Yves Citton y la ecología de la atención: qué significa para la educación

Solemos pensar la atención como una capacidad individual: alguien presta atención o se distrae. Yves Citton propone ampliar la mirada. Nuestra atención también se forma dentro de ambientes, relaciones y dispositivos que hacen que ciertas cosas aparezcan como importantes mientras otras permanecen fuera de nuestra mirada.

¿La atención está solamente dentro de nuestra cabeza?

En el aula conocemos bien algunas frases: “pon atención”, “concéntrate”, “deja de distraerte”, “mira hacia acá”. Todas parten de una intuición bastante razonable: la atención parece pertenecer a la persona. El estudiante tiene atención y, de alguna manera, decide colocarla sobre la explicación, el libro, la actividad, el compañero de al lado o la pantalla de su teléfono.

Desde esta perspectiva, cuando aparece un problema de atención buscamos normalmente la explicación dentro del individuo. Quizá necesita mayor disciplina, motivación o autocontrol. Tal vez el contenido no le interesa. Quizá está cansado o existen demasiados estímulos a su alrededor. Muchas de estas explicaciones pueden ser pertinentes, pero comparten una tendencia: colocan al individuo en el centro del problema.

Yves Citton propone modificar la escala desde la que observamos.

¿Qué ocurre si la atención no depende únicamente de nuestra voluntad individual, sino también de los ambientes en los que vivimos?

La pregunta parece pequeña, pero modifica profundamente el problema. Ya no necesitamos observar solamente al estudiante que se distrae. Podemos comenzar a mirar el ecosistema dentro del cual algunas cosas consiguen llamar su atención, otras logran sostenerla y muchas otras permanecen prácticamente invisibles.

¿Quién es Yves Citton y qué problema intenta comprender?

Yves Citton es un teórico de la literatura y los medios que ha trabajado sobre cultura, atención, mediaciones y formas contemporáneas de experiencia colectiva. En Pour une écologie de l’attention, publicado originalmente en francés en 2014, propone comprender la atención desde una perspectiva ecológica.

El punto de partida dialoga inevitablemente con la economía de la atención. Herbert Simon había observado décadas antes que una abundancia de información produce escasez de aquello que esa información consume: nuestra atención. Esta formulación permite entender por qué, cuando disponemos de más información de la que podemos procesar, necesitamos seleccionar aquello a lo que dedicaremos nuestros recursos cognitivos.

Pero Citton considera que pensar la atención únicamente como un recurso escaso que los individuos deben administrar resulta insuficiente. Si nos quedamos solamente con esa imagen, podemos terminar imaginando a cada persona como una especie de administradora de una pequeña reserva personal de atención: tenemos cierta cantidad disponible y necesitamos aprender a distribuirla eficientemente.

La perspectiva ecológica permite hacer otra pregunta.

¿Qué ambientes producen determinadas formas de atención?

¿Qué es la ecología de la atención según Yves Citton?

La ecología de la atención propone comprender la atención no solamente como una capacidad individual, sino como un fenómeno que se configura dentro de relaciones sociales, medios, tecnologías, instituciones y ambientes culturales que orientan colectivamente aquello que percibimos como relevante.

Podemos expresarlo de manera más directa:

La ecología de la atención estudia cómo los ambientes sociales, culturales, tecnológicos y mediáticos participan en la formación y orientación de nuestra atención, haciendo que ciertas cosas resulten visibles, relevantes o dignas de interés mientras otras quedan relegadas.

Esta perspectiva no niega que exista una dimensión individual de la atención. Evidentemente podemos tomar decisiones, desarrollar hábitos y realizar esfuerzos para concentrarnos.

Lo que cuestiona es que podamos comprenderla completamente si observamos solamente al individuo.

Nuestra atención siempre ocurre en algún lugar.

Dentro de un aula.

Frente a una pantalla.

Durante una conversación.

En una ciudad.

Dentro de una plataforma.

En una comunidad.

En cada uno de esos espacios existen formas particulares de organizar aquello que puede aparecer frente a nosotros y aquello que probablemente ignoraremos.

De la economía a la ecología de la atención

La palabra ecología es fundamental para comprender el desplazamiento que propone Citton.

