Las apariencias engañan: actividad para trabajar diversidad y discriminación en preescolar
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Juzgar a una persona por cómo se ve puede parecer algo lejano en preescolar, pero niñas y niños ya observan diferencias y construyen interpretaciones sobre ellas. Esta actividad ayuda a comenzar a cuestionar esas primeras impresiones desde la convivencia.
Actualizado 09/09/26
Hablar de las apariencias también es hablar de convivencia
“Es feo”.
“Parece malo”.
“Ella no puede jugar porque es pequeña”.
“Él tiene ropa diferente”.
“Su piel es más oscura”.
Las niñas y los niños observan.
Comparan.
Preguntan.
Nombran diferencias.
Y poco a poco comienzan también a construir interpretaciones sobre las personas que encuentran a su alrededor.
Eso forma parte de su proceso de conocimiento del mundo.
El problema aparece cuando una diferencia comienza a convertirse en una valoración:
“es diferente, por lo tanto es menos”.
Ahí podemos comenzar a encontrar algunas de las raíces de los prejuicios y de determinadas formas de discriminación.
La Ficha 23. Las apariencias engañan, incluida en el Fichero de actividades didácticas para promover la cultura de paz en y desde nuestra escuela de la Secretaría de Educación Pública, utiliza una experiencia sencilla para abrir esa conversación desde preescolar.
La ficha parte de algo cotidiano: preparar unas bolitas de chocolate cuya apariencia final no necesariamente permite reconocer todo lo que contienen. A partir de ahí propone trasladar la pregunta hacia las personas:
¿podemos saber realmente cómo es alguien solamente por cómo se ve?
¿Qué trabaja la actividad Las apariencias engañan?
Las apariencias engañan es una actividad de preescolar para trabajar valoración de la diversidad y prevención de la discriminación, ayudando a niñas y niños a reconocer que la apariencia de una persona no permite conocer completamente quién es, qué piensa, qué siente o qué puede hacer.
El propósito señalado en la ficha es que niñas y niños:
respeten y valoren las diferencias que existen entre las personas como una forma de evitar conductas discriminatorias.
Esto permite trabajar varias ideas importantes:
- reconocer diferencias sin convertirlas en jerarquías;
- evitar conclusiones apresuradas sobre otras personas;
- cuestionar expresiones como “bonito”, “feo”, “raro” o “normal” cuando se utilizan para valorar a alguien;
- aprender a conocer antes de juzgar;
- y construir relaciones donde las características personales no determinen quién merece participar o ser aceptado.
La intención no debería ser enseñar que “las apariencias no importan”.
Las características visibles forman parte de nuestra identidad.
Lo que necesitamos cuestionar es otra cosa:
que a partir de una característica visible atribuyamos automáticamente capacidades, personalidad, valor o derechos a una persona.
¿Por qué trabajar las primeras impresiones desde preescolar?
La propia ficha señala que niñas y niños de preescolar comienzan a observar y señalar diferencias entre las personas y que determinadas conductas discriminatorias pueden aprenderse mediante lo que ven y escuchan en la familia, el entorno social y los medios de comunicación.
Por eso no necesitamos esperar a que aparezca un conflicto grave para hablar de diversidad.
Podemos intervenir cuando escuchamos expresiones como:
“parece niña”;
“los que se visten así son…”;
“él no sabe porque…”;
“ella es bonita porque tiene…”;
“yo no quiero jugar con él porque se ve…”.
No todas estas expresiones tienen necesariamente intención de dañar.
Muchas veces son intentos infantiles de organizar el mundo.
Precisamente por eso necesitan conversación.
En lugar de responder inmediatamente:
“Eso está mal”.
podemos preguntar:
¿Por qué piensas eso?
¿Cómo podemos saberlo?
¿Lo conocemos suficientemente?
¿Todas las personas que se ven así son iguales?
La pregunta abre pensamiento.
La reprimenda, muchas veces, solamente cierra la conversación.
Materiales para realizar Las apariencias engañan
La actividad principal propone preparar bolitas de chocolate.
La receta del fichero utiliza:
- 10 bizcochos;
- 5 cucharadas de leche condensada;
- 100 gramos de chocolate sin leche;
- y algún ingrediente para cubrir las bolitas, como chispas de chocolate, coco rallado, azúcar glass o galleta molida.
Para la primera variante se utiliza el cuento El patito feo.
La ficha plantea aproximadamente 30 minutos para su desarrollo.
Aquí conviene considerar las condiciones reales del grupo.
