Gallinita ciega: actividad para trabajar empatía, discapacidad e inclusión en preescolar
Inicio » Recursos prácticos » Disciplina e inclusión en el aula » Gallinita ciega: actividad para trabajar empatía, discapacidad e inclusión en preescolar
El juego de la gallinita ciega puede abrir una conversación sobre discapacidad e inclusión, pero su mayor aprendizaje no está en “sentir lo que siente una persona ciega”, sino en descubrir cómo los apoyos y las condiciones del entorno pueden facilitar o limitar la participación.
Actualizado 09/09/26
Una actividad conocida que puede ayudarnos a hablar de inclusión
Muchas niñas y niños conocen el juego de la gallinita ciega.
Una persona se cubre los ojos.
El resto del grupo se mueve alrededor.
Quien tiene los ojos vendados intenta orientarse mediante voces, sonidos, contacto y referencias distintas a la vista.
A primera vista parece simplemente un juego tradicional.
Pero la Ficha 22. Gallinita ciega, incluida en el Fichero de actividades didácticas para promover la cultura de paz en y desde nuestra escuela de la Secretaría de Educación Pública, utiliza esta experiencia como punto de partida para hablar sobre empatía, discapacidad, ayuda y participación.
La ficha pertenece a la línea temática Reconocimiento y valoración de la diversidad, está dirigida a educación preescolar y plantea aproximadamente 30 minutos para su desarrollo.
Sin embargo, como ocurre con muchas actividades sobre inclusión, su sentido depende enormemente de cómo conduzcamos la conversación posterior.
Porque podemos quedarnos con una conclusión muy simple:
“Debe ser muy difícil no poder ver”.
O podemos avanzar hacia una pregunta pedagógicamente más interesante:
¿qué condiciones podemos construir para que todas las personas puedan participar?
Ahí comienza realmente el trabajo sobre inclusión.
¿Qué trabaja la ficha Gallinita ciega?
Gallinita ciega es una actividad para preescolar que utiliza el juego y la reflexión para favorecer la empatía, reconocer que algunas personas necesitan determinados apoyos y analizar cómo podemos construir condiciones que permitan la participación de niñas y niños con discapacidad.
El propósito establecido en la ficha es que niñas y niños muestren empatía al reconocer cuándo alguien necesita ayuda y la proporcionen, especialmente a personas con alguna discapacidad.
La intención educativa no termina, por tanto, en utilizar un pañuelo.
Busca comenzar a construir preguntas sobre:
- ayuda;
- participación;
- accesibilidad;
- convivencia;
- discapacidad;
- empatía;
- y condiciones escolares.
Esto permite conectar la ficha con una mirada más amplia sobre inclusión educativa.
Antes de realizar la actividad: una precisión importante sobre discapacidad
Aquí conviene ampliar la ficha.
Cubrirse los ojos durante algunos minutos no equivale a experimentar lo que significa vivir con ceguera o baja visión.
Una persona ciega desarrolla conocimientos, estrategias de orientación, formas de comunicación, autonomía y maneras de relacionarse con el entorno que no pueden reproducirse mediante un juego breve.
Por eso evitaría presentar la actividad diciendo:
“Hoy vamos a saber qué se siente ser ciego”.
Una formulación más cuidadosa podría ser:
“Hoy vamos a realizar una actividad en la que no podremos utilizar la vista durante unos minutos. Después pensaremos qué información necesitamos para orientarnos y qué condiciones pueden facilitar que diferentes personas participen.”
Ese pequeño cambio modifica la intención.
Pasamos de intentar simular una discapacidad a analizar:
información + apoyos + entorno + participación.
Esto es especialmente relevante porque la propia ficha busca que el grupo reflexione sobre las condiciones necesarias para que niñas y niños con discapacidad puedan participar.
Materiales para realizar Gallinita ciega
La ficha requiere pocos recursos:
- un pañuelo o venda para cubrir los ojos;
- un espacio interior o exterior;
- y suficiente espacio para que niñas y niños puedan desplazarse.
