actividades y acompañar a quienes encontraron dificultades durante la interrupción.
La tarea administrativa puede haber ocupado pocos minutos, pero sus efectos sobre la continuidad del aprendizaje pueden ser mayores.
Por eso, la reflexión del documento invita a considerar el cuidado del tiempo pedagógico como una responsabilidad institucional y ética.
No se trata de afirmar que la gestión escolar carezca de importancia.
La cuestión es cómo organizarla para que contribuya al funcionamiento de la escuela sin desplazar sistemáticamente la enseñanza.
La autonomía profesional también necesita condiciones institucionales
El material oficial relaciona este desafío con el ejercicio de la autonomía profesional.
Una directora comisionada necesita tomar decisiones, establecer prioridades y buscar alternativas pertinentes para su contexto.
Sin embargo, la autonomía profesional no elimina las obligaciones institucionales ni resuelve por sí sola la falta de personal o la sobrecarga administrativa.
Por ello, las alternativas deben analizarse considerando las responsabilidades de cada figura educativa y las posibilidades reales de reorganización.
Una escuela puede mejorar algunos procesos internos, pero también puede necesitar acompañamiento de la supervisión o acuerdos institucionales que reduzcan duplicidades y protejan el trabajo pedagógico.
Este punto conecta con una discusión más amplia sobre el acompañamiento a quienes ejercen funciones directivas en condiciones complejas.
[INTERLINKING: ¿Quién acompaña a quienes acompañan? Aprendizaje profesional de directivos y supervisores]
El tendedero de soluciones: de las dificultades individuales a los acuerdos colectivos
En la página 7, el documento oficial presenta la actividad «Tendedero de soluciones».
La propuesta invita a que cada docente identifique una tarea administrativa que consume una cantidad importante de tiempo y plantee una alternativa para disminuir su impacto sobre la enseñanza.
Posteriormente, las propuestas se revisan colectivamente para seleccionar aquellas que puedan convertirse en acuerdos viables.
La actividad tiene una virtud importante: permite pasar de la queja individual al análisis compartido de las condiciones de trabajo.
Sin embargo, conviene cuidar que el ejercicio no termine responsabilizando a cada docente de resolver problemas que requieren decisiones institucionales.
Actividad complementaria 4. Analizar el impacto pedagógico de las tareas administrativas
Propósito: ampliar el tendedero oficial mediante criterios que ayuden a distinguir alternativas escolares e institucionales.
Después de identificar las tareas administrativas, el colectivo puede analizarlas con la siguiente matriz:
| Tarea o situación | ¿Cómo afecta el trabajo pedagógico? | ¿Qué podemos ajustar en la escuela? | ¿Qué requiere apoyo institucional? |
|---|---|---|---|
| Solicitudes de información repetidas. | Interrumpen actividades y duplican registros. | Organizar información disponible y evitar duplicidades internas. | Revisar requerimientos y canales de solicitud. |
| Reuniones o gestiones durante la jornada. | Reducen el tiempo de acompañamiento al grupo. | Anticipar materiales y organizar momentos de atención. | Coordinar horarios y prioridades cuando sea posible. |
| Revisión frecuente de documentos. | Fragmenta la planeación y la enseñanza. | Establecer momentos específicos de revisión. | Acordar criterios y plazos razonables. |
| Atención simultánea de asuntos directivos. | Exige cambiar constantemente entre funciones. | Identificar prioridades y protocolos de atención. | Solicitar acompañamiento de la supervisión y apoyos disponibles. |
El objetivo no es eliminar tareas indispensables ni incumplir obligaciones.
Se trata de analizar qué procesos pueden organizarse mejor, cuáles generan duplicidades y qué responsabilidades necesitan abordarse con otras figuras del sistema educativo.
Una pregunta que no deberíamos perder
Después de revisar las propuestas, el colectivo puede preguntarse:
¿Cuánto del tiempo que buscamos recuperar depende de nuestras decisiones y cuánto depende de condiciones institucionales que necesitamos transformar colectivamente?
La distinción es importante porque evita convertir un problema estructural en una exigencia individual de eficiencia.
Orientaciones para abordar este tema en el Consejo Técnico Escolar
El documento oficial ofrece preguntas de reflexión, una vinculación con el Programa Analítico y la actividad del tendedero de soluciones.
Cada colectivo puede recuperar estos elementos según sus necesidades y el tiempo disponible.
Como complemento, proponemos organizar la conversación alrededor de tres decisiones.
Primera decisión: identificar qué organización tenemos
Antes de proponer cambios, conviene reconocer cómo funcionan actualmente los tiempos, espacios y agrupamientos.
Podemos recuperar una jornada habitual, analizar la disposición del aula y reconocer los momentos en que el alumnado trabaja junto, por equipos o con acompañamiento directo.
No se trata de producir una descripción idealizada.
El análisis será más útil si incluye dificultades, interrupciones y soluciones que las personas docentes ya han construido a partir de su experiencia.
Segunda decisión: reconocer qué oportunidades de aprendizaje queremos ampliar
Una vez identificada la organización actual, el colectivo puede seleccionar una necesidad concreta.
Tal vez sea necesario reducir tiempos de espera, mejorar el acceso a materiales, ampliar la colaboración entre grados o proteger momentos de enseñanza que suelen interrumpirse.
Es preferible construir una transformación viable que intentar modificar toda la organización escolar al mismo tiempo.
La elección debe responder a las características del alumnado y a las condiciones de la escuela.