Si preparar alimentos no es viable por:
- alergias;
- restricciones alimentarias;
- organización escolar;
- higiene;
- disponibilidad de materiales;
- o tiempo,
la idea pedagógica puede conservarse utilizando otro objeto o alimento cuya apariencia no permita anticipar fácilmente lo que contiene.
El centro no está en la receta.
Está en la comparación que permite construir.
Cómo realizar la actividad Las apariencias engañan
1. Presenta la receta
La ficha propone escribir previamente la receta en el pizarrón o en un cartel y organizar al grupo en equipos para preparar las bolitas de chocolate.
Puedes mostrar primero los ingredientes.
Preguntar:
¿Qué creen que vamos a preparar?
¿Cómo imaginan que se verá al final?
Deja que aparezcan hipótesis.
No necesitamos corregirlas inmediatamente.
La actividad gana sentido precisamente porque las expectativas pueden contrastarse después con el resultado.
2. Preparen las bolitas de chocolate
La receta oficial indica triturar los bizcochos, mezclarlos con chocolate y leche condensada, formar una pasta, dejarla endurecer y finalmente hacer pequeñas bolitas que pueden cubrirse con distintos ingredientes.
Mientras trabajan, podemos aprovechar para preguntar:
¿Todas las bolitas están quedando iguales?
¿Todas contienen lo mismo aunque se vean distintas?
¿Podrían verse iguales y tener alguna diferencia?
No hace falta convertir cada paso en una reflexión.
Deja que primero exista la experiencia.
Después tendremos tiempo de interpretarla.
3. Observen el resultado
Cuando terminen, la ficha propone preguntar si el postre les parecería apetitoso si no supieran cómo fue preparado ni qué ingredientes contiene.
Esta pregunta funciona como puente.
Una bolita puede verse de una manera y contener algo que no imaginábamos.
Un pastel puede parecer de limón y ser de vainilla.
Un chocolate blanco puede contener fresas o cacahuates.
La ficha utiliza estos ejemplos para introducir la idea de que las apariencias pueden llevarnos a conclusiones equivocadas.
4. Pasen de los alimentos a las personas
Aquí se encuentra el momento pedagógico central.
Podemos preguntar:
¿Nos pasa alguna vez algo parecido con las personas?
¿Podemos saber cómo es alguien solamente con mirarlo?
¿Podemos saber si será buen amigo por su ropa?
¿Podemos saber qué cosas sabe hacer por su apariencia?
¿Podemos saber qué le gusta?
¿Cómo podemos conocer mejor a una persona?
La ficha propone justamente conversar primero con las personas antes de construir una idea sobre cómo son.
Aquí podemos profundizar algo más.
Conocer a una persona tampoco significa descubrir “cómo es en realidad” de una vez y para siempre.
Las personas somos más complejas.
Podemos actuar diferente según:
- el contexto;
- cómo nos sentimos;
- con quién estamos;
- lo que estamos aprendiendo;
- o lo que estamos viviendo.
Por eso quizá una frase útil para niñas y niños sea:
“Una sola cosa que vemos de alguien no nos cuenta toda su historia.”
Apariencia, prejuicio y discriminación: ¿cómo explicarlo en preescolar?
No necesitamos dar una clase teórica sobre discriminación.
Podemos trabajarla desde situaciones comprensibles.
Por ejemplo:
A una niña no la dejan jugar porque dicen que “parece muy pequeña”.
Podemos preguntar:
¿Saben realmente si puede jugar?
¿Qué podrían hacer antes de decidir?
Otro ejemplo:
Un niño llega con ropa diferente a la que usa la mayoría y algunos compañeros dicen que “se ve raro”.
Preguntamos:
¿Que algo sea diferente significa que está mal?
¿Cómo se sentiría si nadie quisiera acercarse por su ropa?
Podemos definirlo de forma sencilla:
Discriminar significa tratar peor, excluir o limitar a una persona por alguna característica, como su apariencia, origen, discapacidad, forma de hablar, género, situación económica u otras diferencias.
Si necesitas profundizar posteriormente en este tema, puedes consultar Cómo prevenir la discriminación en el aula, donde se aborda la discriminación como un proceso que requiere observar, intervenir y dar seguimiento a la convivencia, no solamente realizar actividades aisladas.
Primera variante: El patito feo
La primera variante de la ficha utiliza El patito feo.
Después de escuchar la historia, la SEP propone reconstruirla mediante un juego de “Verdad o mentira” y conversar a partir de preguntas como:
¿Qué fue lo que más les gustó?
¿Qué fue lo que no les gustó?
