Iguales-diferentes: actividad para trabajar la diversidad y la igualdad en primaria

Ser iguales no significa ser idénticos. En un mismo grupo podemos compartir derechos, espacios y experiencias mientras conservamos gustos, historias, capacidades e identidades diferentes. Esta actividad ayuda a comprender esa tensión desde primaria.

Actualizado 09/09/26

¿Somos iguales o somos diferentes?

La respuesta puede parecer contradictoria:

somos iguales y diferentes al mismo tiempo.

Somos diferentes porque no tenemos exactamente:

los mismos gustos;

las mismas experiencias;

la misma familia;

las mismas capacidades;

las mismas características físicas;

los mismos intereses;

ni la misma manera de comprender el mundo.

Pero esas diferencias no hacen que unas personas sean más valiosas que otras.

Tampoco deberían determinar quién merece aprender, participar, opinar, jugar o formar parte de una comunidad.

Esta es la tensión que permite explorar la Ficha 25. Iguales-diferentes, incluida en el Fichero de actividades didácticas para promover la cultura de paz en y desde nuestra escuela de la Secretaría de Educación Pública.

La ficha está dirigida a educación primaria, pertenece a la línea temática Reconocimiento y valoración de la diversidad y plantea aproximadamente 30 minutos para su realización.

Su punto de partida es muy sencillo:

dos hermanas gemelas.

A primera vista podrían parecernos iguales.

Pero conocerlas un poco más permite descubrir algo importante:

parecerse no significa ser la misma persona.

¿Qué trabaja la ficha Iguales-diferentes?

Iguales-diferentes es una actividad para educación primaria que ayuda al alumnado a reconocer que las personas pueden compartir características y derechos mientras mantienen diferencias en sus gustos, capacidades, historias, intereses e identidades.

El propósito establecido por la ficha es que niñas y niños:

desarrollen actitudes de respeto y aceptación de la diversidad en sus diferentes manifestaciones.

Los apuntes para el personal docente plantean una idea especialmente importante: los seres humanos somos diversos en rasgos, capacidades, creencias, hábitos y valores, pero esas diferencias no eliminan nuestra igualdad en dignidad y derechos.

Esta distinción puede convertirse en el corazón pedagógico de la actividad:

igualdad no significa homogeneidad.

Igualdad y diferencia no son conceptos opuestos

A veces usamos la palabra igualdad como si significara:

“Todos somos iguales”.

Pero inmediatamente podemos encontrar una dificultad.

Si miramos cualquier grupo, resulta evidente que no todas las personas son iguales.

Entonces podríamos explicar mejor la idea:

somos diferentes como personas, pero iguales en dignidad y derechos.

Reconocer la diferencia no contradice la igualdad.

La complementa.

Una educación que valora la diversidad necesita sostener simultáneamente dos principios:

nadie debería recibir menor dignidad o menos derechos por ser diferente;

y

nadie debería tener que borrar sus diferencias para poder pertenecer.

La ficha oficial plantea precisamente el reto de articular el derecho a recibir una educación de calidad con el derecho a las diferencias, evitando que estas se conviertan en desigualdades o discriminación.

¿Por qué trabajar la diversidad desde las semejanzas y las diferencias?

Cuando hablamos de diversidad podemos caer en dos extremos.

Uno consiste en enfatizar únicamente las diferencias:

“todos somos diferentes”.

El otro consiste en intentar borrarlas:

“aquí todos somos iguales”.

La ficha propone otra posibilidad.

Buscar simultáneamente:

qué compartimos

y

qué nos hace singulares.

Esto permite que niñas y niños comprendan que una diferencia no necesariamente separa.

Dos compañeros pueden escuchar música distinta y disfrutar del mismo deporte.

Pueden vivir en familias diferentes y compartir un interés.

Pueden aprender a ritmos distintos y formar parte del mismo equipo.

Podemos parecernos en algunos aspectos y ser completamente diferentes en otros.