La SEP señala expresamente que el lugar debe estar libre de desniveles u obstáculos con los que las y los participantes puedan tropezar.
Esta indicación puede parecer únicamente de seguridad, pero también introduce una idea importante para el tema que estamos trabajando:
el entorno importa.
Una persona puede realizar una actividad con mayor o menor autonomía dependiendo de cómo esté organizado el espacio.
Cómo realizar la actividad Gallinita ciega
1. Prepara el espacio
Antes de comenzar, revisa el lugar donde se desarrollará el juego.
Retira:
- sillas;
- mochilas;
- objetos en el suelo;
- materiales que puedan provocar tropiezos;
- o cualquier obstáculo innecesario.
También conviene explicar al grupo que el propósito no es correr ni hacer más difícil el desplazamiento de quien tiene los ojos cubiertos.
Queremos generar una experiencia segura que posteriormente podamos analizar.
2. Elijan a la primera “gallinita ciega”
La ficha propone que el grupo elija a una niña o niño que comenzará realizando el papel de “gallinita”.
La persona se coloca el pañuelo de manera que no pueda utilizar la vista.
Aquí introduciría una regla adicional:
la participación debería ser voluntaria.
Si alguna niña o niño se siente inseguro o no desea cubrirse los ojos, no necesitamos obligarlo para que “aprenda empatía”.
Puede participar desde otro lugar:
guiando;
observando;
dando referencias;
o ayudando a organizar el espacio.
La inclusión también se enseña mediante la manera en que conducimos la propia actividad.
3. Comienza el juego
La ficha propone que la gallinita dé tres vueltas y posteriormente intente localizar a sus compañeros guiándose por sus voces.
El grupo puede utilizar la conocida frase:
Gallinita ciega, ¿qué se te ha perdido?
Una aguja y un dedal…
Después comienza la búsqueda.
Cuando la gallinita encuentra a alguien, los papeles pueden intercambiarse.
Pero aquí tenemos una oportunidad pedagógica interesante.
No observes solamente si logran atraparse.
Observa también:
¿Qué estrategias desarrolla quien no puede utilizar la vista?
¿Escucha?
¿Extiende las manos?
¿Pregunta?
¿Busca sonidos?
¿Se desplaza lentamente?
¿Pide ayuda?
Y observa al resto:
¿Cómo responden los compañeros?
¿Orientan?
¿Confunden intencionalmente?
¿Se burlan?
¿Ayudan demasiado?
¿Preguntan antes de intervenir?
Estas interacciones pueden ofrecer mucho más material para la reflexión que el resultado del juego.
4. Detén el juego y conversa
La ficha propone detener la dinámica cuando exista suficiente experiencia para comenzar a reflexionar sobre discapacidad y sobre la importancia de considerar la perspectiva de otras personas.
Entre sus preguntas aparecen:
¿Cómo se sintieron al tener los ojos tapados?
¿Conocen a alguna persona ciega o con dificultad para ver?
¿Cómo se comportan con ella?
Podemos conservarlas y ampliar la conversación.
Preguntas adicionales
¿Qué les ayudó a orientarse?
¿Qué hizo más difícil moverse?
¿Cómo sabían dónde estaban sus compañeros?
¿Qué información podían obtener sin utilizar la vista?
¿Qué hacían los demás que realmente ayudaba?
¿Alguna ayuda podía hacer más difícil la actividad?
¿Qué podríamos modificar en el espacio para facilitar el desplazamiento?
Estas preguntas desplazan lentamente la conversación desde:
“qué difícil fue”
hacia:
“qué condiciones hicieron posible o dificultaron participar”.
Y ese cambio es central para hablar de inclusión.
Empatía no significa imaginar exactamente lo que siente otra persona
Los apuntes docentes de la ficha presentan la empatía como la capacidad de comprender a otra persona mediante la observación, escucha y reconocimiento de sus ideas, necesidades y deseos.