¿Qué podemos aprender de la historia?
¿Qué significa “feo”?
¿Si alguien es diferente entonces es feo?
¿Si alguien es diferente entonces es guapo?
Esta última parte ofrece una oportunidad muy interesante.
No sustituir “feo” por “bonito”
Podemos caer fácilmente en una solución como:
“No debemos decir que alguien es feo; todos somos bonitos”.
La intención es positiva.
Pero seguimos organizando la conversación alrededor de la apariencia.
Podemos avanzar un poco más.
Preguntar:
¿Una persona necesita ser bonita para merecer respeto?
La respuesta debería ser no.
Una persona merece dignidad y buen trato independientemente de si alguien la considera:
bonita;
fea;
alta;
baja;
delgada;
gorda;
con determinada ropa;
con determinado color de piel.
Esto permite desplazar la conversación desde:
“todos somos bonitos”
hacia:
“todas las personas merecemos respeto”.
Esa diferencia parece pequeña, pero pedagógicamente es importante.
¿Qué observar al trabajar El patito feo?
Escucha las explicaciones del grupo.
Puede aparecer que “feo” significa:
- diferente;
- extraño;
- desagradable;
- no parecerse a los demás;
- o no cumplir determinada expectativa estética.
No necesitamos corregir inmediatamente todas las respuestas.
Primero necesitamos comprender qué significados están circulando.
Porque las palabras infantiles pueden mostrarnos ideas que ya forman parte de la cultura del grupo.
Segunda variante: El círculo del reconocimiento
La segunda variante propuesta por la ficha es El círculo del reconocimiento.
Una niña o niño se coloca en el centro y dos o tres compañeros expresan cualidades positivas que reconocen en esa persona.
La ficha ofrece ejemplos como:
- ser buena compañera;
- compartir materiales;
- saludar;
- ayudar a otras personas;
- colorear bien;
- sonreír;
- o mostrar alguna habilidad.
Además, propone repetir la experiencia una o dos veces al mes para observar cómo aparecen nuevas cualidades conforme el grupo se conoce mejor.
Esta variante permite hacer algo interesante:
desplazar la mirada desde lo visible hacia lo relacional.
No solamente:
“tiene cabello bonito”.
También:
“me ayuda”;
“escucha”;
“inventa juegos”;
“comparte”;
“cuenta historias”;
“me hace reír”;
“aprendió algo nuevo”.
Cuidado con convertir el reconocimiento en comparación
Aquí conviene vigilar una tensión.
Queremos reconocer cualidades.
Pero no construir un ranking.
Evitar expresiones como:
“Ella es la más amable”.
“Él es el mejor dibujando”.
Podemos decir:
“Reconozco que…”
Eso permite valorar sin convertir las cualidades en competencia.
También es importante que todas las niñas y niños reciban reconocimiento.
Si siempre aparecen muchas cualidades para algunas personas y cuesta encontrarlas para otras, esa dificultad también nos está diciendo algo sobre las relaciones del grupo.
¿Qué podemos observar durante Las apariencias engañan?
Además de realizar la actividad, podemos utilizarla para leer lo que está ocurriendo en nuestra aula.
Qué diferencias llaman la atención del grupo
¿Hablan principalmente de:
- cuerpo;
- ropa;
- color de piel;
- discapacidad;
- género;
- lenguaje;
- situación económica?
Esto puede revelar qué características tienen mayor carga simbólica dentro del grupo.
Qué palabras utilizan para nombrarlas
¿Aparecen palabras como:
“raro”;
“normal”;
“bonito”;
“feo”;
“pobre”;
“rico”;
“niña”;
“niño”;
“malo”?
No todas expresan necesariamente discriminación.
Pero sí pueden convertirse en pistas.
Cómo reaccionan cuando alguien es diferente
¿Preguntan?
¿Se acercan?
¿Evitan?
¿Se burlan?
¿Intentan corregir?
¿Sienten curiosidad?
Qué personas reciben más reconocimiento
Durante el círculo podemos observar:
¿quién es nombrado frecuentemente?
¿quién pasa inadvertido?
¿qué cualidades valora más el grupo?
La actividad puede convertirse entonces en una pequeña lectura de la convivencia.
Las apariencias no producen discriminación por sí solas
Aquí conviene hacer una precisión importante.
No discriminamos simplemente porque vemos diferencias.
La diferencia forma parte de la vida humana.
El problema aparece cuando culturalmente asociamos determinadas características con:
menos valor;
menos capacidad;
menos inteligencia;
menos belleza;
menos derecho a participar;
o determinadas expectativas.