Cuando pensamos ecológicamente no observamos solamente organismos aislados. Intentamos comprender relaciones, ambientes, interdependencias, transformaciones y condiciones que hacen posible determinadas formas de vida.

Algo parecido ocurre con la atención.

Una perspectiva estrictamente económica puede preguntarse cómo distribuir eficientemente un recurso escaso. Tenemos una cantidad limitada de atención y debemos decidir dónde invertirla.

Una perspectiva ecológica pregunta además qué condiciones producen determinadas formas de atender.

La diferencia puede observarse fácilmente en educación. Si un estudiante se distrae constantemente durante una actividad, podemos preguntarnos cómo conseguir que controle mejor su atención. Esa pregunta puede ser legítima.

Pero podemos agregar otras.

¿Cómo está organizado el espacio?

¿Qué hacen los demás estudiantes?

¿Qué estímulos existen?

¿Qué espera la institución?

¿Qué dispositivos están presentes?

¿Qué considera importante el grupo?

¿Qué reconoce el docente?

¿Qué contenidos aparecen como valiosos?

¿Qué posibilidades existen para observar, conversar, detenerse o explorar?

El estudiante sigue siendo importante, pero deja de ser la única unidad de análisis.

La atención individual existe dentro de una atención colectiva

Uno de los desplazamientos más interesantes en Citton consiste precisamente en distinguir diferentes escalas de atención.

Existe una dimensión individual. Podemos concentrarnos, seleccionar determinados estímulos y dirigir nuestra actividad hacia ciertos objetos.

Pero también existe una dimensión colectiva. Las personas prestamos atención junto con otras personas. Una conversación, una clase, una ceremonia, una manifestación, un concierto o incluso una tendencia en redes sociales pueden producir formas compartidas de atención.

Pensemos en algo sencillo dentro del aula.

El profesor está explicando un concepto cuando un estudiante observa algo por la ventana. Otro estudiante nota su reacción y también voltea. Después lo hace un tercero. En pocos segundos, aquello que inicialmente captó la atención de una sola persona comienza a reorganizar la atención del grupo.

La atención circuló.

Este ejemplo cotidiano permite observar que nuestra atención no depende exclusivamente de estímulos externos ni de decisiones internas. También miramos aquello que otras personas miran. Nos interesamos por aquello que parece interesar a quienes nos rodean. Aprendemos socialmente qué merece atención.

La escuela lleva siglos trabajando con esta dimensión colectiva, aunque no siempre la nombremos de esa manera.

El aula también es una arquitectura de atención

Desde esta perspectiva podemos mirar el salón de clases de otra manera.

La disposición tradicional de un aula ya contiene una determinada organización de la atención: estudiantes orientados hacia un frente, un pizarrón situado en una posición privilegiada, una persona que puede tomar la palabra y mecanismos para regular cuándo los demás deben escuchar.

Nada de esto es necesariamente negativo. El punto es reconocer que el espacio organiza la mirada.

Cambiar la disposición de las mesas modifica parcialmente esa organización. Trabajar en círculo, colocar estudiantes en equipos, salir al patio, utilizar una pantalla o realizar una actividad en movimiento genera otras posibilidades de interacción y, con ellas, otras formas de distribución de la atención.

Lo mismo ocurre con el tiempo. Una explicación de cincuenta minutos, una conversación de diez, una investigación durante varias semanas o una actividad dividida en pequeños segmentos no demandan exactamente la misma ecología atencional.

Pensar el aula como una arquitectura de atención significa reconocer que enseñar también implica construir condiciones desde las cuales determinadas cosas pueden aparecer como relevantes.

Atender juntos: la atención conjunta

Citton también recupera la importancia de aquello que podemos pensar como atención conjunta.

Hay momentos en los que varias personas no solamente miran el mismo objeto, sino que son conscientes, de alguna manera, de que lo están atendiendo juntas. Esta experiencia resulta fundamental para numerosas situaciones educativas.

Cuando un grupo observa un experimento, escucha la lectura de un cuento, analiza una imagen o discute un problema, no tenemos simplemente treinta atenciones individuales apuntando accidentalmente hacia el mismo lugar. Puede producirse una experiencia colectiva en la que las reacciones, preguntas, silencios y descubrimientos de unos modifican la manera en que los demás atienden.

