Tema 1. Los procesos de adaptación y separación en la Educación Inicial

Los procesos de adaptación y separación en Educación Inicial requieren tiempo, vínculos afectivos y continuidad en los cuidados. Estas orientaciones complementan el material del CTE 2026-2027 con estrategias para acompañar a niñas, niños y familias desde una perspectiva sensible y respetuosa.

Introducción

El primer día en un Centro de Atención Infantil puede representar una experiencia muy diferente para cada niña, niño y familia. Algunos pequeños exploran el espacio con curiosidad; otros buscan permanecer cerca de su figura de referencia. Hay quienes aceptan rápidamente el contacto con nuevas personas y quienes necesitan más tiempo para sentirse seguros.

Estas diferencias suelen generar preguntas entre las y los agentes educativos. ¿Cuánto tiempo debería durar la adaptación? ¿Qué podemos hacer cuando una niña llora intensamente durante la despedida? ¿Cómo acompañar a una familia que manifiesta preocupación? ¿Qué significa realmente que un niño se haya adaptado?

En ocasiones, la adaptación se interpreta como un periodo que debe superarse lo antes posible para que comiencen las actividades habituales del servicio. Sin embargo, esta mirada puede dejar en segundo plano una dimensión fundamental de la Educación Inicial: la construcción de relaciones de confianza que permitan a niñas y niños sentirse protegidos mientras conocen un entorno diferente al familiar.

El documento Los procesos de adaptación y separación en la Educación Inicial, propuesto por la Secretaría de Educación Pública para el Consejo Técnico Escolar 2026-2027, invita a revisar esta cuestión desde el cuidado cariñoso y sensible, el enfoque de derechos y la continuidad de los vínculos afectivos.

Sus propósitos se orientan a reflexionar sobre el acompañamiento a niñas, niños y familias que se incorporan a los servicios durante el ciclo escolar, así como a construir ambientes afectivos que favorezcan su bienestar.

En este artículo ampliaremos esas orientaciones mediante ejemplos, propuestas de organización institucional y actividades para analizar la práctica. Nuestro interés no será establecer una duración universal del periodo de adaptación, sino comprender qué condiciones pueden favorecer una transición respetuosa y cómo reconocer las necesidades particulares de cada niña y niño.

¿Qué son los procesos de adaptación y separación en Educación Inicial?

Los procesos de adaptación y separación en Educación Inicial son las experiencias de transición mediante las cuales niñas y niños comienzan a familiarizarse con nuevos espacios, personas, rutinas y formas de cuidado, mientras construyen relaciones de confianza que les permiten afrontar progresivamente la separación temporal de sus figuras de referencia.

No se trata solamente de acostumbrarse a permanecer en un Centro de Atención Infantil (CAI). También implica reconocer nuevas voces, olores, tiempos, formas de alimentación, posibilidades de juego y relaciones con otras personas.

La adaptación involucra a niñas y niños, pero también a sus familias y a quienes trabajan en el servicio educativo. Las personas adultas necesitan conocerse, construir acuerdos y comprender cómo acompañar las necesidades de cada pequeño.

Por ello, adaptarse no significa dejar de llorar ni aceptar inmediatamente todas las rutinas institucionales. La ausencia de protesta puede tener distintas explicaciones y no permite, por sí sola, concluir que una niña o un niño se siente seguro.

Una mirada pedagógica más amplia observa cómo se construyen las relaciones, qué posibilidades existen para expresar necesidades y de qué manera el ambiente responde a ellas.

La adaptación no es responsabilidad exclusiva de la niña o el niño

Cuando hablamos de adaptación, solemos pensar en lo que la infancia necesita aprender para incorporarse al servicio educativo.

Sin embargo, también es importante preguntarnos qué necesita transformar la institución para recibir a cada niña y niño.

Un CAI cuenta con horarios, espacios, formas de organización y responsabilidades colectivas. Estas condiciones son necesarias para su funcionamiento, pero no siempre coinciden con los ritmos y experiencias familiares.

Por ejemplo, una niña puede estar acostumbrada a dormir acompañada por una persona adulta, mientras que en el servicio educativo encontrará un espacio de descanso compartido. Un niño puede necesitar determinadas formas de contacto para tranquilizarse o tener rutinas de alimentación que requieren coordinación con su familia.

La respuesta pedagógica no consiste necesariamente en reproducir todas las condiciones del hogar. Tampoco debería imponer cambios abruptos sin considerar sus posibles efectos.