Por eso la frase “las apariencias engañan” es útil como punto de partida, pero podemos ampliarla.
No se trata solamente de que alguien “parezca una cosa y sea otra”.
Se trata de comprender que:
una característica nunca debería convertirse automáticamente en una explicación completa sobre una persona.
Este enfoque conecta directamente con la valoración de la diversidad en el aula, donde la diferencia puede abordarse no como problema, sino como parte de la vida cotidiana de cualquier grupo.
Del prejuicio a la discriminación
Con niñas y niños mayores dentro del preescolar podemos explorar una secuencia muy sencilla.
Veo algo.
“Su ropa es diferente”.
Después aparece una interpretación:
Pienso algo.
“Seguro no sabe jugar”.
Y finalmente una acción:
Hago algo.
“No lo dejo entrar al juego”.
La diferencia estaba en la ropa.
La exclusión apareció en la interpretación y en la acción.
Esta distinción ayuda a que niñas y niños comprendan que observar diferencias no es algo malo.
Lo importante es qué hacemos con ellas.
Errores que conviene evitar al aplicar esta ficha
Convertir la actividad en “no juzgues a nadie”
Puede convertirse en una frase moral demasiado abstracta.
Funciona mejor explorar situaciones concretas.
Enseñar que la apariencia no importa
Sí importa.
Forma parte de cómo las personas construyen identidad y de cómo socialmente somos interpretados.
Lo que necesitamos enseñar es que la apariencia no determina el valor de una persona.
Evitar preguntas infantiles por incomodidad
La ficha propone expresamente que las familias no respondan “eso no se pregunta” cuando niñas y niños manifiestan curiosidad sobre diferencias humanas.
Silenciar la pregunta no elimina la interpretación.
Solo hace que se construya en otro lugar.
Reforzar estereotipos mientras intentamos combatirlos
Por ejemplo:
“Aunque tenga la piel oscura, es buena persona”.
La estructura sigue presentando la característica como si necesitara ser compensada.
Podemos decir simplemente:
“El color de piel no nos dice cómo es una persona”.
Exponer a un estudiante como ejemplo
No utilices a una niña o niño del grupo para decir:
“Miren, él es diferente porque…”
Podemos trabajar ejemplos sin convertir la identidad de alguien en material didáctico.
Quedarnos con la receta
Las bolitas de chocolate pueden resultar memorables.
Pero si el grupo recuerda únicamente que cocinó, la intención pedagógica se pierde.
Necesitamos reservar tiempo para conversar.
Cómo continuar la actividad con las familias
La ficha propone algo especialmente valioso: cuando niñas y niños pregunten sobre diferencias humanas, recomienda a las familias no inhibir la curiosidad.
Por ejemplo, si preguntan por qué alguien tiene un tono de piel diferente, se propone aprovechar la conversación para reconocer que incluso dentro de una misma familia pueden existir distintos tonos.
Esta orientación puede ampliarse.
Podemos compartir con las familias una idea:
la pregunta no es necesariamente el problema; la respuesta adulta puede enseñar prejuicio o apertura.
Si una niña pregunta:
“¿Por qué ese señor camina diferente?”
En lugar de:
“No mires”.
Podemos responder, de acuerdo con lo que realmente sabemos:
“Las personas se desplazan de distintas maneras. No sabemos por qué él camina así.”
La respuesta reconoce la diferencia sin inventar una historia ni convertirla en juicio.
La ficha también sugiere elaborar materiales informativos sobre discriminación y compartirlos con la comunidad.
De la actividad a la convivencia cotidiana
Podemos hacer una excelente sesión sobre diversidad y al día siguiente seguir escuchando:
“él no porque juega mal”;
“ella no porque habla raro”;
“con él no porque…”
Ahí comienza la parte más importante.
La prevención de la discriminación no ocurre únicamente durante una ficha.
También aparece cuando el docente:
- organiza equipos;
- interviene en una burla;
- cuestiona una etiqueta;
- abre espacios de participación;
- escucha cómo se nombran las diferencias;
- revisa sus propias expectativas;
- y evita convertir determinados rasgos en explicaciones automáticas sobre sus estudiantes.
La propia serie del fichero está diseñada para trabajar cultura de paz mediante actividades que pueden adaptarse al contexto del grupo, no como recetas rígidas.
Por eso puede ser útil volver a la página general de la Serie Fichero de actividades de cultura de paz SEP para conectar esta ficha con otras experiencias de valoración de la diversidad.