Esto permite reconocer algo que a veces se pierde cuando imaginamos el aprendizaje únicamente como procesamiento individual de información.

También aprendemos mirando con otros.

Un compañero puede detectar algo que nosotros no habíamos observado. Una pregunta puede volver visible una contradicción. Una interpretación puede transformar la manera en que todo el grupo comprende un texto.

La atención colectiva no es solamente una suma de miradas.

Puede producir nuevas formas de percepción.

Pero existe una escala todavía mayor

Hasta aquí podríamos pensar que Citton simplemente propone pasar del individuo al grupo. Sin embargo, su perspectiva ecológica intenta observar una escala más amplia.

Las sociedades también desarrollan mecanismos que participan en aquello que recibe atención colectiva.

Medios de comunicación.

Plataformas digitales.

Publicidad.

Instituciones.

Algoritmos.

Sistemas educativos.

Industrias culturales.

Todos ellos intervienen, de maneras diferentes, en la selección de aquello que aparece frente a nosotros.

No determinan completamente lo que pensamos. Sería demasiado sencillo afirmarlo así. Pero sí participan en las condiciones de visibilidad desde las cuales construimos nuestra experiencia.

Un tema puede aparecer constantemente en nuestras pantallas mientras otro apenas existe dentro de nuestro horizonte informativo. Una noticia puede ocupar durante días la conversación pública. Una tendencia puede conseguir que millones de personas observen simultáneamente un fenómeno que anteriormente habría permanecido invisible.

Antes de decidir qué pensamos sobre algo, existe una condición todavía más elemental:

ese algo necesita haber conseguido nuestra atención.

La visibilidad también educa nuestra mirada

Este punto tiene consecuencias educativas importantes.

Normalmente pensamos la educación como aquello que ocurre cuando alguien enseña explícitamente algo a otra persona. Sin embargo, también aprendemos mediante aquello que aparece repetidamente frente a nosotros.

Aprendemos qué cuerpos reciben reconocimiento.

Qué formas de éxito parecen deseables.

Qué problemas merecen preocupación.

Qué estilos de vida parecen normales.

Qué conocimientos son considerados importantes.

Qué voces parecen autorizadas para hablar.

Y también aprendemos qué cosas pueden ser ignoradas.

Desde una ecología de la atención, la educación no consiste únicamente en transmitir conocimientos. También participa en la construcción de regímenes de visibilidad: formas de organizar aquello que merece ser observado, nombrado, estudiado y discutido.

Esto ocurre dentro de la escuela, pero también fuera de ella.

Por eso comprender la atención contemporánea requiere mirar simultáneamente las prácticas educativas, los medios, las plataformas y la cultura.

¿Quién decide qué merece nuestra atención?

Aquí aparece una pregunta inevitable.

Si nuestra atención se construye dentro de ambientes, ¿quién construye esos ambientes?

En algunos casos la respuesta es relativamente sencilla. Un docente selecciona un texto y decide que durante veinte minutos el grupo dirigirá su atención hacia él. Un museo organiza una exposición. Un periódico decide qué noticia coloca en portada.

En los entornos digitales, la situación puede resultar mucho más compleja. Sistemas automatizados seleccionan y jerarquizan enormes cantidades de contenido utilizando múltiples señales sobre usuarios, publicaciones e interacciones.

Lo importante desde la perspectiva de Citton no es imaginar que existe alguien controlando completamente nuestra mirada.

Es comprender que la atención está mediada.

No encontramos el mundo de manera completamente directa. Lo encontramos a través de dispositivos, instituciones, interfaces, recomendaciones, relaciones y prácticas que participan en aquello que conseguimos ver.

La alfabetización contemporánea quizá necesite incorporar también esta pregunta: no solamente ¿es verdadera esta información?, sino ¿por qué esta información apareció frente a mí y no otra?

La escuela como espacio para construir otras ecologías de atención

Si los ambientes digitales contemporáneos favorecen determinadas formas de atención, la escuela no necesita limitarse a competir con ellos.

Puede construir ambientes diferentes.

Una conversación sostenida durante treinta minutos.

La lectura lenta de un texto difícil.

La observación detallada de una planta.