Podemos ampliar esa idea.
A veces enseñamos empatía mediante una frase conocida:
“Ponte en sus zapatos”.
Puede ser útil.
Pero tiene un límite.
No siempre podemos saber exactamente qué siente otra persona.
Especialmente cuando sus experiencias son diferentes a las nuestras.
Por eso la empatía también puede significar:
escuchar antes de asumir;
preguntar antes de ayudar;
reconocer lo que la otra persona expresa;
y evitar decidir automáticamente qué necesita.
Esta idea es especialmente importante cuando hablamos de discapacidad.
No toda persona necesita la misma ayuda.
Y ayudar tampoco significa sustituir su autonomía.
De “ayudar al que no puede” a construir condiciones para participar
Hay otra transición que me parece importante trabajar con esta ficha.
Si no tenemos cuidado, niñas y niños pueden terminar construyendo una imagen como:
“Las personas con discapacidad no pueden hacer cosas y nosotros debemos ayudarlas”.
La ficha ofrece la posibilidad de construir una comprensión diferente.
Una persona puede participar cuando existen condiciones adecuadas.
Durante el juego, por ejemplo, quien tenía los ojos vendados podía localizar a sus compañeros porque:
- escuchaba sus voces;
- utilizaba el tacto;
- recibía referencias;
- y se encontraba en un espacio organizado para desplazarse.
El cierre oficial de la actividad justamente invita a reconocer que niñas y niños con discapacidad pueden participar cuando se generan las condiciones necesarias.
Podemos expresarlo de manera sencilla al grupo:
A veces una persona no necesita que hagamos las cosas por ella. Necesita que el espacio, los materiales o nuestra manera de comunicarnos le permitan participar.
Esta idea conecta directamente con el trabajo sobre [Barreras para el Aprendizaje y la Participación]. Instrumento para identificar las BAP
Observar la escuela: ¿todas las personas pueden participar?
La ficha propone llevar la conversación fuera del juego y analizar si la escuela cuenta con condiciones para que personas ciegas o con baja visión puedan desplazarse y convivir en ella.
Esta parte me parece especialmente potente porque podemos convertirla en una pequeña lectura de la realidad escolar.
Podemos recorrer algunos espacios y preguntar:
¿Cómo sabemos dónde termina este pasillo?
¿Cómo encontramos nuestro salón?
¿Qué información utilizamos normalmente porque podemos verla?
¿Existen obstáculos?
¿Cómo podría orientarse una persona que utiliza otra información?
¿Qué podríamos cambiar?
No necesitamos que niñas y niños diseñen técnicamente una escuela accesible.
La intención es comenzar a comprender que la participación también depende del entorno.
Primera variante: reconocer mediante el tacto
La primera variante mantiene las reglas del juego, pero aumenta la complejidad.
Cuando la gallinita atrapa a una compañera o compañero, debe intentar reconocer quién es sin retirar el antifaz y utilizando el tacto. Si logra identificarlo, pueden intercambiar los papeles.
Pedagógicamente, podemos aprovecharla para preguntar:
¿Qué características utilizamos normalmente para reconocer a alguien?
¿Qué información obtenemos mediante la voz?
¿Y mediante el tacto?
¿Qué otros sentidos utilizamos para conocer nuestro entorno?
Aquí conviene establecer límites claros sobre el contacto físico y asegurarnos de que todas las personas se sientan cómodas.
Segunda variante: cambiar las pistas habituales
En la segunda variante, la gallinita deja temporalmente el espacio mientras algunas niñas y niños modifican objetos o características que facilitan su identificación, como lentes o peinados.
Después debe intentar reconocer nuevamente a sus compañeros.
Esta variante puede abrir otra conversación:
¿Reconocemos a las personas solamente por cómo se ven?