La convivencia se construye precisamente dentro de esa combinación.

Materiales para realizar Iguales-diferentes

La actividad principal utiliza el Anexo 1 de la ficha, donde aparecen Susy y Selma y distintos elementos para caracterizarlas.

El fichero también propone como recursos complementarios:

  • el video Niños Jornaleros Migrantes. Ventana a mi comunidad;
  • la canción infantil Todos los niños del mundo;
  • y los cuentos de Kipatla del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

La duración estimada es de aproximadamente 30 minutos.

Como en el resto del fichero, la actividad puede ajustarse a las características, necesidades y contexto del grupo.

Cómo realizar la actividad Iguales-diferentes

1. Presenta a Susy y Selma

La ficha propone entregar a cada estudiante una copia del Anexo 1 y presentar a Susy y Selma, dos hermanas gemelas.

El elemento interesante es que, aunque sean gemelas, no son idénticas en todo.

La ficha describe, entre otras diferencias, que:

  • una es más platicadora y otra más callada;
  • prefieren colores distintos;
  • una necesita gafas y otra no;
  • una toma clases de danza y otra de pintura;
  • y tienen proyectos diferentes para cuando sean mayores.

No necesitamos convertir esta información inmediatamente en una explicación sobre diversidad.

Primero podemos dejar que niñas y niños conozcan a los personajes.

Después preguntamos:

¿Son iguales?

Probablemente aparecerán respuestas diferentes.

Alguien puede decir que sí porque son gemelas.

Otra persona puede decir que no porque tienen gustos distintos.

Ahí tenemos la pregunta que necesitamos.

2. Caractericen a cada gemela

La ficha propone que, después de escuchar las características de Susy y Selma, niñas y niños recorten las figuras y las vistan utilizando los atuendos y accesorios correspondientes.

Durante este momento podemos observar cómo utilizan la información.

¿Las distinguen únicamente por su apariencia?

¿Recuerdan también sus gustos?

¿Sus actividades?

¿Sus proyectos?

Esto nos permite introducir una idea:

la identidad de una persona no está formada solamente por aquello que podemos ver.

También incluye:

lo que le gusta;

lo que piensa;

lo que ha vivido;

lo que quiere;

sus relaciones;

sus capacidades;

sus intereses;

y muchas otras dimensiones.

3. Pregunta qué hace diferentes a Susy y Selma

Cuando terminen la actividad, la ficha propone preguntar si les pareció divertido que las gemelas fueran diferentes.

Podemos ampliar la conversación:

¿En qué se parecen?

¿En qué son diferentes?

¿Que sean diferentes significa que una es mejor?

¿Podrían tener gustos diferentes y seguir siendo hermanas?

¿Una tendría que cambiar para parecerse más a la otra?

Estas preguntas permiten pasar de identificar diferencias a interpretar qué significado les damos.

4. Relacionen la actividad con el propio grupo

La ficha invita posteriormente a preguntar si alguna vez alguien podría confundirlos con otra niña o niño de su grupo y por qué.

Después recupera una idea central: cada persona es única porque aquello que piensa, quiere, disfruta o rechaza puede hacerla parecida a algunas personas y diferente de otras.

Este momento puede llevar la actividad desde los personajes hacia el aula.

Podemos preguntar:

¿En qué te pareces a otros compañeros?

¿En qué eres diferente?

¿Hay alguien con quien pensabas que no tenías nada en común y después descubriste algo?

¿Podemos ser amigos aunque nos gusten cosas distintas?

¿Tenemos que pensar igual para trabajar juntos?

El objetivo no debería ser encontrar “la característica más diferente” de cada estudiante.

La intención es reconocer que todos compartimos semejanzas y diferencias simultáneamente.

Ser diferentes no significa ser mejores ni peores

Esta distinción merece detenernos un momento.

Cuando identificamos diferencias podemos comenzar también a construir jerarquías:

“corre más rápido”;

“dibuja mejor”;

“habla más bonito”;

“sabe más”;

“es más inteligente”.

