Por mí y por todos mis amigos: actividad para trabajar la solidaridad en preescolar
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La solidaridad no consiste solamente en ayudar a alguien cuando tiene un problema. También implica reconocer que formamos parte de una comunidad y que nuestras acciones pueden contribuir al bienestar y la participación de otras personas.
Actualizado 09/09/26
¿Cómo enseñar solidaridad en preescolar?
“Yo primero”.
“Ese es mío”.
“Yo gané”.
Son expresiones completamente comprensibles durante la infancia.
Niñas y niños están aprendiendo a reconocer sus necesidades, expresar lo que quieren, establecer límites y construir su identidad.
Pero al mismo tiempo están descubriendo algo más:
vivimos con otras personas.
Compartimos materiales.
Jugamos.
Esperamos turnos.
Necesitamos ayuda.
A veces podemos ofrecerla.
Tomamos decisiones que no solamente tienen consecuencias para nosotros, sino también para quienes forman parte del grupo.
La Ficha 24. Por mí y por todos mis amigos, incluida en el Fichero de actividades didácticas para promover la cultura de paz en y desde nuestra escuela de la Secretaría de Educación Pública, utiliza un juego tradicional para introducir precisamente esta idea.
El punto de partida es Bote pateado y una frase conocida del juego:
“Uno, dos, tres, por mí y por todos mis compañeros”.
La ficha recupera ese momento para plantear una pregunta que puede parecer sencilla, pero tiene mucho potencial pedagógico:
¿qué ocurre cuando nuestras acciones no buscan solamente beneficiarnos a nosotros, sino también a los demás?
¿Qué trabaja la ficha Por mí y por todos mis amigos?
Por mí y por todos mis amigos es una actividad para preescolar que utiliza el juego, la conversación y situaciones cotidianas para ayudar a niñas y niños a comprender la solidaridad como una forma de actuar considerando tanto las propias necesidades como el bienestar de otras personas y de la comunidad.
El propósito establecido en la ficha es que niñas y niños:
identifiquen y desarrollen acciones solidarias que permitan una sana convivencia y el logro de metas comunes.
La ficha pertenece a la línea Reconocimiento y valoración de la diversidad.
Esto es interesante porque permite comprender que valorar la diversidad no consiste únicamente en reconocer que somos diferentes.
También implica preguntarnos:
¿cómo construimos condiciones para convivir, colaborar y participar juntos siendo diferentes?
Ahí la solidaridad adquiere un sentido pedagógico más profundo.
¿Qué significa solidaridad para niñas y niños?
Podemos explicar la solidaridad como la disposición a actuar junto con otras personas o en favor de ellas cuando existe una necesidad, dificultad o propósito compartido, reconociendo que nuestras acciones pueden contribuir al bienestar común.
En preescolar no necesitamos comenzar con esta definición.
Podemos construirla desde experiencias concretas:
- compartir un material cuando alguien lo necesita;
- ayudar a recoger algo que se cayó;
- explicar a un compañero lo que ocurrió cuando faltó;
- colaborar para ordenar el salón;
- acompañar a alguien;
- participar en una tarea común;
- o buscar juntos una solución a un problema.
Sin embargo, hay una diferencia importante:
solidaridad no es simplemente “ser bueno”.
Tampoco consiste en hacer todo por los demás.
La solidaridad aparece cuando comenzamos a reconocer que lo que le ocurre a otra persona también puede convocarnos a actuar.
Solidaridad, ayuda y colaboración no son exactamente lo mismo
Con niñas y niños no necesitamos convertir estas diferencias en definiciones teóricas, pero para la intervención docente sí pueden ayudarnos.
Ayudar puede ser una acción puntual: recojo algo que se le cayó a un compañero.
Colaborar implica participar con otras personas para realizar algo: construimos juntos un mural.
Solidarizarnos añade una dimensión relacional: reconocemos una situación que afecta a alguien o a nuestra comunidad y decidimos involucrarnos.
Las tres pueden encontrarse en una misma experiencia.
