Hablemos de las nubes: actividad para trabajar la diversidad en preescolar
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Observar nubes puede parecer una actividad sencilla, pero también puede abrir una conversación sobre algo profundamente humano: podemos compartir características y, al mismo tiempo, ser diferentes. Esta ficha ayuda a trabajar la diversidad desde la experiencia infantil.
Actualizado 07/09/26
Una actividad sencilla para comenzar a hablar de diversidad
¿Cómo explicar la diversidad a niñas y niños de preescolar sin convertirla en una definición abstracta?
Podemos comenzar mirando el cielo.
Una misma nube puede parecer un oso para una niña, un barco para otro niño y quizá no parecerse a nada para alguien más.
Las nubes cambian.
Tienen formas distintas.
Podemos encontrar semejanzas entre ellas y, al mismo tiempo, reconocer que ninguna tiene que ser exactamente igual a otra.
Esa experiencia cotidiana es el punto de partida de la Ficha 21. Hablemos de las nubes, incluida en el Fichero de actividades didácticas para promover la cultura de paz en y desde nuestra escuela de la Secretaría de Educación Pública.
La actividad pertenece a la línea temática de valoración de la diversidad y está dirigida a educación preescolar. Su propósito es favorecer actitudes de respeto y aceptación de las diferencias.
Pero el valor de la ficha no está únicamente en elaborar nubes de algodón.
Está en la conversación que podemos construir alrededor de ellas.
¿Qué trabaja la actividad Hablemos de las nubes?
Hablemos de las nubes es una actividad para educación preescolar que utiliza la observación, la imaginación, el arte y la conversación para ayudar a niñas y niños a reconocer semejanzas y diferencias y comenzar a valorar la diversidad dentro de su grupo.
La ficha propone utilizar las diferencias entre las formas de las nubes como una metáfora inicial para hablar sobre las personas.
No porque las personas puedan reducirse a una comparación sencilla.
Sino porque en preescolar necesitamos partir muchas veces de experiencias concretas antes de avanzar hacia ideas más complejas.
Observar.
Comparar.
Nombrar.
Escuchar otras interpretaciones.
Reconocer diferencias.
Y posteriormente preguntarnos:
¿qué pasa cuando esas diferencias aparecen entre las personas?
Ahí comienza realmente el trabajo pedagógico.
Propósito de la ficha
La ficha establece como propósito que niñas y niños:
desarrollen actitudes de respeto y aceptación de la diversidad en sus diferentes manifestaciones.
Esto nos da una pista importante.
La intención no es únicamente que el alumnado pueda decir:
“Todos somos diferentes”.
Lo importante es avanzar hacia algo más profundo:
¿cómo convivimos con esas diferencias?
Porque podemos reconocer que las personas son distintas y, aun así, mantener:
- burlas;
- exclusiones;
- etiquetas;
- preferencias;
- estereotipos;
- o formas desiguales de participación.
Por eso valorar la diversidad implica más que identificar diferencias.
También supone aprender que esas diferencias no disminuyen el valor de ninguna persona ni justifican que alguien sea tratado de manera desigual.
Este principio puede ampliarse posteriormente con actividades específicas de valoración de la diversidad y prevención de la discriminación.
Materiales para realizar Hablemos de las nubes
La ficha propone utilizar:
- papel para elaborar un mural;
- algodón suficiente para que cada niña y niño construya una nube;
- el cuento La vendedora de nubes;
- y, para las variantes, el cuento Uno y siete, de Gianni Rodari.
El tiempo estimado es de aproximadamente 40 minutos.
Sin embargo, no es necesario convertir los cuarenta minutos en una regla rígida.
Si la conversación genera aportaciones relevantes, quizá convenga detenernos ahí.
Si el grupo necesita mayor movimiento, podemos dividir la experiencia en dos momentos.
La duración debería responder al grupo y no al cronómetro.
Cómo realizar la actividad Hablemos de las nubes
1. Observen las nubes
La ficha propone comenzar saliendo al patio para observar el cielo.
Invita al grupo a mirar con calma.
Puedes preguntar:
¿Qué ven?
¿A qué se parece esa nube?
¿Alguien ve algo diferente?
Aquí hay una decisión docente importante.
No necesitamos determinar quién tiene razón.
Si una niña ve un conejo y otro niño ve una montaña, ambas interpretaciones pueden convivir.
De hecho, pedagógicamente esa diferencia es muy útil.
Dos personas pueden mirar algo semejante y construir interpretaciones diferentes.
¿Qué observar como docente?
Escucha si el alumnado:
- acepta las respuestas de los demás;
- intenta corregirlas;
- se burla;
- cambia de opinión;
- encuentra nuevas posibilidades;
- o se sorprende cuando alguien interpreta la nube de otra manera.
La actividad ya comienza a mostrarnos cómo convive el grupo con la diferencia.