Comparar es una operación cotidiana.

Pero una diferencia puede transformarse rápidamente en una valoración global de la persona.

Por ejemplo:

“Lee más rápido, entonces es más inteligente”.

Podemos problematizarlo.

¿Leer rápido significa saber todo mejor?

¿Alguien puede ser bueno en algo y necesitar ayuda en otra cosa?

¿Todos necesitamos aprender de la misma manera?

Esto permite comprender que una capacidad particular no define completamente a una persona.

La diversidad no es solamente aquello que podemos ver

Cuando preguntamos por diferencias, niñas y niños suelen identificar primero características visibles:

altura;

cabello;

color de piel;

ropa;

uso de lentes.

Pero podemos ampliar progresivamente la mirada.

También somos diferentes en:

  • intereses;
  • experiencias;
  • lenguas;
  • costumbres;
  • maneras de aprender;
  • historias familiares;
  • formas de participar;
  • conocimientos;
  • creencias;
  • gustos;
  • proyectos;
  • y formas de interpretar una situación.

Esta ampliación evita reducir la diversidad a un catálogo de características físicas.

Primera variante: descubrir qué tenemos en común

La primera variante de la ficha propone organizar al grupo en parejas.

Cada estudiante busca el mayor número posible de semejanzas con su compañero o compañera:

rasgos físicos;

forma de vestir;

gustos musicales;

deportes;

películas;

composición familiar;

logros;

desempeño académico;

entre otros aspectos.

Después, en plenaria, las parejas comparten lo que descubrieron.

La ficha propone preguntas especialmente útiles:

¿Descubriste algo en común que no pensabas que tenías?

¿En qué te fijaste más: en las semejanzas o en las diferencias?

¿Podrías encontrar semejanzas con niñas y niños de otros estados o países?

Aquí aparece una posibilidad pedagógica muy poderosa.

A veces clasificamos rápidamente a las personas en:

“como yo”

y

“diferentes a mí”.

Pero cuando conversamos podemos descubrir conexiones inesperadas.

Dos estudiantes aparentemente muy distintos pueden:

tener el mismo videojuego favorito;

cuidar a una mascota;

vivir con sus abuelos;

tener miedo de algo parecido;

disfrutar la misma comida;

o querer aprender la misma actividad.

Conocer al otro vuelve más complejas nuestras primeras categorías.

Segunda variante: ¿podemos formar grupos de personas iguales?

La segunda variante propone una situación imaginaria.

El grupo se irá de campamento y las tiendas solamente tienen espacio para cuatro personas.

La condición es formar equipos procurando reunir el mayor número de características en común:

forma de vestir;

gustos musicales;

deportes;

familia;

entre otras.

Después cada equipo elige un nombre representativo y comparte las semejanzas que encontró.

Finalmente, la ficha pregunta:

¿En qué se fijaron más, en las semejanzas o en las diferencias?

¿Las diferencias pueden ser un factor que los separe?

¿Cómo podemos aprovecharlas?

Esta última pregunta es fundamental.

¿Qué ocurre cuando agrupamos solamente a quienes se parecen?

La variante permite introducir una reflexión adicional.

Si siempre buscamos trabajar únicamente con quienes:

piensan como nosotros;

tienen nuestros gustos;

aprenden de manera semejante;

pertenecen a nuestro grupo de amigos;

o comparten nuestras experiencias,

podemos sentir comodidad.

Pero también perdemos algo.

Una persona diferente puede aportar:

otra idea;

otra solución;

otra experiencia;

otra pregunta;

otra habilidad.

Por eso podemos preguntar:

¿Un equipo funciona mejor porque todos son iguales?

No necesariamente.

La diversidad puede generar desacuerdos y exigir negociación.

Pero también puede ampliar las posibilidades del grupo.

La intención no debería ser romantizar la diferencia.