Tercera decisión: acordar cómo observar los cambios
Los acuerdos pedagógicos necesitan seguimiento.
Si se reorganiza el aula para favorecer la colaboración, conviene observar si más estudiantes participan o si algunas personas continúan concentrando las decisiones.
Si se introducen actividades de continuidad, podemos analizar si disminuyen las esperas y si las propuestas mantienen un propósito de aprendizaje.
Si se reorganizan tareas administrativas, será importante reconocer si el cambio realmente protege el tiempo pedagógico.
La revisión puede realizarse mediante registros breves, conversaciones docentes o evidencias del trabajo cotidiano.
No necesitamos convertir cada ajuste en un procedimiento burocrático adicional.
Este ecosistema educativo se mantiene gracias a la comunidad.
Si te ha servido, puedes contribuir a que continúe.
Preguntas para continuar la reflexión
¿Qué aspectos de nuestra organización escolar responden a necesidades pedagógicas y cuáles conservamos simplemente por costumbre?
¿En qué momentos tratamos los grados escolares como grupos completamente separados, aunque existan posibilidades de aprender juntos?
¿Qué espacios de la escuela y la comunidad podrían enriquecer las experiencias de aprendizaje?
¿Qué estudiantes tienen mayores oportunidades de utilizar materiales, desplazarse, colaborar y tomar decisiones?
¿Cómo identificamos los tiempos de espera que afectan la continuidad del aprendizaje?
¿Qué criterios utilizamos para formar equipos y cómo evitamos que se conviertan en agrupamientos permanentes?
¿De qué manera el Programa Analítico puede ayudarnos a organizar experiencias comunes sin perder la atención a los distintos procesos de aprendizaje?
¿Qué responsabilidades administrativas afectan con mayor frecuencia el tiempo de enseñanza?
¿Cuáles de esas dificultades podemos atender mediante acuerdos escolares y cuáles requieren decisiones institucionales?
¿Cómo podemos reconocer si una nueva organización realmente amplía las oportunidades de aprendizaje?
Reflexión final: organizar el aula también es decidir qué escuela construimos
La organización del aula multigrado suele describirse como un desafío técnico: distribuir horarios, coordinar actividades, atender grados diferentes y aprovechar recursos limitados.
Todo eso forma parte del trabajo docente, pero no agota su sentido.
Detrás de cada decisión organizativa existe una concepción sobre cómo aprenden las personas, quiénes pueden colaborar, qué conocimientos merecen compartirse y cómo se distribuyen las oportunidades de participación.
Separar permanentemente a los estudiantes por grado puede parecer una respuesta natural a la diversidad. Sin embargo, también puede impedir que reconozcamos las posibilidades de aprendizaje que surgen cuando niñas y niños de diferentes edades dialogan, investigan y construyen explicaciones juntos.
Del mismo modo, flexibilizar la organización no garantiza por sí solo mejores aprendizajes.
Necesitamos preguntarnos para qué modificamos los espacios, cómo utilizamos el tiempo y qué relaciones pedagógicas estamos construyendo.
La experiencia multigrado muestra que la diversidad no tiene que entenderse únicamente como una dificultad que debe administrarse.
También puede convertirse en un punto de partida para imaginar otras formas de organizar la enseñanza.
Pero esa posibilidad requiere reconocer las condiciones materiales e institucionales en las que trabajan las escuelas.
No sería justo pedir flexibilidad, creatividad y autonomía profesional sin considerar la sobrecarga administrativa, la disponibilidad de recursos o las responsabilidades adicionales que asumen muchas personas docentes.
Pensar la organización del aula multigrado exige, por tanto, mirar simultáneamente la práctica pedagógica y las estructuras que la condicionan.
Quizá la pregunta más importante no sea cómo conseguir que todos los grados trabajen al mismo tiempo, sino cómo construir una organización en la que cada estudiante encuentre oportunidades reales para aprender, participar y colaborar, sin que la diversidad se convierta en una razón para limitar sus posibilidades.
Fuentes y materiales de referencia
Carrillo Cruz, J. E. (2026). Organización del tiempo y del aula multigrado. Secretaría de Educación Pública. Consejo Técnico Escolar, ciclo escolar 2026-2027. Documento oficial base de este artículo.
Antúnez, S. (2004). Organización escolar y acción directiva. Secretaría de Educación Pública.
Bustos Jiménez, A. (2013). El espacio y el tiempo en la escuela rural: Algunas consideraciones sobre la didáctica multigrado. Investigación en la Escuela, 79, 31-41.
Castro Romero, F. I., y Rodríguez Hernández, B. A. (2025). Estrategias didácticas en el aula multigrado: Un estado del arte. Revista Iberoamericana de Educación Rural, 3(5), 45-57.
Malaguzzi, L. (2001). La educación infantil en Reggio Emilia. Octaedro.
Mercado Maldonado, R., y Luna Elizarrarás, M. E. (2013). Saber enseñar: Un trabajo de maestros. Análisis de la docencia en el aula y propuestas para mejorarla. Ediciones SM.
Santos, L. (2011). Espacios, tiempos y recursos en el aula multigrado. Quehacer Educativo, 105, 74-81.
Secretaría de Educación Pública. (2025). Plan de Estudio para la Educación Preescolar, Primaria y Secundaria 2022 (2.ª ed.).
Secretaría de Educación Pública. Materiales oficiales del Consejo Técnico Escolar.