El desafío es construir puentes entre ambos entornos.

¿Qué significa que la institución también se adapte?

Significa revisar qué posibilidades existen para flexibilizar ciertos tiempos, favorecer la presencia de figuras conocidas, organizar acompañamientos graduales y reconocer prácticas familiares relevantes.

También implica identificar qué condiciones institucionales no pueden modificarse y cómo explicarlas a las familias de manera clara y respetuosa.

La adaptación es un proceso de construcción compartida, no una prueba que las niñas y los niños deban superar para demostrar que están preparados.

Actividad complementaria 1. ¿Quién necesita adaptarse a quién?

Propósito: revisar las expectativas institucionales sobre el ingreso de niñas y niños.

El colectivo puede recuperar una situación de adaptación reciente y analizarla desde tres perspectivas:

PerspectivaPregunta orientadora
Niña o niño¿Qué cambios estaba experimentando y cómo expresaba sus necesidades?
Familia¿Qué preocupaciones, expectativas o condiciones enfrentaba?
Servicio educativo¿Qué ajustes se realizaron y cuáles podrían haberse considerado?

Después, puede identificar una práctica que favoreció la transición y otra que convendría revisar.

El propósito no es atribuir responsabilidades individuales, sino reconocer que la calidad del acompañamiento depende de las relaciones entre las personas y de las condiciones del servicio.

[PRÓXIMAMENTE: Periodo de adaptación en Educación Inicial: cómo organizar una incorporación gradual y respetuosa]. Este artículo de ProfJavierH desarrollará criterios para planear ingresos progresivos, organizar tiempos y construir acuerdos institucionales flexibles, sin establecer calendarios universales.

El vínculo afectivo como condición para explorar y aprender

El documento oficial recupera aportaciones de John Bowlby y Donald Winnicott para explicar la importancia de los vínculos afectivos durante los primeros años de vida.

Desde la teoría del apego, Bowlby destacó la relevancia de las relaciones con figuras cuidadoras que ofrecen protección y disponibilidad. Winnicott, por su parte, contribuyó a comprender la importancia del ambiente facilitador y del sostén emocional durante el desarrollo temprano.

Estas perspectivas permiten reconocer que el cuidado no es una actividad separada del aprendizaje.

Cuando una niña o un niño encuentra personas adultas sensibles a sus necesidades, puede desarrollar progresivamente confianza para explorar, jugar y relacionarse.

Esto no significa que todas las experiencias de separación sean perjudiciales ni que exista una única forma correcta de construir vínculos. Las niñas y los niños pueden establecer relaciones significativas con diferentes personas cuidadoras, dentro y fuera de sus familias.

Lo importante es la calidad, estabilidad y sensibilidad de esas relaciones.

El sostén emocional se construye en situaciones cotidianas

En ocasiones, pensamos que acompañar emocionalmente consiste en intervenir solamente cuando una niña o un niño llora.

Sin embargo, el vínculo se construye también durante la alimentación, el cambio de ropa, el descanso, el juego y las conversaciones.

La manera de hablar, mirar, escuchar y responder comunica a la infancia si sus necesidades son reconocidas.

Por ejemplo, cuando una agente educativa anticipa verbalmente lo que hará antes de cambiar a un bebé, observa sus reacciones y responde con sensibilidad, está construyendo una experiencia de cuidado que reconoce su participación.

Del mismo modo, cuando acompaña a un niño que busca cercanía antes de incorporarse al juego, está favoreciendo condiciones para que explore desde una relación de confianza.

Estas interacciones pueden parecer pequeñas, pero constituyen una parte fundamental de la experiencia educativa.

Actividad complementaria 2. Los momentos cotidianos también construyen vínculos

Propósito: reconocer oportunidades de acompañamiento afectivo en las rutinas del servicio.

El colectivo puede seleccionar tres momentos habituales: recepción, alimentación y descanso.

Para cada uno, analiza cómo se anticipan las acciones, qué posibilidades existen para responder a las señales infantiles y qué condiciones favorecen una relación individualizada.

La reflexión puede recuperar preguntas como: ¿hablamos con las niñas y los niños antes de realizar una acción?, ¿reconocemos sus señales de incomodidad?, ¿qué ocurre cuando necesitan más tiempo?, ¿cómo organizamos la atención cuando varias personas requieren acompañamiento simultáneo?