Ser diferentes no garantiza automáticamente mejores relaciones.

Lo educativo está en aprender a trabajar con esas diferencias sin convertirlas en exclusión.

El cierre de la ficha: Todos los niños del mundo

Para cerrar, la ficha propone escuchar y comentar la canción Todos los niños del mundo, recuperando la idea de que quienes integran el grupo son diferentes, poseen distintas cualidades y comparten el derecho a participar.

Aquí podemos volver a la pregunta inicial:

Entonces, ¿somos iguales o diferentes?

Después de la actividad posiblemente podamos construir una respuesta más compleja:

somos diferentes en muchas cosas y, al mismo tiempo, todas las personas tenemos derecho a ser respetadas y participar.

Ese puede ser un cierre mucho más potente que:

“Todos somos iguales”.

Igualdad no significa darle exactamente lo mismo a todos

Esta ficha también puede abrir una conversación importante para la práctica docente.

Si aceptamos que las personas son diferentes, entonces aparece una pregunta:

¿tratarlas con igualdad significa hacer exactamente lo mismo con todas?

No siempre.

Supongamos que una actividad solamente puede leerse en letra muy pequeña y uno de nuestros estudiantes necesita otro tamaño.

Entregar exactamente la misma hoja a todos parece igualitario.

Pero puede producir una participación desigual.

O pensemos en un estudiante que necesita más tiempo para resolver determinada tarea.

Dar exactamente el mismo tiempo puede parecer “justo”.

Pero quizá no produce las mismas posibilidades de participación.

Por eso valorar la diversidad exige distinguir:

igualdad de derechos

de

uniformidad de condiciones.

La inclusión educativa busca precisamente analizar qué barreras pueden limitar el aprendizaje y la participación y qué condiciones necesitamos transformar.

Puedes ampliar esta idea en Estrategias de inclusión educativa en primaria.

La diversidad puede enriquecer el aprendizaje, pero no ocurre automáticamente

Una frase frecuente dice:

“La diversidad nos enriquece”.

Puede ser cierta.

Pero necesita algo más.

Si en el aula:

nadie escucha perspectivas diferentes;

algunas voces son ridiculizadas;

siempre trabajan juntos los mismos;

una sola forma de aprender es considerada válida;

o determinadas características generan exclusión,

la diversidad está presente, pero no necesariamente está siendo valorada.

La diferencia se convierte en posibilidad educativa cuando existen condiciones para:

escuchar;

participar;

dialogar;

colaborar;

discrepar;

y aprender con otros.

Por eso valorar la diversidad no consiste únicamente en celebrar que “todos somos distintos”.

También implica revisar cómo organizamos la experiencia educativa.

¿Qué podemos observar durante la actividad?

Mientras niñas y niños buscan semejanzas y diferencias, podemos prestar atención a varias situaciones.

Qué diferencias aparecen primero

¿El grupo identifica principalmente:

apariencia;

género;

situación económica;

desempeño escolar;

lengua;

familia;

gustos?

Esto puede mostrarnos qué categorías están teniendo más peso en sus relaciones.

Qué características valoran más

¿Ser “bueno” en determinada asignatura otorga reconocimiento?

¿Tener ciertos objetos?

¿Practicar determinado deporte?

¿Vestir de cierta manera?

Qué diferencias generan rechazo

No todas las diferencias tienen el mismo significado social.

Podemos observar si alguna se utiliza para:

burlarse;

excluir;

poner apodos;

organizar grupos;

o establecer quién pertenece.

Quiénes encuentran fácilmente compañeros semejantes

También puede ocurrir que alguna niña o niño tenga dificultades para encontrar rasgos compartidos.

Eso no significa que “sea demasiado diferente”.

Puede indicarnos que necesitamos ampliar las preguntas, las relaciones o las posibilidades de conocerse dentro del grupo.

Diferencia no es lo mismo que desigualdad

Esta distinción puede ayudar mucho al docente.

Diferencia significa que existen características distintas.