Escuchar durante varios minutos la explicación de un compañero.

Contemplar una obra antes de intentar interpretarla.

Realizar una investigación que tarde semanas en producir respuestas.

Guardar silencio para pensar.

Todas estas experiencias configuran determinadas formas de relación con la atención.

No son automáticamente mejores porque sean lentas, ni toda experiencia digital es necesariamente superficial. El punto es otro: diferentes ambientes hacen posibles diferentes maneras de atender.

La pregunta pedagógica deja entonces de ser solamente cómo conseguir atención.

Comienza a ser:

¿qué ecología de atención estamos construyendo en nuestras clases?

El docente también orienta la atención

Pensar ecológicamente la atención también permite reconsiderar una de las funciones más interesantes de la enseñanza.

Un docente no solamente transmite información.

También señala.

“Observen esto.”

“¿Notaron esta diferencia?”

“Regresemos a esta frase.”

“Escuchen lo que acaba de decir su compañero.”

“¿Qué está ocurriendo aquí?”

Muchas intervenciones pedagógicas consisten precisamente en hacer visible algo que inicialmente podía pasar desapercibido.

En ese sentido, enseñar implica también educar la mirada.

Un profesor de ciencias ayuda a observar relaciones que antes parecían invisibles. Una profesora de literatura consigue que una palabra aparentemente insignificante adquiera importancia dentro de un texto. Un docente de historia puede detenerse en una fuente que modifica la interpretación de un acontecimiento.

La atención no es simplemente aquello que necesitamos antes de enseñar.

También puede ser algo que la enseñanza transforma.

De controlar la atención a cultivar ambientes

Aquí aparece una diferencia importante respecto de ciertas conversaciones escolares.

Cuando entendemos la atención exclusivamente como responsabilidad individual, la respuesta suele orientarse hacia el control: eliminar distracciones, exigir concentración, establecer reglas o sancionar comportamientos.

Algunas regulaciones pueden ser necesarias. Una clase necesita determinadas condiciones para funcionar.

Pero una perspectiva ecológica añade otra posibilidad: diseñar ambientes que hagan posibles formas de atención más ricas.

Esto puede significar reducir estímulos innecesarios, pero también crear tiempos para observar, permitir conversaciones significativas, construir preguntas que orienten la curiosidad, variar formas de interacción o generar espacios donde aquello que normalmente permanece invisible pueda convertirse en objeto de atención colectiva.

La diferencia es sutil pero importante.

No estamos solamente intentando controlar dónde mira el estudiante.

Estamos construyendo condiciones para que pueda aprender a mirar de otras maneras.

Simon, Williams y Citton: tres formas de comprender el problema

Leer juntos a Herbert Simon, James Williams y Yves Citton permite observar cómo una misma preocupación puede ampliarse progresivamente.

Simon ayuda a comprender la escasez: existe más información de la que nuestra atención limitada puede procesar.

Williams introduce el problema de la libertad: si diferentes sistemas compiten por nuestra atención, necesitamos preguntarnos hasta qué punto podemos dirigirla hacia nuestros propios objetivos y valores.

Citton permite pensar la ecología: nuestra atención no ocurre aisladamente, sino dentro de ambientes colectivos, culturales y tecnológicos que participan en aquello que conseguimos percibir como relevante.

No son necesariamente teorías que debamos colocar una encima de otra como si formaran una secuencia definitiva. Cada autor trabaja desde preocupaciones y marcos distintos.

Pero juntos permiten desplazar una pregunta educativa demasiado sencilla.

En lugar de preguntar solamente:

¿por qué los estudiantes no ponen atención?

podemos comenzar a preguntar:

¿qué condiciones están organizando su atención?

¿Cuáles son los límites de pensar la educación desde la ecología de la atención?

Como cualquier marco conceptual, la ecología de la atención no debería convertirse en una explicación universal.

No todas las dificultades de atención son producto del ambiente. Existen diferencias individuales, condiciones neurocognitivas, experiencias emocionales, necesidades particulares y múltiples factores que también participan en la manera en que una persona puede concentrarse, sostener una actividad o responder a determinados estímulos.