El ejercicio puede concluir identificando un ajuste concreto en alguna rutina.

[PRÓXIMAMENTE: Cuidado cariñoso y sensible en Educación Inicial: cómo construir vínculos desde las rutinas cotidianas]. Este artículo de ProfJavierH profundizará en las interacciones durante alimentación, higiene, descanso y juego, relacionándolas con el bienestar y la participación infantil.

Acompañar la separación sin convertir el llanto en un problema que debe eliminarse

Una de las situaciones que más inquietud genera durante la adaptación es el llanto.

Cuando una niña o un niño llora al despedirse de su figura de referencia, puede resultar difícil determinar qué necesita y cómo responder.

En algunos casos, el llanto expresa malestar ante la separación. En otros, puede relacionarse con cansancio, hambre, incomodidad, cambios de rutina o diferentes necesidades.

Por ello, conviene evitar interpretaciones automáticas.

El llanto es una forma de comunicación que requiere atención, no una conducta que deba eliminarse a cualquier costo.

Esto no significa que toda expresión de malestar indique un problema grave. Las reacciones ante las transiciones son diversas y necesitan comprenderse considerando la edad, la historia de cuidados, el contexto y la evolución de cada situación.

¿Qué puede hacer una agente educativa cuando aparece el llanto?

Una primera decisión consiste en responder con presencia y sensibilidad.

Puede acercarse, hablar con calma, ofrecer consuelo apropiado y observar qué formas de acompañamiento resultan familiares para esa niña o niño.

También puede recuperar información proporcionada por la familia: qué suele tranquilizarle, cómo expresa cansancio, qué objetos reconoce o qué situaciones le generan incomodidad.

Cuando es posible, mantener cierta continuidad entre los cuidados familiares y los del servicio puede facilitar la transición.

Sin embargo, no existe una intervención que funcione de la misma manera para todas las infancias.

Algunas necesitan contacto físico cercano; otras prefieren observar desde cierta distancia antes de aceptar una interacción. Es importante responder a sus señales y respetar sus posibilidades de participación.

No confundir silencio con bienestar

El documento oficial advierte sobre el riesgo de interpretar la desaparición del llanto como evidencia suficiente de adaptación.

Esta observación es relevante porque invita a mirar más allá de una conducta aislada.

Una niña puede dejar de llorar y, sin embargo, continuar mostrando dificultades para descansar, alimentarse o relacionarse. También puede llorar brevemente durante la despedida y después participar con tranquilidad en las experiencias del servicio.

Ninguna de estas situaciones permite establecer por sí sola un diagnóstico sobre el apego o el bienestar emocional.

La observación necesita considerar el conjunto de comportamientos, su duración, el contexto y los cambios que aparecen con el acompañamiento.

Cuando existen señales persistentes o preocupantes, conviene dialogar con la familia y recurrir a los profesionales de salud o desarrollo infantil correspondientes.

Actividad complementaria 3. Observar antes de interpretar

Propósito: fortalecer la observación pedagógica durante las separaciones.

El colectivo puede recuperar una situación real, protegiendo la identidad de la niña o el niño, y distinguir entre lo observado y las interpretaciones realizadas.

Lo que observamosLo que necesitamos comprender
Llora durante la despedida.¿Qué ocurre después? ¿Qué formas de consuelo acepta?
Rechaza temporalmente una actividad.¿Se relaciona con cansancio, incomodidad o necesidad de cercanía?
Busca constantemente a una persona adulta.¿Qué condiciones favorecen que explore con mayor confianza?
Modifica sus hábitos de descanso.¿Qué información puede aportar la familia y qué seguimiento se requiere?

La actividad puede ayudar a evitar etiquetas como «consentido», «difícil» o «no se adapta».

[PRÓXIMAMENTE: Llanto y ansiedad por separación en la primera infancia: cómo comprender y acompañar las señales infantiles]. Este artículo de ProfJavierH distinguirá respuestas esperables durante las transiciones, necesidades de acompañamiento y situaciones que requieren valoración especializada, evitando diagnósticos simplificados.

La continuidad de los cuidados: construir puentes entre el hogar y el servicio educativo

Uno de los conceptos centrales del documento oficial es la continuidad del ser, recuperado del Programa Sintético de la Fase 1.

Esta perspectiva reconoce la importancia de ofrecer ambientes físicos, afectivos y lúdicos que permitan a niñas y niños integrar sus experiencias y mantener una sensación de continuidad en sus relaciones significativas.