Lo importante es evitar reducir la solidaridad a:
“dar cosas a quien tiene menos”.
También puede significar:
acompañar, compartir responsabilidades, defender la participación de alguien, colaborar o actuar colectivamente frente a una necesidad.
Materiales para realizar Por mí y por todos mis amigos
Para la actividad principal, la ficha propone:
- un bote o botella de plástico para jugar Bote pateado;
- un espacio adecuado para realizar el juego;
- el video explicativo de Bote pateado, en caso de que sea necesario recordar sus reglas;
- y el cuento en video Hace frío, como apoyo para conversar sobre solidaridad cuando el grupo necesite otros ejemplos.
Para la primera variante propone:
- varias sillas para simular un autobús;
- y un aro que funcione como volante.
La duración estimada de la ficha es de aproximadamente 30 minutos.
Como en las fichas anteriores, el tiempo puede adaptarse a las características del grupo y a la conversación que vaya surgiendo.
Cómo realizar la actividad Por mí y por todos mis amigos
1. Recuperen el juego Bote pateado
Antes de comenzar, asegúrate de conocer las reglas del juego.
La ficha incluso propone consultar un video explicativo si fuera necesario.
Después invita al grupo a jugar.
Aquí no necesitamos comenzar explicando:
“Hoy aprenderemos qué es la solidaridad”.
Podemos permitir primero que exista la experiencia.
Que jueguen.
Que intenten salvarse.
Que reaccionen.
Que aparezca la emoción propia del juego.
La reflexión vendrá después.
2. Conversen sobre lo que ocurrió
Cuando consideres que existe suficiente experiencia para conversar, reúne al grupo.
La ficha propone comenzar con preguntas sencillas:
¿Les gustó el juego?
¿Ya lo conocían?
Podemos agregar:
¿Qué querían lograr durante el juego?
¿Qué pasaba cuando alguien era descubierto?
¿Alguien ayudó a otra persona?
¿Qué sintieron cuando alguien consiguió salvar a varios compañeros?
Estas preguntas ayudan a reconstruir la experiencia antes de introducir una interpretación.
3. Recuperen la frase “por mí y por todos mis compañeros”
Este es el momento central de la ficha.
La SEP propone dirigir la atención hacia la persona que consigue salvar al grupo diciendo:
“Uno, dos, tres, por mí y por todos mis compañeros”.
La ficha la presenta simbólicamente como una especie de “héroe”, porque su acción no busca únicamente su propia salvación, sino también la de sus amigos.
Podemos aprovechar la frase para preguntar:
¿Podía salvarse solamente a sí mismo?
¿Qué decidió hacer?
¿Qué cambió para los demás gracias a su acción?
¿Alguna vez ustedes han hecho algo que también ayudó a otras personas?
La intención es comenzar a desplazar la mirada desde:
“¿qué gano yo?”
hacia:
“¿qué podemos conseguir juntos?”
4. Busquen ejemplos de solidaridad en la vida cotidiana
La ficha propone pedir a niñas y niños que recuerden otras situaciones en las que nuestras acciones consideran tanto nuestras necesidades como las de nuestros amigos.
Aquí conviene partir de situaciones cercanas.
Por ejemplo:
Una compañera faltó a clases y al regresar no sabe qué hicieron.
¿Qué podríamos hacer?
O:
Solamente queda una caja de colores y dos equipos la necesitan.
¿Qué opciones tenemos?
O:
Un compañero está intentando guardar muchos materiales y no puede hacerlo solo.
¿Qué podríamos hacer?
También podemos preguntar:
¿Alguna vez alguien hizo algo por ustedes cuando necesitaban ayuda?
Esto permite que la solidaridad no aparezca solamente desde el lugar de quien ayuda.
Todas las personas podemos necesitar apoyo en distintos momentos.
5. Utiliza el cuento Hace frío si necesitas ampliar la conversación
Si al grupo le cuesta encontrar ejemplos, la ficha propone utilizar el cuento Hace frío, relacionado con una familia de ardillas, y preguntar si han vivido alguna experiencia semejante.