2. Construyan un “Paseo por las nubes”
Después de observar el cielo, la ficha propone regresar al aula y utilizar algodón y pegamento para construir un mural titulado “Paseo por las nubes”.
Cada niña y niño puede crear su nube.
No es necesario que todas tengan el mismo tamaño.
Ni la misma forma.
Ni la misma cantidad de algodón.
Eso forma parte precisamente de la experiencia.
Cuando el mural esté terminado, puedes detenerte a observarlo con el grupo.
3. Comparen semejanzas y diferencias
La ficha propone preguntar:
¿En qué se parecen las nubes?
¿En qué son diferentes?
Este es uno de los momentos centrales.
Puedes ayudarles a reconocer que:
todas están hechas de algodón;
todas representan nubes;
todas forman parte del mural;
pero no tienen exactamente la misma forma.
Desde aquí podemos comenzar a construir el puente hacia la diversidad humana.
4. Pasen de las nubes a las personas
La ficha invita a preguntar si la diversidad de las nubes puede relacionarse con las personas y qué ventajas puede tener que seamos diferentes.
Aquí conviene evitar respuestas prefabricadas.
No necesitamos que niñas y niños repitan:
“Todos somos diferentes y debemos respetarnos”.
Podemos ayudarles a pensar mediante ejemplos.
¿Todos tenemos el mismo cabello?
¿A todos nos gustan los mismos juegos?
¿Todos hablamos de la misma manera?
¿Todas nuestras familias son iguales?
¿Todos aprendemos exactamente al mismo tiempo?
¿Todos hacemos las cosas de la misma forma?
La intención no debería ser construir un catálogo de diferencias.
Más bien queremos que reconozcan que la diferencia forma parte naturalmente de vivir con otras personas.
¿Cómo evitar convertir la diversidad en una comparación superficial?
Aquí podemos ampliar la ficha.
Cuando trabajamos diversidad en edades tempranas existe el riesgo de quedarnos únicamente en:
“unos son altos y otros bajos”;
“unos tienen cabello oscuro y otros claro”;
“a unos les gusta el fútbol y a otros dibujar”.
Eso puede ser un punto de partida.
Pero valorar la diversidad también implica trabajar cómo nos relacionamos con esas diferencias.
Por ejemplo:
¿Podemos jugar con alguien a quien le gusta algo diferente?
¿Qué pasa si alguien tarda más en terminar una actividad?
¿Qué hacemos cuando una compañera piensa distinto?
¿Podemos cambiar un juego para que alguien también pueda participar?
Aquí la diversidad empieza a convertirse en convivencia.
Y esa transición es fundamental.
5. Leer La vendedora de nubes
Después de escuchar las aportaciones del grupo, la ficha propone compartir el cuento La vendedora de nubes y preguntar:
¿Por qué creen que la nube decidió quedarse con la niña?
La pregunta no necesita una única respuesta.
Podemos utilizarla para explorar:
- afecto;
- pertenencia;
- cuidado;
- decisiones;
- vínculos;
- y diferentes formas de interpretar una historia.
Incluso aquí podemos volver a la experiencia inicial:
¿Todos entendimos el cuento exactamente igual?
Probablemente no.
Y eso también es diversidad.
Primera variante: el cuento Uno y siete
La ficha propone una primera variante utilizando Uno y siete, de Gianni Rodari.
Después de leerlo, sugiere preguntar:
¿En qué son iguales los niños del cuento?
¿Por qué creen que no podrán hacerse la guerra cuando sean grandes?
La intención es ayudar a reconocer que, aunque existan diferencias, también existen elementos comunes relacionados con nuestra condición humana, nuestras relaciones y el deseo de vivir juntos.
Podemos ampliar la conversación con preguntas como:
¿Necesitamos ser iguales para ser amigos?
¿Podemos cuidarnos aunque seamos diferentes?
¿Qué cosas compartimos en este grupo?
Segunda variante: convertir al grupo en parte del cuento
La segunda variante me parece especialmente potente.
La ficha propone reconstruir Uno y siete utilizando información de siete niñas o niños reales del grupo.
Por ejemplo:
“Lola vive en…”
“Natalia vive en…”
hasta construir siete personajes inspirados en el propio alumnado.
Posteriormente se recuperan elementos que comparten:
asisten al mismo preescolar;
forman parte del mismo grupo;
tienen a la misma docente;
pero cada uno tiene una historia diferente.
Al final se pregunta:
¿En qué son diferentes?
¿En qué son iguales?
¿Qué creen que ocurrirá cuando sean grandes?
Aquí podemos llevar la actividad todavía más lejos.
No solamente:
“somos diferentes pero somos iguales”.
Esa frase puede resultar confusa.
Una formulación más clara sería:
somos diferentes en muchas características, experiencias y formas de vivir, pero todas las personas tenemos la misma dignidad y merecemos respeto.