Desigualdad aparece cuando esas diferencias están relacionadas con oportunidades, recursos, participación o condiciones que colocan a algunas personas en desventaja.

Por ejemplo:

Que dos estudiantes hablen lenguas diferentes es una diferencia.

Que uno no pueda comprender las instrucciones porque la escuela solamente ofrece información en una lengua puede convertirse en una desigualdad.

Que dos estudiantes aprendan a ritmos distintos es una diferencia.

Que uno sea excluido permanentemente de las actividades porque no avanza al ritmo esperado puede generar una barrera.

Que existan distintas configuraciones familiares es diversidad.

Que una sea considerada “menos normal” que otra introduce una valoración.

Por eso educar para la diversidad también significa aprender a preguntar:

¿cuándo una diferencia está siendo convertida en desigualdad?

Diversidad e inclusión educativa

La ficha plantea que una filosofía democrática de la educación debe articular el derecho a una educación de calidad con el derecho a las diferencias, evitando que estas produzcan desigualdad o discriminación.

Esta idea conecta directamente con la inclusión.

Una escuela inclusiva no intenta fabricar estudiantes idénticos.

Busca construir condiciones para que personas diferentes puedan:

aprender;

participar;

establecer relaciones;

ser reconocidas;

y formar parte de la comunidad.

Por eso también puede ser útil relacionar esta actividad con el trabajo sobre Barreras para el Aprendizaje y la Participación.

La pregunta cambia de:

“¿Por qué este alumno es diferente?”

a:

“¿Qué ocurre entre sus características, nuestra enseñanza, las relaciones y las condiciones escolares que puede facilitar o limitar su participación?”

Ese cambio de mirada es fundamental.

Errores que conviene evitar al trabajar Iguales-diferentes

Decir simplemente “todos somos iguales”

Puede parecer una frase inclusiva, pero borra diferencias reales.

Podemos decir:

“Somos diferentes y tenemos la misma dignidad y derechos”.

Convertir la actividad en un catálogo de diferencias físicas

La diversidad incluye mucho más que apariencia.

También involucra experiencias, culturas, lenguas, intereses, aprendizajes, historias y formas de participar.

Preguntar quién es “el diferente”

En cualquier grupo todas las personas participan de la diversidad.

No necesitamos señalar a una persona como representante de “lo diferente”.

Confundir igualdad con homogeneidad

Tratar con igualdad no significa necesariamente ofrecer exactamente las mismas condiciones en todas las situaciones.

Utilizar el rendimiento escolar como identidad

Decir:

“los inteligentes”;

“los lentos”;

“los aplicados”;

“los que no pueden”;

convierte un desempeño situado en una etiqueta personal.

Forzar al alumnado a revelar información privada

Al comparar composición familiar, cultura, experiencias o características personales, cada estudiante debería decidir qué desea compartir.

La actividad busca conocernos.

No interrogarnos.

Celebrar la diferencia sin observar la exclusión

Podemos tener un mural precioso sobre diversidad y mantener prácticas que excluyen.

Por eso la conversación tiene que conectarse con la vida cotidiana del grupo.

¿Cómo trabajar la ficha con el colectivo docente?

La ficha propone al colectivo observar el video Niños jornaleros migrantes y, a partir de él, valorar acciones que pueden ayudar a atender la diversidad dentro de la escuela.

Entre las propuestas oficiales aparecen:

  • aprender los nombres del alumnado y pronunciarlos correctamente;
  • ofrecer atención individual cuando sea posible;
  • invitar a niñas y niños migrantes a compartir elementos representativos de su cultura;
  • etiquetar objetos del aula en las lenguas presentes en el grupo;
  • y acompañar a estudiantes recién llegados para comprender los acuerdos y dinámicas escolares.

Estas acciones pueden convertirse en punto de partida para una conversación más amplia.

¿Qué estudiantes necesitan aprender a adaptarse a nuestra escuela?