El cuento funciona como mediador.
A veces resulta difícil responder directamente:
“¿Cuándo has sido solidario?”
Pero podemos analizar primero una historia.
¿Qué necesitaban los personajes?
¿Quién se dio cuenta?
¿Qué hizo?
¿Podía resolverlo una sola persona?
¿Qué habría ocurrido si nadie hubiera querido involucrarse?
Después podemos regresar a la experiencia del grupo.
6. Reconozcan acciones solidarias que ya existen en la escuela
La ficha también propone recuperar ejemplos de solidaridad dentro de la propia comunidad escolar.
Entre ellos menciona situaciones como:
- cuando una educadora recibe al grupo de otra compañera ausente;
- cuando alguien ayuda a un estudiante que faltó a ponerse al corriente;
- o cuando se comparten materiales.
Este punto me parece especialmente valioso.
Muchas veces enseñamos valores mediante situaciones ideales:
“debemos ayudar”;
“debemos compartir”;
“debemos ser solidarios”.
Pero podemos hacer algo diferente:
buscar dónde ya está ocurriendo la solidaridad.
¿Quién ayuda a colocar los materiales?
¿Qué hacemos cuando alguien se lastima?
¿Quién explica las reglas de un juego a quien acaba de integrarse?
¿Qué hacemos cuando falta algo para realizar una actividad?
Reconocer esas acciones ayuda a comprender que la solidaridad no es solamente un concepto.
Es una práctica que ya forma parte de la vida cotidiana.
7. Representen las acciones mediante dibujos
La ficha propone que niñas y niños representen mediante dibujos los ejemplos de solidaridad que hayan identificado.
Aquí el dibujo no funciona solamente como producto final.
Puede ayudarnos a conocer cómo están interpretando el concepto.
Mientras dibujan podemos preguntar:
¿Qué está pasando aquí?
¿Quién necesitaba apoyo?
¿Qué hizo la otra persona?
¿Cómo cambió la situación?
La explicación del dibujo puede decirnos mucho más que el dibujo por sí mismo.
¿Qué observar durante la actividad?
Además de desarrollar la ficha, podemos utilizarla para comprender algunas dinámicas del grupo.
Quiénes reconocen las necesidades de otras personas
¿Niñas y niños identifican cuando alguien necesita apoyo?
¿Solamente cuando el docente lo señala?
Cómo entienden la ayuda
¿Ayudar significa hacer todo por alguien?
¿Compartir?
¿Acompañar?
¿Preguntar?
¿Trabajar juntos?
A quiénes consideran sus “amigos”
La frase del juego habla de “todos mis amigos”.
Podemos observar cómo interpreta esto el grupo.
¿La solidaridad aparece solamente hacia quienes forman parte del círculo cercano?
¿También pueden pensar en alguien con quien juegan poco?
¿En otro grupo?
¿En personas de la comunidad?
Esta observación puede abrir una pregunta importante:
¿necesitamos ser amigos de alguien para actuar solidariamente?
Solidaridad no significa ayudar solamente a nuestros amigos
El título de la ficha es muy potente, pero también podemos ampliarlo.
Es comprensible que durante la infancia la solidaridad aparezca primero vinculada a relaciones cercanas:
familia;
amigos;
compañeros.
Pero progresivamente podemos ayudar a extenderla.
No necesitamos conocer personalmente a alguien para reconocer que enfrenta una necesidad.
Por eso podemos preguntar:
¿Podemos ayudar a alguien aunque no sea nuestro amigo?
¿Podemos cuidar algo que utilizan personas que no conocemos?
¿Podemos colaborar para mejorar nuestra escuela aunque el beneficio no sea solamente para nuestro grupo?
La solidaridad comienza entonces a adquirir una dimensión comunitaria.
El cierre de la ficha: construir juntos una definición de solidaridad
La propuesta oficial tiene un cierre especialmente interesante.