Tampoco deberíamos convertir la idea de “diseñar ecologías de atención” en una nueva fantasía de control pedagógico. Ningún docente puede —ni debería— controlar completamente aquello a lo que presta atención cada estudiante.

Precisamente una perspectiva ecológica invita a reconocer que los sistemas son complejos. Las personas participan en ellos, los transforman y responden de maneras que no siempre podemos anticipar.

La teoría puede ayudarnos a observar relaciones que antes pasaban inadvertidas.

No elimina la incertidumbre de enseñar.

¿Qué nos permite mirar Yves Citton que quizá antes no veíamos?

Quizá una de sus aportaciones más fértiles para la educación consiste en modificar la escala del problema.

Cuando un estudiante se distrae, nuestra mirada suele dirigirse inmediatamente hacia él.

Citton nos invita a ampliar el encuadre.

Mirar al estudiante.

Pero también mirar el aula.

Las relaciones.

Los dispositivos.

Las plataformas.

Los tiempos.

Las prácticas.

Las instituciones.

La cultura.

No para diluir la responsabilidad individual, sino para comprender que nuestra capacidad para atender siempre se desarrolla dentro de condiciones que compartimos con otros.

Desde ahí, la pregunta educativa cambia profundamente.

Tal vez enseñar no consista únicamente en conseguir que alguien nos preste atención.

También puede significar construir ambientes desde los cuales aprendamos colectivamente qué merece ser observado, escuchado, interrogado y comprendido.

Este ecosistema educativo se mantiene gracias a la comunidad.
Si te ha servido, puedes contribuir a que continúe.

Preguntas para reflexionar sobre nuestra práctica

  • ¿Qué cosas reciben más atención dentro de nuestras clases y cuáles permanecen casi siempre invisibles?
  • ¿Cómo influyen el espacio, el tiempo y la organización del aula en aquello que los estudiantes pueden atender?
  • ¿Qué formas de atención colectiva construimos cuando conversamos, investigamos o resolvemos problemas juntos?
  • ¿Estamos interpretando la distracción únicamente como una característica del estudiante?
  • ¿Qué tecnologías y dispositivos participan actualmente en la ecología de atención de nuestra comunidad escolar?
  • ¿Qué prácticas permiten detenernos frente a aquello que normalmente pasaría desapercibido?
  • ¿Qué estamos enseñando a mirar cuando enseñamos?

Reflexión final: educar también es construir formas de mirar

La economía de la atención nos permitió reconocer que nuestra capacidad para atender es limitada. Posteriormente, las discusiones sobre tecnologías digitales hicieron visible que esa atención también puede convertirse en objeto de competencia económica.

Yves Citton introduce una pregunta diferente.

¿Qué pasa si dejamos de imaginar la atención únicamente como algo que cada persona lleva dentro de sí?

Entonces aparece el ambiente.

Aparecen los otros.

Aparecen las instituciones, los medios, las plataformas, los espacios y las relaciones desde las cuales ciertas cosas adquieren relevancia mientras otras permanecen fuera de nuestro campo de percepción.

La educación participa inevitablemente en esa ecología. Cada vez que seleccionamos un contenido, formulamos una pregunta, detenemos una conversación para recuperar una idea o invitamos a observar algo con mayor cuidado, estamos interviniendo en aquello que puede convertirse en objeto de atención.

Pero quizá el propósito educativo no debería ser construir estudiantes capaces de mirar permanentemente hacia donde nosotros señalamos.

La cuestión puede ser mucho más interesante.

Podemos construir experiencias desde las cuales aprendan a reconocer cómo se organiza su propia atención, a descubrir aquello que otros no están mirando y a participar conscientemente en la construcción de ambientes donde diferentes cosas puedan hacerse visibles.

Porque educar la atención quizá no signifique solamente aprender a concentrarse.

También puede significar aprender a mirar el mundo con otros y preguntarnos por qué algunas cosas consiguen nuestra atención mientras otras permanecen invisibles.

Repensar la educación, también por correo

Cada semana, una pausa para entender antes de reaccionar:

Entender lo que pasa en el aula

• Ordenar el ruido educativo

• Pensar distinto sin sentirte solo

Puedes darte de baja cuando quieras. Aquí se piensa con calma, no se satura. Política de privacidad para obtener más información.