En la práctica, esto exige conocer cómo son sus cuidados cotidianos.

Las entrevistas iniciales pueden aportar información sobre alimentación, descanso, formas de comunicación, preferencias, personas significativas y estrategias familiares de consuelo.

Sin embargo, esta información pierde valor si solamente se registra en un expediente y no orienta las decisiones del equipo educativo.

Ejemplo: cuando las rutinas familiares son diferentes

Imaginemos que un niño suele dormir después de escuchar una canción que su familia utiliza cotidianamente.

Al ingresar al CAI, el momento de descanso puede resultarle desconocido. La agente educativa podría recuperar esa canción, si es viable, como una forma de ofrecer continuidad afectiva.

Con el tiempo, el niño puede construir nuevas asociaciones con el espacio y las personas del servicio.

La intención no es reproducir indefinidamente todas las rutinas familiares, sino reconocer cuáles pueden funcionar como puentes durante la transición.

La continuidad también requiere comunicación entre agentes educativos

En algunos servicios, niñas y niños interactúan con varias personas adultas a lo largo de la jornada.

Por ello, es importante que la información relevante sobre sus necesidades no dependa exclusivamente de una sola agente educativa.

El equipo puede construir acuerdos para comunicar cambios significativos, estrategias de consuelo y observaciones importantes.

Esta coordinación debe respetar la privacidad de las familias y limitar el intercambio de información a lo necesario para el cuidado y acompañamiento.

Actividad complementaria 4. Nuestro mapa de continuidad de cuidados

Propósito: identificar prácticas que favorezcan la relación entre hogar y servicio educativo.

El colectivo puede revisar cómo recupera y utiliza la información proporcionada por las familias.

DimensiónInformación útil para acompañar
ConsueloFormas habituales de tranquilizar a la niña o el niño.
ComunicaciónGestos, sonidos, palabras o señales significativas.
DescansoRitmos, preferencias y condiciones de sueño.
AlimentaciónRutinas y necesidades relevantes para su cuidado.
JuegoObjetos, actividades e intereses familiares.
VínculosPersonas de referencia y experiencias previas de cuidado.

Después, puede identificar qué información necesita actualizar y cómo utilizarla de manera pertinente.

[PRÓXIMAMENTE: Continuidad de los cuidados en Educación Inicial: cómo conectar las experiencias del hogar y del CAI]. Este artículo de ProfJavierH desarrollará estrategias de comunicación, documentación y coordinación entre familias y equipos educativos.

La crianza compartida no significa sustituir a las familias

El documento oficial invita a revisar la crianza compartida como parte de los procesos de adaptación.

Esta perspectiva reconoce que el cuidado y la educación durante los primeros años se construyen mediante relaciones entre familias, comunidades y servicios educativos.

Sin embargo, la crianza compartida no debería interpretarse como una transferencia completa de responsabilidades de un entorno a otro.

Las familias poseen conocimientos fundamentales sobre sus hijas e hijos. Los servicios educativos, por su parte, cuentan con responsabilidades pedagógicas, institucionales y de protección que necesitan desarrollarse profesionalmente.

La colaboración surge cuando ambos espacios pueden dialogar, compartir información y construir acuerdos respetuosos.

Escuchar a las familias sin juzgar sus prácticas

Las formas de crianza son diversas y están relacionadas con condiciones culturales, laborales, económicas y familiares.

Una familia puede disponer de poco tiempo para acompañar el ingreso debido a sus responsabilidades de trabajo. Otra puede contar con una red de apoyo amplia, mientras que algunas enfrentan condiciones que dificultan la organización de horarios.

Estas diferencias no deberían convertirse automáticamente en juicios sobre el compromiso familiar.

El servicio educativo puede buscar alternativas viables y explicar con claridad qué condiciones necesita para favorecer una transición segura.

Al mismo tiempo, el respeto a la diversidad de prácticas de crianza no implica renunciar a la protección de los derechos de niñas y niños.

Cuando una práctica representa un riesgo para su bienestar, corresponde actuar conforme a los protocolos institucionales y las responsabilidades de protección.

Actividad complementaria 5. ¿Qué escuchamos y qué comunicamos a las familias?

Propósito: revisar la calidad del diálogo durante la adaptación.

El colectivo puede analizar cómo se desarrollan las entrevistas iniciales y las conversaciones cotidianas.