En lugar de ofrecer al grupo una definición terminada, pide que niñas y niños expliquen con sus propias palabras qué significa solidaridad.
El docente registra las ideas y, a partir de ellas, construye con el grupo una definición común. Después se coloca en un cartel durante una semana.
Me parece importante conservar esta lógica.
No comenzar con:
“Solidaridad significa…”
Sino terminar preguntando:
Después de todo lo que hicimos, ¿qué creen que significa ser solidarios?
Pueden aparecer respuestas como:
“ayudar”;
“compartir”;
“no dejar solo a alguien”;
“hacer algo juntos”;
“prestar”;
“cuidar”.
Podemos organizar esas ideas sin buscar una definición académicamente perfecta.
La definición tiene valor precisamente porque surge de la experiencia compartida.
Del cartel a la vida cotidiana: una semana de solidaridad
La ficha propone mantener el cartel durante una semana e invitar a niñas y niños a realizar acciones solidarias con:
- amigos;
- hermanos;
- vecinos;
- y otras personas.
Aquí podemos hacer una ampliación sencilla.
Durante esa semana podemos reservar algunos minutos para preguntar:
¿Vimos hoy alguna acción solidaria?
No hace falta convertirlo en una competencia ni llevar un marcador.
Evitaría cosas como:
“El alumno más solidario de la semana”.
Eso transformaría una práctica comunitaria en reconocimiento individual.
Es más coherente preguntar:
¿Qué hicimos hoy como grupo que ayudó a alguien o nos permitió conseguir algo juntos?
La solidaridad deja entonces de ser una cualidad de “los niños buenos” y empieza a convertirse en una práctica colectiva que podemos aprender.
Primera variante: Un paseo en autobús
La primera variante transforma el aula en un autobús.
La ficha propone organizar sillas en hileras, elegir a una niña o niño como conductor y utilizar un aro como volante. Después presenta diferentes situaciones.
Por ejemplo:
- sube una persona mayor y no quedan asientos;
- va a bajar una persona ciega;
- sube una mujer con un bebé;
- sube una mujer embarazada;
- o entra una persona acompañada de niñas o niños pequeños.
La pregunta es:
¿qué harían?
Pero la parte pedagógicamente más interesante viene después:
¿por qué?
Cuidado con enseñar solidaridad como paternalismo
Aquí conviene trabajar la variante con cierto cuidado.
No queremos que niñas y niños concluyan:
“Hay personas débiles y nosotros tenemos que hacer todo por ellas”.
Podemos enseñar algo más matizado:
observar → preguntar → escuchar → ofrecer apoyo cuando sea necesario.
Por ejemplo, frente a una persona ciega no necesitamos asumir automáticamente qué ayuda requiere.
Podemos preguntar:
¿Necesita ayuda?
¿Cómo podríamos ofrecerla sin decidir por ella?
Esto conecta con lo que trabajamos en la Ficha 22. Gallinita ciega: inclusión no significa sustituir la autonomía de otra persona, sino construir condiciones que favorezcan su participación.
También podemos preguntar en la situación del autobús:
¿Hay una sola respuesta correcta?
Quizá varias personas podrían levantarse.
Alguien podría preguntar.
El conductor podría intervenir.
Las personas podrían reorganizarse.
La solidaridad también implica pensar colectivamente las soluciones.
Segunda variante: solidaridad ante una emergencia
La segunda variante amplía considerablemente la escala.
La ficha propone conversar sobre desastres naturales como ciclones, tormentas, terremotos o tsunamis y pensar en acciones para apoyar a las personas afectadas.
Sugiere utilizar imágenes que no resulten traumáticas para niñas y niños y, ante alguna situación pertinente, pensar en campañas de apoyo mediante donativos.
Aquí mantendría dos cuidados.
No utilizar el sufrimiento para provocar culpa
No necesitamos imágenes impactantes para enseñar solidaridad.
La propia ficha advierte que las imágenes deben seleccionarse cuidadosamente.