Una persona tiene:
nombre;
voz;
gustos;
formas de hablar;
experiencias;
relaciones;
ideas;
emociones;
y muchas otras características.
Esto conecta muy bien con la ficha anterior de la serie, Hablemos de las nubes, donde comenzamos a trabajar el reconocimiento y valoración de las diferencias.
Qué podemos observar durante la actividad
La ficha puede convertirse también en una oportunidad para leer las relaciones del grupo.
Cómo se ofrece la ayuda
¿Las niñas y niños preguntan antes de ayudar?
¿Toman físicamente a la persona sin avisarle?
¿Dan instrucciones?
¿Hablan todas y todos al mismo tiempo?
Cómo reaccionan ante la dificultad
¿Se ríen?
¿Se impacientan?
¿Esperan?
¿Intentan facilitar la participación?
Qué entienden por discapacidad
Escucha las expresiones que aparecen.
Pueden surgir:
ideas previas;
dudas;
estereotipos;
miedos;
experiencias familiares;
o interpretaciones que vale la pena explorar.
Quién puede participar
También podemos preguntarnos:
¿Nuestra propia adaptación del juego permite participar a todos los integrantes del grupo?
Esta última pregunta es especialmente importante.
No tendría mucho sentido realizar una actividad sobre inclusión de una manera que excluya a alguien del propio grupo.
Errores que conviene evitar al aplicar Gallinita ciega
Decir que ahora “saben cómo se siente una persona ciega”
No lo sabemos.
La experiencia únicamente permite explorar durante unos minutos qué sucede cuando dejamos de utilizar la vista dentro de una situación diseñada.
Podemos aprender sobre orientación, comunicación y apoyos sin afirmar que hemos experimentado la discapacidad.
Convertir la discapacidad en sufrimiento
Si el único aprendizaje es:
“Qué triste no poder ver”.
podemos terminar reforzando una mirada de lástima.
Podemos ampliar la pregunta:
¿Qué puede hacer una persona y qué condiciones necesita para hacerlo?
Enseñar que ayudar siempre significa intervenir
Una ayuda innecesaria también puede limitar la autonomía.
Podemos enseñar una regla sencilla:
antes de ayudar, pregunta si la persona necesita ayuda y cómo puedes hacerlo.
Utilizar a un estudiante con discapacidad como ejemplo
Si existe en el grupo una niña o niño con discapacidad, no necesitamos convertirlo en protagonista obligatorio de la actividad.
No es:
“Miren, como le pasa a nuestro compañero”.
La reflexión debe partir de la experiencia colectiva sin exponer la vida de una persona.
Quedarnos solamente en el juego
La dinámica puede ser divertida.
Pero la intención educativa aparece cuando preguntamos:
¿qué aprendimos sobre participación, ayuda y condiciones del entorno?
¿Cómo trabajar Gallinita ciega con el colectivo docente?
La ficha propone que durante algún momento del Consejo Técnico Escolar el colectivo comparta experiencias relacionadas con la inclusión de niñas o niños ciegos o con otras discapacidades.
También invita a preguntarse si la escuela está generando, de manera permanente, condiciones para evitar que alguien quede excluido.
Podemos ampliar esta conversación mediante preguntas como:
¿Qué barreras hemos identificado realmente en nuestra escuela?
¿Cuáles aparecen en el espacio físico?
¿Cuáles están en nuestras formas de enseñar?
¿Cuáles aparecen en las relaciones?
¿Qué apoyos ofrecemos actualmente?
¿Qué decisiones dependen del docente y cuáles requieren intervención institucional?
¿Estamos esperando que el estudiante se adapte completamente a la escuela o también estamos modificando la escuela para ampliar su participación?
Aquí existe una conexión natural con el trabajo sobre [estrategias de inclusión educativa]. Estrategias de inclusión educativa en primaria
Aunque ese artículo está dirigido especialmente a primaria, los criterios sobre barreras, participación, apoyos y condiciones de enseñanza pueden ayudarnos a ampliar la reflexión profesional.