Conviene distinguir entre preguntas destinadas únicamente a completar registros y aquellas que ayudan a comprender las necesidades de cada niña o niño.

También puede revisar cómo comunica las dificultades: ¿se describen situaciones concretas o se utilizan etiquetas?, ¿se reconocen los avances?, ¿se ofrecen alternativas de colaboración?, ¿se escuchan las preocupaciones familiares?

La actividad puede concluir con acuerdos para fortalecer una comunicación clara, respetuosa y continua.

[PRÓXIMAMENTE: Crianza compartida en Educación Inicial: cómo construir acuerdos entre familias y agentes educativos]. Este artículo de ProfJavierH abordará la corresponsabilidad, la diversidad familiar y las estrategias de diálogo durante los primeros años.

El tiempo de adaptación no debería convertirse en una fecha límite universal

El documento oficial reconoce que el tiempo constituye una dimensión importante de los procesos de adaptación.

No todas las niñas y los niños necesitan el mismo periodo para familiarizarse con un espacio, construir confianza con nuevas personas o participar en experiencias grupales.

Por ello, establecer una fecha rígida a partir de la cual todas las infancias deberían mostrar las mismas conductas puede resultar poco pertinente.

La duración del acompañamiento necesita considerar las características individuales, la disponibilidad de las familias, las condiciones institucionales y las respuestas observadas.

Una incorporación gradual requiere planificación

La flexibilidad no significa improvisación.

El equipo puede anticipar posibilidades de ingreso progresivo, organizar la presencia de personas de referencia, distribuir responsabilidades y establecer momentos para revisar cómo avanza cada transición.

También necesita explicar a las familias qué alternativas existen y cuáles son los límites organizativos del servicio.

La incorporación gradual no siempre podrá realizarse de la misma manera. En algunos contextos, las condiciones laborales o familiares pueden dificultarla.

En esos casos, conviene buscar otras formas de fortalecer la continuidad afectiva y la disponibilidad de las personas cuidadoras.

Actividad complementaria 6. Revisar nuestros criterios de adaptación

Propósito: analizar cómo se decide que una niña o un niño necesita continuar recibiendo acompañamiento específico.

El colectivo puede revisar si utiliza criterios centrados únicamente en el tiempo transcurrido o si considera observaciones más amplias.

Por ejemplo, puede analizar cómo evoluciona la relación con las personas cuidadoras, qué posibilidades existen para explorar, cómo se desarrollan las rutinas y qué necesidades continúan presentes.

Estos aspectos no deben convertirse en una lista rígida para aprobar o reprobar la adaptación.

Su función es orientar decisiones y reconocer cuándo conviene modificar las estrategias de acompañamiento.

El bienestar emocional también depende de las condiciones institucionales

La adaptación suele abordarse desde las habilidades de las y los agentes educativos para responder de manera sensible.

Esta dimensión es fundamental, pero no suficiente.

La calidad del acompañamiento también depende de condiciones como la organización de grupos, la disponibilidad de personal, la estabilidad de las figuras cuidadoras, los tiempos de atención y la coordinación institucional.

Una agente educativa puede reconocer que un niño necesita mayor cercanía y, al mismo tiempo, encontrarse atendiendo a varias niñas y niños con necesidades simultáneas.

Esta situación no puede analizarse únicamente como una dificultad individual.

Requiere revisar cómo se organiza el servicio y qué apoyos pueden construirse colectivamente.

El acompañamiento pedagógico también incluye cuidar a quienes cuidan

Las figuras directivas y de supervisión pueden favorecer espacios donde los equipos analicen experiencias de adaptación, compartan estrategias y reconozcan dificultades institucionales.

El propósito no es evaluar exclusivamente si las niñas y los niños dejaron de llorar, sino comprender qué condiciones están favoreciendo su bienestar.

También puede resultar necesario revisar protocolos, fortalecer la comunicación entre turnos o gestionar apoyos especializados cuando corresponda.

Estas acciones forman parte de una mirada sistémica del acompañamiento pedagógico.

Para profundizar en esta perspectiva, puede consultarse Acompañamiento pedagógico para directivos y supervisores y Comunidades de aprendizaje docentes.

Actividad complementaria 7. Las condiciones que sostienen el cuidado

Propósito: reconocer necesidades institucionales que influyen en la adaptación.

El colectivo puede identificar una situación que haya dificultado el acompañamiento durante el ingreso de niñas y niños.