Podemos explicar:
“Hay familias que después de una tormenta necesitan recuperar algunas cosas. ¿Qué podría hacer una comunidad para apoyarlas?”
No reducir toda solidaridad a donar objetos
Donar puede ser una forma de solidaridad.
Pero también existen otras:
- organizar;
- informar;
- acompañar;
- colaborar;
- compartir espacios;
- cuidar recursos;
- participar en acciones comunitarias.
La solidaridad es más amplia que una colecta.
¿Cuándo una campaña realmente tiene sentido?
La ficha propone que, si existe un caso pertinente, el grupo piense en acciones de apoyo y que las familias y la comunidad escolar puedan participar.
Aquí evitaría organizar una campaña ficticia solamente para completar la actividad.
Si existe una necesidad real y una vía responsable para hacer llegar el apoyo, puede tener mucho sentido.
Si no existe, podemos quedarnos en la reflexión.
Una acción solidaria no necesita inventar una necesidad para demostrar que aprendimos solidaridad.
Solidaridad y diversidad: ¿qué relación tienen?
Puede llamar la atención que esta ficha se encuentre dentro de Reconocimiento y valoración de la diversidad y no en una sección denominada simplemente “valores”.
Tiene sentido.
Un grupo diverso reúne personas con:
- necesidades diferentes;
- capacidades distintas;
- experiencias;
- conocimientos;
- condiciones;
- ritmos;
- formas de participar;
- y recursos diferentes.
Convivir en esa diversidad implica reconocer que no todas las personas necesitarán exactamente lo mismo en todo momento.
La solidaridad permite responder a esa diferencia sin convertirla automáticamente en desigualdad o exclusión.
Esto conecta con el trabajo sobre estrategias de inclusión educativa: construir participación no significa ofrecer mecánicamente lo mismo a todas las personas, sino observar qué condiciones y apoyos pueden necesitarse en una situación determinada.
Solidaridad no es caridad ni sacrificio permanente
Hay una idea que vale la pena cuidar incluso desde edades tempranas.
Ser solidario no significa:
dar siempre todo lo que tenemos;
ignorar nuestras propias necesidades;
hacer lo que otra persona puede hacer por sí misma;
ni responsabilizarnos individualmente de todos los problemas.
La frase del juego es interesante precisamente porque dice:
“por mí y por todos”.
No:
“por todos menos por mí”.
Podemos cuidar a otras personas sin desaparecer nosotros.
Podemos colaborar sin asumir toda la responsabilidad.
Podemos pedir ayuda y también ofrecerla.
Una comunidad solidaria funciona en ambas direcciones.
Errores que conviene evitar al trabajar esta ficha
Convertir solidaridad en obediencia
Un niño no es “poco solidario” simplemente porque no quiere prestar cualquier objeto en cualquier momento.
También necesita aprender límites, pertenencias y autonomía.
Podemos enseñar a compartir sin negar el derecho a decir no.
Premiar al “más solidario”
Si convertimos la solidaridad en puntos, estrellas o reconocimientos individuales, podemos desplazar su sentido hacia:
“ayudo para que me reconozcan”.
La ficha funciona mejor cuando miramos lo que conseguimos como comunidad.
Obligar a ayudar
La solidaridad necesita construirse mediante comprensión y participación, no solamente mediante órdenes:
“Ve a ayudarlo porque tienes que ser solidario”.
Podemos preguntar:
¿Qué está ocurriendo? ¿Crees que necesita algo? ¿Qué podríamos hacer?
Confundir ayuda con hacer las cosas por otra persona
En ocasiones ayudar significa acompañar.
En otras, preguntar.
En otras, facilitar un recurso.
Y algunas veces significa no intervenir porque la persona puede resolverlo por sí misma.
Utilizar necesidades ajenas para provocar lástima
La solidaridad no necesita construirse desde:
“Pobrecitos, ellos no tienen”.
Podemos hablar de necesidades, derechos y colaboración sin reducir a otras personas a su dificultad.