¿Cómo continuar la actividad con las familias?
La ficha propone que niñas y niños compartan con sus familias algunas acciones que pueden favorecer la relación y participación de personas ciegas o con baja visión.
Entre ellas se menciona la importancia de hablar, presentarse y llamar a la persona por su nombre para que pueda reconocer quién se dirige a ella.
También invita a las familias a recuperar experiencias en las que necesitaron ayuda de otras personas y analizar cómo la consiguieron.
Podemos ampliar la actividad con una pregunta familiar sencilla:
¿Qué cosas existen en nuestra casa, calle, parque o comunidad que facilitan que diferentes personas puedan participar y cuáles podrían dificultarlo?
Así la inclusión deja de ser solamente “un tema de la escuela”.
Comienza a convertirse en una manera de observar nuestros espacios cotidianos.
De Gallinita ciega a una práctica inclusiva cotidiana
La inclusión difícilmente se construye mediante una sola actividad.
Podemos realizar Gallinita ciega y después seguir teniendo prácticas que dificultan la participación.
Por ejemplo:
instrucciones disponibles de una única manera;
espacios con obstáculos;
una sola forma de responder;
materiales poco accesibles;
burlas;
bajas expectativas;
o decisiones tomadas sin escuchar a quienes necesitan determinados apoyos.
Por eso esta ficha puede funcionar como puerta de entrada.
Después necesitamos trasladar la pregunta a la práctica:
¿qué barreras estamos produciendo o manteniendo sin darnos cuenta?
El trabajo sobre las Barreras para el Aprendizaje y la Participación permite precisamente ampliar esta mirada desde dimensiones estructurales, normativas, didácticas y actitudinales. Instrumento para detectar las Barreras para el Aprendizaje y la Participación
Este ecosistema educativo se mantiene gracias a la comunidad.
Si te ha servido, puedes contribuir a que continúe.
Preguntas para reflexionar sobre la práctica
- ¿Qué idea sobre discapacidad podría construir mi grupo después de realizar esta actividad?
- ¿Estoy promoviendo empatía o solamente lástima?
- ¿Qué condiciones facilitaron la participación durante el juego?
- ¿Qué obstáculos aparecieron?
- ¿Cómo reaccionaron las niñas y los niños cuando alguien necesitó apoyo?
- ¿Enseñamos también a preguntar antes de ayudar?
- ¿Qué barreras existen actualmente en nuestro salón o escuela?
- ¿Qué podemos modificar desde nuestra práctica?
- ¿Qué cambios requieren decisiones colectivas?
- ¿Cómo podemos seguir trabajando la inclusión después de terminar la actividad?
Reflexión final: incluir no significa hacer todo por alguien
Quizá uno de los aprendizajes más importantes que puede dejar Gallinita ciega no tenga que ver con descubrir qué se siente al no utilizar la vista.
Tiene que ver con algo más amplio.
Cuando las condiciones cambian, también cambian nuestras posibilidades de participar.
Una voz puede convertirse en una referencia.
Un espacio libre de obstáculos puede favorecer el desplazamiento.
Una explicación diferente puede hacer accesible una actividad.
Un compañero puede ofrecer apoyo.
Una escuela puede modificar sus condiciones.
Y una persona puede desarrollar múltiples formas de participar sin necesitar que los demás hagan todo por ella.
La inclusión comienza a volverse más compleja cuando dejamos de preguntar solamente:
¿qué dificultad tiene esta persona?
y comenzamos a mirar:
¿qué ocurre entre esta persona, la actividad, los apoyos, las relaciones y el entorno?
La ficha Gallinita ciega puede ayudarnos a abrir esa conversación desde preescolar.
Pero su verdadero potencial aparece después del juego.
Cuando empezamos a observar nuestra escuela y preguntarnos:
¿qué necesitamos transformar para que participar no dependa de parecerse a los demás?