Pero también:

¿qué necesita aprender nuestra escuela para recibir mejor a estudiantes diferentes?

La segunda pregunta cambia mucho la perspectiva.

Porque inclusión no significa solamente ayudar al nuevo estudiante a entender “cómo hacemos aquí las cosas”.

También puede significar permitir que su presencia transforme algo de nuestras prácticas.

¿Conocemos realmente a nuestros estudiantes?

La actividad de Susy y Selma nos ofrece una pregunta que también puede dirigirse al profesorado.

Sabemos:

el nombre;

la calificación;

la asistencia;

el desempeño.

Pero quizá conocemos menos:

qué le interesa;

qué sabe hacer fuera de la escuela;

qué lengua escucha en casa;

qué responsabilidades tiene;

qué experiencias atraviesan su aprendizaje;

qué quiere aprender;

qué lo preocupa;

qué capacidades no aparecen fácilmente dentro de nuestras actividades.

Valorar la diversidad exige también reconocer que ningún registro escolar contiene completamente a una persona.

¿Cómo continuar la actividad con las familias?

La ficha recupera el papel de las familias en la construcción cotidiana de habilidades sociales, valores, creencias, normas y expectativas.

Además, el Anexo 2 propone orientaciones diferenciadas de acuerdo con las edades, relacionadas con:

participación en tareas del hogar;

responsabilidad;

toma de decisiones;

cooperación;

reconocimiento de avances;

y participación en la vida escolar.

También propone promover entre la comunidad la lectura compartida de los cuentos Kipatla.

Podemos ampliar el trabajo familiar mediante preguntas como:

¿Qué decimos en casa cuando alguien es diferente?

¿Cómo hablamos de otras culturas?

¿Qué comentarios hacemos sobre formas de vestir, hablar o vivir?

¿Qué tareas asignamos a cada integrante de la familia y por qué?

¿Escuchamos las mismas expectativas para todos nuestros hijos?

Las niñas y los niños no aprenden sobre diversidad solamente mediante lo que les explicamos.

También aprenden observando cómo los adultos hablamos de otras personas.

De Iguales-diferentes a una práctica cotidiana de inclusión

Podemos realizar toda la actividad y llegar a una conclusión aparentemente correcta:

“Todos somos diferentes y debemos respetarnos”.

Pero la pregunta importante comienza después.

¿Qué ocurre cuando:

un estudiante aprende de manera distinta?

una niña habla otra lengua?

alguien no puede realizar una actividad diseñada de una sola manera?

una familia tiene costumbres diferentes?

un estudiante piensa distinto a la mayoría?

alguien necesita un apoyo adicional?

Ahí descubrimos si realmente hemos construido una mirada sobre diversidad.

Porque valorar las diferencias es relativamente sencillo mientras permanecen en una actividad.

Se vuelve más complejo cuando interpelan nuestra manera habitual de organizar la escuela.

Por eso esta ficha no necesita terminar con Susy y Selma.

Puede convertirse en una pregunta que acompañe nuestra práctica:

¿qué hacemos con las diferencias reales que llegan todos los días al aula?

La ruta de las fichas 21 a 25

La serie empieza a mostrar una progresión pedagógica muy interesante.

En Hablemos de las nubes reconocimos que las diferencias forman parte de cualquier grupo.

En Gallinita ciega analizamos cómo las condiciones y los apoyos pueden facilitar o limitar la participación.

En Las apariencias engañan cuestionamos cómo una diferencia puede convertirse en prejuicio.

En Por mí y por todos mis amigos incorporamos la solidaridad y la responsabilidad hacia los demás.

Y ahora, con Iguales-diferentes, llegamos a una tensión fundamental:

podemos ser profundamente diferentes y, al mismo tiempo, compartir la misma dignidad y los mismos derechos.

La ruta podría sintetizarse así:

reconocer la diferencia → favorecer la participación → cuestionar el prejuicio → construir solidaridad → comprender igualdad y diversidad.