Dejar la solidaridad en el mural
El cartel puede ser útil.
Pero el aprendizaje aparece cuando la palabra comienza a tener relación con las decisiones cotidianas del grupo.
¿Cómo trabajar la ficha con el colectivo docente?
La propuesta oficial invita a utilizar un espacio del Consejo Técnico Escolar para reflexionar sobre qué características hacen inclusiva a una escuela y qué tan cerca se encuentra el centro de construirlas.
La ficha menciona condiciones como:
- aceptación;
- comprensión;
- adaptaciones curriculares, metodológicas y de infraestructura;
- buen trato;
- y expectativas de desarrollo de acuerdo con las potencialidades del alumnado.
Podemos ampliar la conversación con una pregunta:
¿La solidaridad de nuestra escuela depende solamente de la buena voluntad individual o también está incorporada en nuestra organización?
Por ejemplo:
¿Qué ocurre cuando un docente necesita apoyo?
¿Qué hacemos cuando un estudiante falta durante varios días?
¿Cómo recibimos a alguien que se incorpora a mitad del ciclo?
¿Cómo compartimos recursos?
¿Cómo respondemos ante una necesidad que afecta a varios grupos?
¿Qué barreras requieren una respuesta colectiva y no solamente el esfuerzo de una persona?
Aquí la solidaridad deja de ser solamente un valor que enseñamos.
También se convierte en una pregunta sobre cómo funciona nuestra escuela.
¿Cómo continuar la actividad con las familias?
La ficha propone invitar a madres, padres y tutores a observar el mural construido por niñas y niños y compartir otras situaciones relacionadas con:
- solidaridad;
- amistad;
- y apoyo mutuo.
También plantea identificar alguna problemática de la comunidad que pudiera abordarse mediante una acción solidaria y, cuando resulte pertinente, organizar una propuesta en la que participen las familias.
Podemos comenzar con algo muy sencillo:
¿Qué acciones hacemos en nuestra familia que benefician a todos?
¿Cuándo hemos necesitado ayuda de otras personas?
¿Cuándo hemos podido ofrecerla?
¿Hay algo en nuestra comunidad que podríamos mejorar colaborando?
Esto permite que niñas y niños descubran que la solidaridad no vive solamente dentro de la escuela.
De la actividad a una cultura de solidaridad
Una actividad puede ayudarnos a nombrar la solidaridad.
Pero una cultura solidaria se construye mediante experiencias repetidas.
Cuando un grupo aprende que:
puede pedir ayuda sin sentirse menos;
puede ofrecerla sin sentirse superior;
puede colaborar sin competir siempre;
puede reconocer necesidades diferentes;
y puede construir soluciones compartidas,
estamos trabajando algo más amplio que un valor aislado.
Estamos construyendo sentido de comunidad.
El propio fichero señala que en un aula inclusiva la colaboración permite aprender también de los iguales y que la solidaridad puede convertirse en un espacio para intercambiar ideas, saberes y actitudes orientadas al servicio del grupo y la comunidad.
Por eso esta ficha puede integrarse dentro de una ruta más amplia. La Serie Fichero de actividades de cultura de paz SEP reúne las actividades y permite utilizarlas de acuerdo con las necesidades reales del grupo, en lugar de trabajarlas como dinámicas aisladas.
La ruta que estamos construyendo con las fichas 21 a 24
Estas cuatro fichas comienzan a formar una progresión interesante.
En Hablemos de las nubes trabajamos el reconocimiento de las diferencias.
En Gallinita ciega, las condiciones y apoyos que pueden facilitar la participación.
En Las apariencias engañan, cómo nuestras interpretaciones sobre las diferencias pueden convertirse en prejuicios.
Y ahora, en Por mí y por todos mis amigos, aparece otra dimensión:
¿qué hacemos cuando reconocemos que compartimos la vida con personas diferentes y que nuestras acciones también pueden afectar su bienestar?
La progresión podría expresarse así:
reconocer la diferencia → favorecer la participación → cuestionar el prejuicio → construir solidaridad.