El cierre de la ficha: pertenecer sin dejar de ser diferentes
La ficha propone cerrar destacando que, aunque las personas tengan opiniones distintas y pertenezcan a familias con actividades o características diferentes, también poseen elementos comunes que permiten cuidarse y sentirse parte de una comunidad.
Aquí aparece una idea pedagógica muy importante:
pertenecer no debería exigir parecernos.
Un grupo inclusivo no es aquel donde desaparecen las diferencias.
Es aquel donde las diferencias pueden existir sin convertirse automáticamente en motivos de exclusión.
Esto conecta con una mirada más amplia sobre inclusión educativa. En ProfJavierH puedes ampliar este tema en Estrategias de inclusión educativa en primaria.
¿Qué podemos observar durante la actividad?
Además del producto final, esta ficha puede convertirse en una pequeña oportunidad de observación del grupo.
Podemos mirar:
Cómo reaccionan ante ideas diferentes
¿Escuchan?
¿Intentan imponer su respuesta?
¿Se ríen cuando alguien dice algo inesperado?
Cómo hablan de las diferencias
¿Qué palabras utilizan?
¿Aparecen etiquetas?
¿Aparecen juicios sobre determinadas características?
Cómo se perciben dentro del grupo
¿Quién se siente incluido?
¿Quién participa menos?
¿Quién suele ser interrumpido?
Qué entienden por “ser diferentes”
¿Lo interpretan positivamente?
¿Lo relacionan con algo extraño?
¿Lo conectan con relaciones cotidianas?
Estas observaciones pueden ayudarnos a decidir si la actividad necesita continuidad.
Una sola conversación sobre diversidad difícilmente transforma por sí misma las relaciones del grupo.
La ficha no termina cuando termina el mural
Quizá este sea el punto más importante de la ampliación.
Si después de realizar Hablemos de las nubes seguimos permitiendo que:
siempre se elija al mismo estudiante al final;
se hagan bromas sobre determinadas características;
algunas voces tengan menos espacio;
o las diferencias se conviertan en etiquetas;
entonces la actividad quedó aislada de la vida cotidiana.
Valorar la diversidad necesita aparecer también en:
- cómo organizamos equipos;
- cómo distribuimos la participación;
- cómo hablamos de los errores;
- cómo reaccionamos ante las diferencias;
- cómo seleccionamos historias;
- cómo intervenimos frente a una burla;
- y cómo construimos las oportunidades de aprender.
Por eso puede ser útil relacionar esta ficha con el trabajo sobre Barreras para el Aprendizaje y la Participación. El instrumento de BAP ayuda a observar cómo determinadas condiciones escolares, didácticas o actitudinales pueden limitar la participación. Instrumento para identificar las Barreras para el Aprendizaje y la Participación
¿Cómo trabajar la ficha con el colectivo docente?
La ficha también propone una actividad para docentes.
Presenta la experiencia de una educadora que relata cómo la presencia de Marco, un niño con síndrome de Down, ayudó a la escuela a aprender a atender la diversidad y realizar ajustes, reconociendo que su discapacidad constituía una característica entre muchas otras, no aquello que definía completamente a la persona.
Después propone preguntas como:
¿Hemos tenido experiencias similares?
¿Cómo las hemos vivido?
¿Qué resultados hemos obtenido?
¿Qué podemos hacer para aceptar, respetar y promover el desarrollo integral de todo el alumnado?
Esta sección puede convertirse en algo más que una conversación anecdótica.
Como colectivo podríamos preguntarnos además:
¿A qué estudiantes describimos primero por una condición?
¿Qué expectativas tenemos sobre ellos?
¿Qué prácticas de nuestra escuela favorecen su participación?
¿Cuáles pueden estar generando barreras?
¿Estamos mirando a la persona o solamente la categoría con la que la hemos identificado?
Aquí existe una conexión directa con el trabajo de inclusión y BAP.
¿Cómo trabajar con las familias?
La ficha propone conversar con madres, padres o tutores sobre la importancia de que niñas y niños se sepan:
- reconocidos;
- amados;
- esperados;
- y dignos de buen trato.
También propone elaborar información para las familias sobre algunas características del desarrollo infantil y formas de acompañarlas.
Podemos ampliar esta propuesta con una idea sencilla:
no solamente comunicar a las familias que deben “aceptar las diferencias”, sino invitarlas a pensar cómo hablamos sobre ellas en casa.
Por ejemplo:
¿Cómo reaccionamos cuando una persona se viste diferente?
¿Qué comentarios hacemos sobre cuerpos, formas de hablar, culturas o discapacidades?
¿Qué aprenden niñas y niños de nuestras bromas?
¿Qué mensajes transmitimos sobre lo que consideramos “normal”?