Una conexión con las fichas anteriores
La secuencia que forman las fichas 21, 22 y 23 puede aprovecharse como una pequeña ruta pedagógica.
En Hablemos de las nubes comenzamos reconociendo que las diferencias forman parte de cualquier grupo.
En Gallinita ciega podemos reflexionar sobre cómo las condiciones y los apoyos influyen en la posibilidad de participar.
Y con Las apariencias engañan damos otro paso:
cómo interpretamos esas diferencias y qué ocurre cuando nuestras interpretaciones comienzan a producir prejuicios o exclusión.
Así las fichas dejan de ser dinámicas independientes.
Comienzan a construir una progresión:
reconocer la diferencia → favorecer la participación → cuestionar el prejuicio.
Este ecosistema educativo se mantiene gracias a la comunidad.
Si te ha servido, puedes contribuir a que continúe.
Preguntas para reflexionar sobre la práctica
- ¿Qué diferencias suelen señalar con mayor frecuencia las niñas y los niños de mi grupo?
- ¿Cómo reacciono cuando hacen una pregunta incómoda sobre otra persona?
- ¿Qué expresiones sobre apariencia escucho dentro del aula?
- ¿Qué ideas podrían haber aprendido fuera de la escuela?
- ¿Estoy corrigiendo únicamente las palabras o ayudando a comprender lo que hay detrás de ellas?
- ¿Qué estudiantes son etiquetados con mayor frecuencia?
- ¿Qué expectativas construimos a partir de la apariencia, el comportamiento o las condiciones familiares?
- ¿Qué personas reciben más reconocimiento dentro del grupo?
- ¿Quiénes pasan más fácilmente inadvertidos?
- ¿Cómo podemos seguir trabajando estas ideas después de terminar la ficha?
Reflexión final: conocer a alguien requiere más que mirarlo
Mirar es inevitable.
Las personas vemos diferencias.
Niñas y niños también.
El problema no está necesariamente en notar que alguien tiene:
otro color de piel;
otra forma de vestir;
otro cuerpo;
otra manera de hablar;
otra cultura;
otra condición.
El problema comienza cuando esa diferencia se convierte rápidamente en una conclusión.
Cuando creemos saber quién es alguien sin conocerlo.
Cuando una característica sustituye a toda la persona.
Cuando una apariencia determina quién puede jugar, quién sabe, quién pertenece o quién merece ser escuchado.
Por eso quizá el aprendizaje más profundo de Las apariencias engañan no sea simplemente enseñar:
“No juzgues por las apariencias”.
Podemos construir algo más complejo desde preescolar:
una persona siempre es más que aquello que podemos observar a primera vista.
Conocer implica:
escuchar;
convivir;
preguntar;
compartir experiencias;
y permitir que nuestras primeras interpretaciones puedan cambiar.
La receta puede abrir la conversación.
El cuento puede ayudar a pensarla.
El círculo puede ayudarnos a reconocernos.
Pero el verdadero aprendizaje aparecerá cuando, en la convivencia cotidiana, niñas y niños comiencen a preguntarse antes de excluir:
¿realmente conozco a esta persona o solamente estoy suponiendo algo sobre ella?
Apuntes para el personal docente.
La atención a la diversidad en la escuela ha ido avanzando poco a poco, desde su consideración como enseñanza individualizada y su asociación con la atención al alumnado con dificultades, hasta considerarla de importancia capital para la construcción de una sociedad democrática, tolerante y plural. El desarrollo educativo de valores como la aceptación y el respeto de las diferencias individuales, la solidaridad, la colaboración, la tolerancia o la resolución de conflictos se situaría en esta perspectiva; también tienen cabida las relaciones que se pueden hacer con el término equidad o con las variadas significaciones que se pueden dar al término de igualdad de oportunidades. (Serrano, s/a)
La escuela es el espacio en el que convive la diversidad de estudiantes y en donde se forman en una cultura de aprecio a las diferencias, capaz de contrarrestar las prácticas discriminatorias.
Por ello, atender a la diversidad en la escuela es una invitación a reconocer la riqueza que propicia la diferencia. Lejos de homogeneizar a los integrantes de un grupo, se trata de reconocer y valorar las diferencias para apreciarlas y aprender a respetarlas.
Atender a la diversidad significa, para un docente, respetar los diferentes ritmos de aprendizaje, la procedencia de las niñas y los niños, así como sus creencias religiosas, sus preferencias y sus posibles discapacidades. Es tarea del personal docente garantizar el respeto, la tolerancia y la igualdad de oportunidades de todo su alumnado.