Ya no son solamente cuatro juegos.
Empiezan a construir una pequeña ruta para pensar cómo vivimos con otros.
Este ecosistema educativo se mantiene gracias a la comunidad.
Si te ha servido, puedes contribuir a que continúe.
Preguntas para reflexionar sobre la práctica
- ¿Qué entienden actualmente mis estudiantes por ayudar?
- ¿Reconocen cuándo otra persona necesita apoyo o esperan siempre que lo indique un adulto?
- ¿La solidaridad del grupo aparece solamente entre amigos cercanos?
- ¿Qué ocurre cuando alguien pide ayuda?
- ¿Permitimos también que niñas y niños digan que no cuando necesitan establecer un límite?
- ¿Estamos enseñando a ayudar o también a preguntar qué necesita la otra persona?
- ¿Qué acciones solidarias ya existen en nuestro grupo y no hemos reconocido?
- ¿Qué necesidades requieren una respuesta colectiva?
- ¿Cómo podemos evitar que la solidaridad se convierta en paternalismo?
- ¿Qué podríamos cambiar en nuestra organización para depender menos de actos individuales y construir más apoyo mutuo?
Reflexión final: del “por mí” al “por nosotros”
Aprender a reconocer nuestras propias necesidades es importante.
También lo es aprender a cuidar nuestros límites.
La solidaridad no debería pedirnos desaparecer en favor de los demás.
Pero vivir con otras personas nos coloca frente a otra realidad:
no todo termina en nosotros.
Una decisión puede facilitar el trabajo de alguien.
Una acción puede permitir que otro participe.
Un material puede compartirse.
Un problema puede resolverse colectivamente.
Una persona puede necesitar apoyo hoy y ofrecerlo mañana.
Quizá por eso la frase del juego resulta tan interesante:
“Por mí y por todos mis compañeros”.
No elimina el “por mí”.
Lo amplía.
Nos recuerda que el bienestar propio y el bienestar de quienes nos rodean no siempre tienen que competir.
La educación para la solidaridad puede comenzar justamente ahí:
no enseñando a niñas y niños que deben convertirse en pequeños héroes que resuelvan los problemas de todos, sino ayudándoles a descubrir que formar parte de una comunidad también significa aprender a mirar cuándo podemos actuar juntos.
La ficha termina.
El mural eventualmente se retira.
Pero queda una pregunta que puede acompañar la vida cotidiana del grupo:
¿qué podemos hacer, por nosotros y por los demás, para que este sea un lugar en el que todos podamos participar y convivir mejor?
Apuntes para el personal docente.
La atención a la diversidad en la escuela ha ido avanzando poco a poco, desde su consideración como enseñanza individualizada y su asociación con la atención al alumnado con dificultades, hasta considerarla de importancia capital para la construcción de una sociedad democrática, tolerante y plural. El desarrollo educativo de valores como la aceptación y el respeto de las diferencias individuales, la solidaridad, la colaboración, la tolerancia o la resolución de conflictos se situaría en esta perspectiva; también tienen cabida las relaciones que se pueden hacer con el término equidad o con las variadas significaciones que se pueden dar al término de igualdad de oportunidades. (Serrano, s/a)
La escuela es el espacio en el que convive la diversidad de estudiantes y en donde se forman en una cultura de aprecio a las diferencias, capaz de contrarrestar las prácticas discriminatorias.
Por ello, atender a la diversidad en la escuela es una invitación a reconocer la riqueza que propicia la diferencia. Lejos de homogeneizar a los integrantes de un grupo, se trata de reconocer y valorar las diferencias para apreciarlas y aprender a respetarlas.
Atender a la diversidad significa, para un docente, respetar los diferentes ritmos de aprendizaje, la procedencia de las niñas y los niños, así como sus creencias religiosas, sus preferencias y sus posibles discapacidades. Es tarea del personal docente garantizar el respeto, la tolerancia y la igualdad de oportunidades de todo su alumnado.