Después, distingue entre decisiones que pueden modificarse dentro del grupo, acuerdos que requieren coordinación institucional y necesidades que deben comunicarse a otras autoridades o servicios.

Esta distinción permite evitar que todas las dificultades se atribuyan a las familias o a las agentes educativas.

El ejercicio puede concluir con una acción viable y una forma de seguimiento.

Recuperar el aprendizaje del CTE: de las observaciones a los acuerdos

En las páginas 5 y 6, el documento oficial propone revisar el diagnóstico socioeducativo y el Programa Analítico, así como observar situaciones que aparecen durante la adaptación.

También invita a considerar entrevistas iniciales, primer día en el CAI, separación progresiva, crianza compartida, trabajo colaborativo, ambientes de aprendizaje y vigilancia médica y nutricional.

Podemos complementar esa propuesta mediante un ejercicio que ayude a relacionar las observaciones con decisiones pedagógicas.

Actividad complementaria 8. Una transición, tres aprendizajes profesionales

Propósito: recuperar experiencias para fortalecer el acompañamiento institucional.

Cada participante puede seleccionar una experiencia de adaptación y reconstruirla sin incluir datos que permitan identificar a la niña, el niño o su familia.

La reflexión puede organizarse alrededor de tres preguntas:

  1. ¿Qué aprendimos sobre las necesidades de esta niña o niño? Conviene recuperar señales, intereses, formas de comunicación y respuestas a distintas estrategias de acompañamiento.

  2. ¿Qué aprendimos sobre nuestra intervención? Se pueden reconocer decisiones que favorecieron la confianza y otras que sería pertinente modificar.

  3. ¿Qué aprendimos sobre las condiciones del servicio? Es importante identificar apoyos, acuerdos o ajustes institucionales que podrían fortalecer futuras transiciones.

El colectivo puede recuperar los hallazgos comunes y definir una acción de mejora.

No se trata de construir un nuevo expediente, sino de utilizar la experiencia para transformar la práctica.

Este ecosistema educativo se mantiene gracias a la comunidad.
Si te ha servido, puedes contribuir a que continúe.

Preguntas para continuar la reflexión

  • ¿Qué entendemos por adaptación y qué conductas solemos utilizar para reconocerla?

  • ¿Cómo respondemos cuando una niña o un niño necesita más tiempo para construir confianza?

  • ¿Qué prácticas institucionales favorecen la continuidad entre los cuidados familiares y los del servicio?

  • ¿En qué momentos confundimos la ausencia de llanto con bienestar emocional?

  • ¿Cómo incorporamos los conocimientos de las familias sin juzgar sus condiciones o formas de crianza?

  • ¿Qué posibilidades tenemos para flexibilizar tiempos y rutinas de manera responsable?

  • ¿Cómo influyen las condiciones laborales y organizativas en la disponibilidad afectiva de las personas cuidadoras?

  • ¿Qué necesitamos aprender como colectivo para acompañar mejor las separaciones?

  • ¿Cómo podemos valorar la calidad de la adaptación sin convertirla en una lista rígida de conductas esperadas?

Reflexión final: acompañar la separación también significa construir continuidad

Los procesos de adaptación y separación nos recuerdan que la Educación Inicial no comienza cuando una niña o un niño participa en una actividad pedagógica previamente organizada.

Comienza también cuando alguien reconoce su mirada, escucha su llanto, comprende sus gestos, anticipa una acción de cuidado o construye una relación de confianza con su familia.

Estas experiencias forman parte de la vida educativa porque el desarrollo emocional, la exploración y el aprendizaje se encuentran profundamente relacionados.

Desde la Nueva Escuela Mexicana, reconocer a niñas y niños como sujetos de derechos, de vínculo y de aprendizaje exige construir ambientes donde sus necesidades sean escuchadas y donde la organización institucional no desplace el sentido humano del cuidado.

Esto no significa que la adaptación pueda desarrollarse sin dificultades. Las separaciones forman parte de muchas experiencias familiares y educativas, y cada transición presenta condiciones particulares.

El desafío consiste en comprenderlas y acompañarlas sin reducirlas a un problema de conducta ni responsabilizar exclusivamente a quienes las viven.

Quizá una pregunta que merece permanecer abierta en nuestros colectivos sea qué necesita transformar la institución para que cada niña y niño pueda construir confianza sin tener que renunciar abruptamente a las formas de cuidado que le resultan significativas.

Fuentes y materiales de referencia

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