Ya no estamos frente a cinco actividades independientes.

Estamos construyendo gradualmente una manera de comprender y habitar la diversidad dentro de la escuela.

Este ecosistema educativo se mantiene gracias a la comunidad.
Si te ha servido, puedes contribuir a que continúe.

Preguntas para reflexionar sobre la práctica

  • ¿Qué significa realmente decir que “todos somos iguales”?
  • ¿Qué diferencias reconoce con mayor facilidad mi alumnado?
  • ¿Cuáles generan curiosidad y cuáles generan rechazo?
  • ¿Qué características se convierten en etiquetas dentro del grupo?
  • ¿Qué estudiantes tienen más posibilidades de mostrar sus capacidades?
  • ¿Estoy confundiendo igualdad con ofrecer exactamente lo mismo a todos?
  • ¿Qué diferencias enriquecen actualmente las experiencias de aprendizaje?
  • ¿Qué diferencias están siendo convertidas en desventajas?
  • ¿Qué conocemos realmente de la historia y los intereses de nuestros estudiantes?
  • ¿Nuestra escuela espera que todos se adapten a ella o también puede transformarse para recibir la diversidad?

Reflexión final: iguales en dignidad, diferentes en nuestra manera de habitar el mundo

Dos hermanas gemelas pueden parecernos casi idénticas.

Pero basta conversar con ellas para que aparezcan dos historias.

Dos gustos.

Dos proyectos.

Dos maneras de relacionarse.

Dos personas.

Algo semejante ocurre en cualquier salón.

Podemos agrupar estudiantes por:

edad;

grado;

escuela;

comunidad;

o incluso por resultados académicos.

Pero ninguna de esas categorías agota quiénes son.

Dentro de un mismo grupo conviven historias, capacidades, necesidades, intereses, culturas y maneras distintas de mirar el mundo.

El desafío educativo no consiste en hacer desaparecer esas diferencias.

Tampoco en convertir cada diferencia en una categoría rígida.

Consiste en construir una comunidad donde puedan existir sin transformarse en razones para jerarquizar, discriminar o excluir.

Quizá por eso la pregunta no debería ser únicamente:

¿somos iguales o somos diferentes?

Podemos comenzar a formular otra:

¿cómo construimos una escuela donde nuestras diferencias puedan existir sin poner en duda nuestra igualdad en dignidad, derechos y posibilidades de participación?

La respuesta no cabe en una sola ficha.

Pero aprender a formular la pregunta ya transforma nuestra manera de mirar el aula.

Apuntes para el personal docente. 

La atención a la diversidad en la escuela ha ido avanzando poco a poco, desde su consideración como enseñanza individualizada y su asociación con la atención al alumnado con dificultades, hasta considerarla de importancia capital para la construcción de una sociedad democrática, tolerante y plural. El desarrollo educativo de valores como la aceptación y el respeto de las diferencias individuales, la solidaridad, la colaboración, la tolerancia o la resolución de conflictos se situaría en esta perspectiva; también tienen cabida las relaciones que se pueden hacer con el término equidad o con las variadas significaciones que se pueden dar al término de igualdad de oportunidades. (Serrano, s/a)

La escuela es el espacio en el que convive la diversidad de estudiantes y en donde se forman en una cultura de aprecio a las diferencias, capaz de contrarrestar las prácticas discriminatorias.

Por ello, atender a la diversidad en la escuela es una invitación a reconocer la riqueza que propicia la diferencia. Lejos de homogeneizar a los integrantes de un grupo, se trata de reconocer y valorar las diferencias para apreciarlas y aprender a respetarlas.

Atender a la diversidad significa, para un docente, respetar los diferentes ritmos de aprendizaje, la procedencia de las niñas y los niños, así como sus creencias religiosas, sus preferencias y sus posibles discapacidades. Es tarea del personal docente garantizar el respeto, la tolerancia y la igualdad de oportunidades de todo su alumnado.

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