Gran parte de la valoración de la diversidad se aprende también observando las conversaciones cotidianas de las personas adultas.
Errores que conviene evitar al trabajar Hablemos de las nubes
Reducir la actividad a una manualidad
El mural es un medio.
No es el aprendizaje central.
Si terminamos la actividad cuando pegamos el último algodón, perdemos la conversación pedagógica.
Decirles qué tienen que pensar
Si preguntamos:
“¿Verdad que todos somos diferentes y eso está bien?”
hemos cerrado la pregunta antes de escuchar.
Es mejor preguntar:
¿Qué piensan ustedes?
¿Qué ocurre cuando alguien es diferente?
¿Cómo podemos convivir?
Presentar la diversidad solamente como algo bonito
Las diferencias también generan tensiones.
A veces producen miedo.
Conflictos.
Prejuicios.
Exclusión.
Podemos hablar de diversidad positivamente sin convertirla en una idea ingenua.
Convertir a una niña o niño en ejemplo de “diversidad”
Evita señalar:
“Miren, como nuestro compañero que tiene…”
La diversidad pertenece al grupo completo.
Ninguna persona debería convertirse en material didáctico para explicar una diferencia.
Pensar que una sesión elimina la discriminación
La actividad puede abrir una conversación.
Pero la valoración de la diversidad necesita sostenerse mediante la cultura cotidiana del aula.
Cuando aparecen situaciones de rechazo o discriminación, puede ser necesario trabajar explícitamente sobre ellas y no solamente repetir actividades generales de convivencia.
Este ecosistema educativo se mantiene gracias a la comunidad.
Si te ha servido, puedes contribuir a que continúe.
Preguntas para reflexionar sobre la práctica
- ¿Cómo reaccionan mis estudiantes cuando alguien piensa diferente?
- ¿Qué diferencias son aceptadas fácilmente dentro del grupo y cuáles generan tensión?
- ¿Estoy enseñando a valorar la diversidad solamente mediante actividades especiales o también mediante mis decisiones cotidianas?
- ¿Qué estudiantes tienen más oportunidades de participar?
- ¿Existen etiquetas que utilizamos sin darnos cuenta?
- ¿Cómo hablamos las personas adultas de las diferencias frente a niñas y niños?
- ¿Qué aprendí del grupo durante esta actividad?
- ¿Qué tendría que seguir trabajando después del mural?
Reflexión final: mirar las nubes también puede enseñarnos a mirar a los demás
Quizá una de las cosas más interesantes de mirar una nube sea que no podemos obligarla a tener una única forma.
Dos personas pueden observar la misma y encontrar cosas diferentes.
Algo parecido ocurre cuando convivimos.
Cada persona llega al aula con una historia.
Una familia.
Una manera de expresarse.
Un ritmo.
Una forma de jugar.
Una experiencia.
Una manera de comprender el mundo.
El desafío educativo no consiste en borrar esas diferencias para construir un grupo homogéneo.
Consiste en construir una comunidad en la que sea posible aprender juntos sin exigir que todas las personas tengan que parecerse para pertenecer.
Por eso Hablemos de las nubes puede ser mucho más que una actividad de algodón y pegamento.
Puede convertirse en una primera invitación para aprender a mirar al otro con curiosidad, respeto y apertura.
Pero la verdadera pregunta comienza después:
¿qué hacemos en nuestra aula, todos los días, para que esa diversidad realmente pueda existir y participar?
Apuntes para el personal docente.
La atención a la diversidad en la escuela ha ido avanzando poco a poco, desde su consideración como enseñanza individualizada y su asociación con la atención al alumnado con dificultades, hasta considerarla de importancia capital para la construcción de una sociedad democrática, tolerante y plural. El desarrollo educativo de valores como la aceptación y el respeto de las diferencias individuales, la solidaridad, la colaboración, la tolerancia o la resolución de conflictos se situaría en esta perspectiva; también tienen cabida las relaciones que se pueden hacer con el término equidad o con las variadas significaciones que se pueden dar al término de igualdad de oportunidades. (Serrano, s/a)
La escuela es el espacio en el que convive la diversidad de estudiantes y en donde se forman en una cultura de aprecio a las diferencias, capaz de contrarrestar las prácticas discriminatorias.
Por ello, atender a la diversidad en la escuela es una invitación a reconocer la riqueza que propicia la diferencia. Lejos de homogeneizar a los integrantes de un grupo, se trata de reconocer y valorar las diferencias para apreciarlas y aprender a respetarlas.
Atender a la diversidad significa, para un docente, respetar los diferentes ritmos de aprendizaje, la procedencia de las niñas y los niños, así como sus creencias religiosas, sus preferencias y sus posibles discapacidades. Es tarea del personal docente garantizar el respeto, la tolerancia y la igualdad de oportunidades de todo su alumnado.







